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Steve Jobs, un papá tacaño y maltratador

Steve Jobs, un papá tacaño y maltratador

REVISTA JET-SET

Lisa Brennan-Jobs, la hija que el genio de Apple no quería reconocer, habla en un nuevo libro sobre el orgullo, pero también el inmenso dolor que marcó la relación con su padre.
Foto: Allaboutstevejobs.com.
Por: Revista Jet-set.11/9/2018 11:10:00

Cualquiera diría que ser la hija de uno de los hombres más trascendentales de la historia debe ser una fuente de regocijo permanente, pero Lisa Brennan-Jobs es una muestra de que eso no es así necesariamente. Siete años después de la muerte del hombre que revolcó el planeta con la invención del computador personal, ella destapa cómo ni siquiera en el papel de padre él fue capaz de dejar a un lado la crueldad y la petulancia que siempre hicieron tortuosas sus relaciones.

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Para Jobs, cuenta Lisa, su existencia fue una fuente de vergüenza y sinsabor. “Yo era una mancha en su espectacular ascenso, porque nuestra historia desentonaba en la narrativa de grandeza y virtud que ambicionaba para él”, escribe la periodista y escritora en su libro de memorias Small Fry, que circulará en septiembre.

Foto: The Brosby Group.

La verdad es que las circunstancias de la venida al mundo de Lisa tejieron uno de los pasajes menos presentables en la vida del fundador de Apple. En 1972, años antes de su éxito, estuvo enamorado de Chrisann Brennan, la madre de Lisa, a quien conoció en Cupertino, California, en el colegio donde ambos estudiaban. Tras graduarse, se fueron a vivir juntos en una casa cerca del garaje donde él inició su célebre empresa, en 1976. Chrissan reveló que él se comportaba como un niño malcriado y que la humillaba.

La relación terminó cuando ella estaba embarazada de Lisa. A los pocos días del nacimiento de la bebé, en 1978 en Oregon, Jobs fue a verla y expresó: “Esta no es hija mía”. Aún así, en una muestra de la eterna contradicción que lo definió como padre, participó en la elección del nombre de la niña.

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“Hasta que tuve 2 años, mi madre cubrió los gastos limpiando casas y trabajando como mesera y niñera. Mi padre no nos ayudaba”, cuenta Lisa en su libro. En 1980, un fiscal de California le puso una demanda de paternidad a Steve, a la cual contestó, bajo juramento, que era estéril. Una prueba de ADN demostró la filiación y el juzgado le ordenó una cuota de 350 dólares para manutención, la cual él aumentó a 500. Días más tarde, Apple pasó a ser una empresa pública por acciones y Steve se convertía, de la noche a la mañana, en el dueño de una fortuna de 200 millones de dólares.

Foto: Getty Images.

Lo curioso es que antes del fallo, Jobs había empezado a visitar a Lisa en Menlo Park, cerca de San Francisco. “¿Sabes quién soy?”, le decía, y continuaba: “Soy tu padre, una de las personas más importantes que conocerás”. Para cuando ella tenía 7 años, los encuentros se daban una vez al mes con cierta regularidad. “Durante la hora que pasábamos juntos se sentía un extraño vacío. Él no hablaba mucho. Había unas pausas muy largas (...). A veces, sentía sus ojos sobre mí, pero cuando volteaba a mirarlo, él apartaba de inmediato la mirada”, se lee en un aparte del libro publicado por Vanity Fair.

Para mitigar el escaso afecto que su padre le daba, ella le atribuía cualidades místicas a algunos de sus rasgos, como los vaqueros rotos y, en especial, su carro. “Tengo un secreto”, les contaba a sus amiguitas del colegio. “Mi padre es Steve Jobs”, continuaba, “es famoso (...). Vive en una mansión, maneja un Porsche convertible y cada vez que lo raya se compra uno nuevo”.

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La historia, que Lisa había oído de su madre, le significó un doloroso episodio. “Sabía que él no era generoso con la plata, ni la comida, ni las ideas, pero me pareció que el Porsche podía ser una excepción”, relata. Un día, le preguntó si podía quedarse con el auto cuando ya no lo usara más. “‘¡Absolutamente no!’, me respondió de un modo muy amargo. ‘¡No vas a tener nada! ¿Entiendes? ¡Nada!’. Su voz taladraba mi pecho”.

Foto: Look Press Agency.

Otra vez, quiso saber si había bautizado el computador Lisa en honor a ella. “No. Lo siento, niña”, concluyó él, en tono cínico. Años más tarde, Bono, el cantante de U2, lo volvió a interrogar al respecto en presencia de ella, pero esta vez la respuesta fue sí.

Por fin, cuenta Lisa, tenía un dato que la ligaba de verdad a su padre, pero aún así el lazo nunca pudo estrecharse del todo. Sobre ello, reflexiona: “Decidí que si me comportaba amorosa, como otras hijas, él se uniría al juego y sería el papá indulgente. Pero si hubiera aceptado lo que él era realmente y admitido lo que veía, habría entendido que no iba a prestarse para eso y que fingir le molestaba”.

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Ni a punto de morir, de un agresivo cáncer, Jobs dejó de ser tremendo con su hija, quien para ese momento había enterrado cualquier posibilidad de una verdadera reconciliación. En una de las últimas veces que lo vio, ella se había perfumado más de la cuenta con un spray floral antes de decirle adiós. “Cuando lo abracé, pude sentir sus vértebras y costillas (estaba en los huesos). Olía a rancio. ‘Volveré’, le dije, me aparté y caminé a la puerta. ‘Lis’, me interpeló. ¿Sí?, respondí. ‘Hueles a baño’, fue su despedida”.

Foto: Tomada del libro the Bite In The Apple.

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