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6 secretarias y un secretario

6 secretarias y un secretario

Revista Jet-Set

Jet-set reunió por primera vez a las secretarias más importantes del país. Hablan todos los días por teléfono desde hace 20 años, pero no se conocían. El encuentro, además de divertido, fue revelador.
Anita Rojas, Myriam Naranjo, Mireya Durán, Pablo Castro, Gloria Vecino, Martha Yolanda Garzón y Emma García. Foto:© Imagen Reina/12
Por: 15/3/2012 00:00:00
En Colombia, ya sea en un ministerio, el despacho presidencial de una compañía o al frente de un medio de comunicación, ellas son las verdaderas encargadas de sacar lo mejor de sus jefes desde hace varias décadas. Las secretarias de Yamid Amat, Felipe López, Rafael Pardo, Germán Efromovich, Pedro Gómez y Fabio Villegas, y el secretario de Jean Claude Bessudo, llevan más de diez años conversando entre sí, cuadrando reuniones y negocios que dan nuevos rumbos al país. Sin embargo, toda esta camaradería había sido telefónica hasta que Jet-set los reunió a tomar el té en un hotel en Bogotá. Por una mañana pudieron apagar los celulares, dejaron de tomar notas y hablar un poco de sus jefes. Se distinguieron de inmediato por la voz y se abrazaron como viejos amigos que son. Hubo tiempo para que, finalmente y por un día, fueran protagonistas y se echaran flores por el buen trabajo hecho con los “doctores”.

Mireya Durán
La decana de las secretarias
Mireyita saca pecho y dice: “Mi jefe es el mejor periodista de Colombia y me atrevería a afirmar que del mundo”. Y tiene argumentos para sostenerlo, pues es su secretaria desde el 16 de abril de 1985, cuando se usaban las máquinas de escribir y las fotocomposiciones. El día que se conocieron, a Felipe López le bastó con preguntarle si era ordenada para contratarla en la naciente revista Semana. Fue entonces cuando Mireya, oriunda de Santander, se vino a vivir a Bogotá. “Empecé una ‘crianza’ que lleva 27 años. A veces me toca regañarlo como si fuera mi hijo, pero es porque lo he malcriado mucho”.

Felipe siempre tiene puesta su atención en las noticias del país y claro, en sus publicaciones, por eso es tan despistado para el resto de cosas en la vida: “Pierde tarjetas, pasaportes, vuelos y una vez dejó un reloj Cartier en una tienda para pagar unas revistas”, recuerda Mireyita. “Además le fascinan los anticuarios, ir a descansar a Anapoima y su debilidad son sus nietos, a los que ya les tengo un par de juguetes en la oficina”.

Aunque son pocas, las veces en que Mireyita ha dicho “no doy más”, Felipe siempre la convence de volver: “Una vez renuncié con llorada y todo. Llegué a la casa y de la gerencia me habían mandado unas rosas a las que no me pude resistir”.

Hace unos años, Germán Vargas Lleras la convenció de que fuera candidata de Cambio Radical a la Cámara como representante de las secretarias. Ella accedió, no sin antes pedirle permiso al jefe, quien le dijo: “Láncese, pero ni se le ocurra ganar”. Mireya no hizo campaña, y no ganó, afortunadamente, porque cada vez que le decían que iba muy bien en las encuestas, ella sufría al pensar que tendría que abandonar Semana.

Gloria Vecino
Responde cuando pregunta Yamid Amat
Gloria Vecino le entrega su vida al proyecto periodístico de Yamid Amat en el Noticiero CM&. De él se dice que “lo quiere todo para ayer” y tiene fama de malgeniado, pero, ¿cómo un hombre cuya oficina está repleta de mentas y moritas puede ser calificado con otro adjetivo distinto a ‘dulce’? “Semanalmente Yamid gasta 80 mil pesos para llenar dos bomboneras”, cuenta Gloria, su secretaria desde hace 21 años y con quien compartió su paso por Caracol y Coestrellas.

