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Sofía de España reina triste y solitaria

Sofía de España reina triste y solitaria

Revista Jet-Set

La periodista Pilar Eyre sostiene en una biografía no autorizada que la consorte de Juan Carlos I de España es una mujer infeliz y muy sola a causa de las constantes infidelidades de su marido, quien al parecer la engañó con Diana de Gales, Sarita Montiel y María Gabriela de Saboya.
Según la biografía, Sofía sabe de los negocios turbios del Rey y lo ha instado a enriquecerse, pues teme quedar en la miseria, si son derrocados, como le sucedió a su familia. Foto: Queen Internacional.
Por: 20/2/2012 00:00:00
El nuevo libro le agrega un ingrediente mordaz al controversial capítulo por el que atraviesa la Familia Real de España, pues se mete en las sábanas del Rey y la Reina, quienes no duermen juntos desde su ascenso al trono en 1975, según su autora. Aquel fue un objetivo por el que lucharon juntos a brazo partido, ganándose la confianza del dictador Francisco Franco (quien le legó a Juan Carlos todos sus poderes), pero una vez obtenido marcó el final de los años felices del matrimonio, pobre, pero bien avenido. La soledad de la Reina, como se titula la biografía, asegura que un amigo del Rey contó que apenas se convirtió en monarca “se le ofrecían todas”, y él no se resistía.

La Reina se enteró un día en que quiso darle una sorpresa yendo a visitarlo con sus hijos, Elena, Cristina y Felipe, al campo donde cazaba en Toledo y allí lo encontró con una de sus amantes. Despechada, partió a India, donde vivía su madre, la reina Federica de Grecia, quien, supone Eyre, la disuadió de separarse del Rey, preguntándole si quería llevar la vida miserable que ella tenía tras la caída de la monarquía en Grecia. Sofía desistió, pero siguió durmiendo en el primer piso del Palacio de la Zarzuela, mientras que el Rey trasladó su habitación a la segunda planta.

Al renunciar a su marido, Sofía, que siempre fue muy tímida, se volvió mucho más ensimismada y solitaria, pues ni siquiera tiene una amiga íntima. Algo aprendió de su antecesora, Victoria Eugenia de Battenberg, la abuela de Juan Carlos, quien decía: “¿Cómo tener amigas?, si cualquiera de ellas quizá se está acostando con tu marido”.

Otra fuente de Eyre afirma que la Reina sabe de las amantes del Rey, pero no “si son muchas o muy viajadas”. En todo caso, el informante señaló, con algo de exageración, que sus dotes de seductor le han reportado el favor de unas 1.500 mujeres. Entre ellas se contarían la famosa cupletista Sarita Montiel, Corinne Sayn-Wittgenstein, la condesa Olghina Nicolis de Robilant y la princesa María Gabriela de Saboya, a quien tenía prohibido tratar cuando joven por ser muy liberada. Por la cama del Rey también habría pasado la fallecida Diana de Gales, un chisme que circula en los medios de la realeza desde los años 80, cuando tuvo lugar la famosa visita de la Princesa inglesa y su marido Carlos de Gales a los Borbón en Mallorca. Por disposición de La Esfera Libros, la editorial que publicó la biografía, Eyre tuvo que dejar de mencionar otros nombres, pero han surgido rumores de que una de esas “protegidas” sería Paloma San Basilio.

Para diversos comentaristas, estas versiones confirman una vez más lo que deja entrever la frialdad con que los Reyes se tratan en público y que significa que el conflicto sigue vivo. La Reina se resignó a las traiciones de su esposo, pero no se lo perdona y lleva la peor parte. Así se vio en mayo del año pasado, cuando él fue operado en Barcelona de un nódulo benigno y ella no estaba a su lado, por lo que fue duramente criticada. “Al final, debido al clamor popular, doña Sofía no tuvo más remedio que tragarse su orgullo, acudir al hospital, subir a la habitación, bajar de nuevo y posar dócilmente para los fotógrafos”, escribe la periodista, y continúa: “Mientras, todos vimos que un ascensor subía al piso donde estaba Su Majestad. Con una persona. La Reina se fue y esperó sola el avión de línea regular”.
 
Eyre recuerda que en la vida de Sofía la adversidad ha sido una constante, pese a ser la más linajuda de las damas reales de Europa, hija de los reyes Pablo I y Federica de Grecia. De niña, durante el exilio de su familia en Suráfrica, cuenta, vivía en una cabaña llena de ratas, pulgas y chinches, en la que solo tenía para comer las yerbas que crecían por los caminos. Luego, la pretendieron millonarios armadores griegos, como los Ambatielos, los Goulandris y los Livanos, pero su dominante madre le impuso casarse con un príncipe.

La biografía también rememora que antes de su matrimonio con Juan Carlos, la Reina sufrió una decepción amorosa con el hoy rey Harald de Noruega, de quien se enamoró. Los cuatro millones 500 mil dracmas que el Gobierno griego aprobó como dote fueron muy poco para los noruegos y, finalmente, cuando parecía que el compromiso iba a anunciarse, irrumpió Sonia Haraldsen, una plebeya, modista humilde, de la que Harald estaba enamorado, amenazándolo con suicidarse si se casaba con la Princesa, ante lo cual él rompió el compromiso. Sonia es hoy la Reina de Noruega.

Los reyes cumplirán este año medio siglo de matrimonio en medio del que quizá sea su instante más pugnaz, pues cada día están más radicales en sus posiciones: al Rey, dice Eyre, poco le importa que digan que tiene novias: “Qué más me da, ¡al menos eso será cierto!”, le contestó a alguien que lo alertaba sobre una campaña de desprestigio en su contra. Y la Reina, por su lado, ya siente que puede desafiarlo con pequeños gestos porque cumplió con darle un heredero y prestigio a la monarquía con su conducta intachable.
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