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Viena Ruiz: tres son compañía

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Una de las presentadoras de televisión más reconocidas del país renunció a su trabajo y a su esbelta figura para dedicarse a lo que ella misma llama “su trajo más difícil”. Y la recompensa llegó por partida triple.
Desde hace dos semanas Viena espera en absoluto reposo el anhelado momento de dar a luz. Foto: Alfonso Reina
Por: Edición 2330/9/2011 00:00:00
La mujer que convirtió la parte final de los noticieros de televisión en el espacio ideal para las noticias ‘light’, también fue capaz de sacrificarlo todo por dedicarse a cumplir el más importante de sus sueños: ser madre. “Desde que me casé supe que tenía que hacer una pausa en mi carrera para ser mamá, pero cuando me dijeron la primera vez que no iba a poder, recibí uno de los golpes más duros de mi vida”.

Se refugió en el trabajo, que por suerte nunca le ha faltado, pero nunca pudo apartarse de su intención de tener hijos. Y gracias a los médicos Eduardo Daza y Jesús Alberto Ruiz, su sueño comenzó a tener forma. El anhelado hijo de Humberto Mora y su esposa era posible.

Buscando a Camilo

“Los tratamientos al principio eran dificilísimos. Mi mamá venía de Medellín para acompañarme pero era tan duro que varias veces abandoné la idea y empecé a resignarme”. Viena sufrió de altibajos emocionales frecuentes durante los tres años que estuvo en tratamiento. Pero hace un año, la certeza de que finalmente existiría un heredero Mora Ruiz, arrasó con el buen momento profesional que pasaba la presentadora de los ‘Secretos’ del Canal Caracol.

“Ese día llamé a mi mamá y le dije que la necesitaba conmigo porque ahora sí iba a ser abuela”. La constancia de la nueva mamá y el buen trabajo de los médicos hizo realidad el sueño: Viena Ruiz recibió la noticia de que esperaba su primer hijo.

La sorpresa de Luciana

“Recuerdo que cuando me confirmaron la noticia, mi esposo no estaba en el país y se enteró por teléfono. Se puso feliz cuando regresó y me trajo una ovejita de peluche garndísima”. Pero con el paso del tiempo las ecografías revelaron un segundo compañero para Camilo, o mejor, una compañera que por decisión de la mamá se llamará Luciana. “Yo no podía creer que después de tanto insistir y de que yo misma hubiera perdido la esperanza más de una vez, por fin pudiera ser mamá. ¡Imagínense lo que fue saber que no era un solo bebé!

Eso fue una locura para mi esposo y para toda la familia”. Pero las molestias vinieron también por partida doble: los mareos, el malestar y la imposibilidad de comer normalmente, la convirtieron en la consentida de la casa y de la oficina. “No se imaginan cómo me consentían en el noticiero. Todo el mundo vivía pendiente de cómo me sentía, me tenían toda la paciencia del mundo en las grabaciones, hasta los periodistas fumadores se solidarizaron conmigo y se llevaban su cigarrillo otra parte”.

Y Nicolás

Lo que no estaba en los planes de nadie, ni siquiera en los de los médicos, es que el tratamiento fue tan bueno que en vez de propiciar la vida de un bebé, lo hiciera por triplicado. “Un embarazo de trillizos es otra cosa, es una felicidad multiplicada por tres, es una ansiedad inmensa por hacer las cosas bien; por darles a todos lo mejor de mí para que crezcan sanitos; es acostumbrarse, después del estrés del noticiero, a la quietud; claro, las molestias, los mareos y todas esas cosas también se me multiplicaron por tres, o por cuatro, sobre todo los primeros meses, que son durísimos”. Y los preparativos que generalmente son complicados, se multiplicaron también por tres.

Entonces la familia repartió las tareas y así fue como la abuela se encargó de cuidar a la futura mamá, de mantener el orden en la casa de Medellín y de preparar todo porque según ella, “apenas los bebés puedan viajar me los llevo por lo menos 15 días a mi casa”. El papá y el abuelo se encargaron de las compras y escogieron los saquitos, las pijamas, las camisetas y hasta los bordados de las sábanas todo en juego de tres.

“Humberto está tan involucrado con todo que yo no puedo decidir el color de una toalla sin consultarlo con él. Ambos escogimos los nombres y ahora lo único que esperamos es completar las 34 semanas de embarazo para que los niños no tengan que permanecer mucho tiempo en la incubadora. De todas maneras, por la seguridad de todos, van a nacer de siete meses”. Y mientras llega el momento de ocupar las tres cunitas, estrenar las tres canastitas y llorar en trío cuando algo no esté bien, Luciana, Camilo y Nicolás ya empezaron a seguir los pasos de su madre porque desde ya están contratados para ser la imagen oficial de pañales Drippers.

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