El carácter santandereano de Gloria es quizás el secreto del éxito de este largo matrimonio profesional, que ha permanecido unido pese a los momentos difíciles, como los cubrimientos hechos a la muerte de Jaime Garzón o la catástrofe de Armero. “Es adicto a las noticias, no para. Uno aprende de ese olfato periodístico y ya sabe dónde puede haber una noticia, es muy exigente y espera de su equipo el mismo sacrificio”.

Gloria lleva dos décadas acompañando a Yamid en el vertiginoso ritmo de conseguir la chiva. Pero no niega que en varias oportunidades ha estado a punto de tirar la toalla: “La última vez que renuncié, el doctor me llamó y me convenció para que volviera un ratico, y de ese ratico ya van tres años”. Según ella: “Uno se aguanta el trajín porque, al fin y al cabo, le gusta lo que hace”. Gloria es la única que le habla al oído a Yamid y lo conoce a las mil maravillas: “Con asomarme y verle la cara ya sé de qué genio llegó. Los viernes si es mejor no interrumpirlo, porque es el día que se ocupa de escribir su columna semanal”.

Emma García
En las buenas y en las malas con Pedro Gómez
Si es cierto que uno conoce a los verdaderos amigos en tiempos de crisis, podríamos decir que Emma García y Pedro Gómez son amigos desde hace más de veinte años. Emma era secretaria en la Embajada de Colombia en Caracas cuando este llegó a ponerle el pecho a la crisis diplomática que desató la incursión de la corbeta Caldas en aguas disputadas con Venezuela. Ambos países movilizaron tropas y pudo explotar un guerra, pero Pedro Gómez aquietó los ánimos con sus característicos guantes de seda: “Eran jornadas de 24 horas y el doctor no paraba de trabajar.
Cuando ya estaba todo en calma, como sabía que me fascina la ópera, me invitaba al teatro Teresa Carreño”, recuerda con alegre nostalgia.

En 1992 y por invitación de Noemí Sanín, Emma volvió a Bogotá para trabajar en la Cancillería. Al segundo día en el Palacio de San Carlos recibió una llamada de su exjefe y no dudó ni un minuto en mudarse a las oficinas que él tenía en el centro comercial Andino para convertirse en su secretaria personal. A finales de los 90, Emma fue testigo de la recesión más fuerte de la historia del país, que golpeó bruscamente a la compañía de Pedro Gómez: de 250 funcionarios de oficina y tres mil obreros, la empresa se vio reducida a siete empleados. Emma entre ellos.

Pedro Gómez volvió a levantar su emporio de construcción y continuó al frente de su Fundación Compartir. Aunque quienes lo conocen lo califican como estricto, Emma hace suyas unas palabras de Freud para describir el trato que su jefe da a sus empleados: “No hay mejor medicina que una palabra amable”.

Martha Yolanda Garzón
La mano derecha de Rafael Pardo
A Marthayo, como la conocen sus compañeros, nadie le quita lo ‘bailao’. Conoció a Rafael Pardo hace 12 años cuando fue director de CM& y desde entonces lo ha acompañado en todas sus andanzas: estuvo a su lado en la carrera al Senado, cuando ganó la Consulta del Partido Liberal y en su aspiración presidencial. Hoy por hoy, lo apoya en su lucha por erradicar el desempleo, batalla que libra al frente del Ministerio de Trabajo.

Según sus compañeros, “el doctor Pardo no mueve un pelo si no es por Marthayo”, quien literalmente es la primera en llegar a trabajar y la última en irse: “Uno no dura tanto tiempo con una persona si no es porque ambos congenian y hay admiración. Él es muy suave, muy calmado; en cambio yo sé que hablo duro y puedo ser brusca, así que nos complementamos”.

