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Yo estudie con... Fidel Cano

Yo estudie con... Fidel Cano

Flashback

Mauricio Bayona conoció al director de El Espectador en el Gimnasio Moderno. Estuvieron en el mismo curso sólo cuatro años, pero ese tiempo fue suficiente para convertirse en los amigos incondicionales que son hoy.
Mauricio Bayona y su amigo Fidel Cano.
Por: Edición 1029/12/2014 00:00:00
Aunque Fidel es un año menor, la poca dedicación de Mauricio para el estudio hizo que perdiera primero de bachillerato y fue entonces que quedaron en el mismo curso.

Desde ese momento se convirtieron en grandes amigos, y además de compartir tiempo en el salón de clases, decidieron participar juntos en las diferentes actividades extracurriculares que ofrecía el colegio. Ambos hicieron parte del equipo de fútbol, en donde Fidel era defensa, mientras que Mauricio jugaba como delantero. “Pese a su peso, Fidel jugaba muy bien”, cuenta Mauricio.

Cuando acabaron cuarto de bachillerato, Mauricio volvió a perder el año, pero como él mismo dice “ya tenía los amigos de la vida definidos”, así que la relación continuó igual de fuerte.

Aunque las tareas de cada uno eran diferentes, los planes siguieron siendo los mismos. Como era costumbre, los fines de semana se iban a Cristianía, la finca de la familia Cano en El Rosal, y allí esquiaban, jugaban tejo y aprovechaban para tomarse unas cuantas cervezas.

Tras graduarse, y sin ponerse de acuerdo, los dos terminaron estudiando Filosofía y Letras. Pese a que Fidel estaba en la Universidad de los Andes y Mauricio en El Rosario, los amigos siguieron compartiendo tiempo gracias a que se hicieron socios para montar el bar El Ovejo. Allí trabajaban como meseros y se turnaban la labor de escoger la música. La sociedad se acabó con la venta del bar, pero luego se adentraron en otros campos que les permitieron
estar juntos.

Así, en 1992 el hoy director de El Espectador introdujo a Mauricio en su verdadera pasión: el periodismo, pues ese año le propuso sumarse al diario como redactor cultural.

Si bien hoy día no trabajan juntos, la amistad se mantiene igual de fuerte. Cuando se reúnen, salen a comer o a tomarse unos tragos y, aunque “Fidel siempre ha sido tímido y reservado”, en esos momentos aprovecha para conversar como rara vez lo hace.

La confianza que existe entre los dos, está fuera de toda duda, como bien lo probó Fidel, pues pese a haber jurado nunca montarse en un avión piloteado por Mauricio, se atrevió a dar un paseo con él en una avioneta, en la que además subió a sus dos hijos.
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