Pese a tantos años de trabajo, a ella también le toca hacerle cacería al Ministro. Si se sale de la agenda y no contesta, llama a uno de los escoltas para que se lo pase: “La otra vez estaba sentada en mi puesto y no se escuchaba ningún ruido en su despacho, así que me asomé a ver qué pasaba y lo encontré intentando abrir una puerta trasera para volarse”, cuenta entre risas.

Pardo, tal como lo vio el país en los debates presidenciales, “no es muy expresivo y mide mucho sus palabras, por eso cuando te da las gracias por algo, esas ‘gracias’ te duran otros 12 años”, asegura Marthayo. Y concluye: “Él quiere y tiene todo para ser presidente, pero así no sea en la Casa de Nariño, yo quiero estar a su lado para ayudarlo en lo que se pueda”.

Pablo Castro
Bendito entre las mujeres
Sin importar que sus cinco teléfonos suenen al mismo tiempo, Pablo siempre está de buen humor. Las manos le dan para contestar dos, pero ya es un experto en sostener un tercer auricular entre la cabeza y el hombro. Bendito entre las mujeres, pues no abundan los secretarios en este país, Pablo recuerda que empezó como mensajero de Aviatur y luego lo llamaron para un reemplazo en la presidencia de la compañía, de ahí ya han pasado diez años. “Lo más difícil del salto a secretario fue la presión, tener siempre los ojos del doctor encima”, asegura.

En este tiempo ha aprendido a seguirle los pasos a un jefe que “nunca aplaza una decisión” y tiene la disponibilidad de atender a todo el mundo: “cuando llaman, me tiene prohibido preguntar ‘¿de parte de quién?’, sino, ‘¿a quién debo anunciar?’”. Cuando Jean Claude está de viaje, sea cual sea la diferencia horaria, Pablo recibe todos los días una llamada de rendición de cuentas express cinco minutos antes de las seis de la tarde. Aunque afirma que no es para nada malgeniado, Pablo advierte: “Eso sí, nada de mentiras y si algo pasa que se entere por mi boca”.

Fuera de las bromas y el constante aprendizaje como secretario, Pablo agradece el apoyo incondicional que Jean Claude y su esposa Danielle le brindaron hace tres años, cuando tuvo que hacer frente a un cáncer del que salió airoso y con el doble de ganas de seguir contestando: “¡Buenos días, Aviatur, habla Pablo!”.


Anita Rojas y Myriam Naranjo
Damas de alto vuelo
En sus más de veinte años en Avianca, seis de ellos junto a Germán Efromovich, Anita dice deberle a la empresa dos cosas: la primera, aprender a ser secretaria, pues en realidad ella es traductora de lenguas modernas; y la segunda, conocer el mundo, ya que ha viajado a Madrid, Zurich, Frankfurt, París, Londres y muchos otros destinos. Según Anita, Germán es “una persona fuera de serie, sencilla, un visionario.

Cuando está en Bogotá toca llegar a la oficina a las 6:10 de la mañana. Yo no diría que es acelerado, es muy activo; y le gusta que lo aborden para cosas específicas”. Hace algún tiempo, cuando Anita por fin llenó un álbum conmemorativo de los 90 años de la compañía, le pidió a Germán que se lo dedicara. Él escribió: “Anita, usted es la historia de Avianca”.

Myriam lleva 25 años en Avianca y desde hace siete asiste a Fabio Villegas. Madre de dos hijos “ya señores”, ella dice no tener tiempo para aburrirse: “El teléfono empieza a sonar a las siete de la mañana y no para en todo el día. Hace poco, con el tema de los controladores, uno llegaba a angustiarse, pero volvía a la calma al ver como el doctor lo resolvía todo con tal entereza”. Gracias a Avianca, Myriam viaja cuando puede a visitar a unos familiares en Nueva York, ciudad que considera “mágica”. Cuando se le pregunta por la forma de ser de Villegas, admite que “es muy estricto con su agenda y muy perfeccionista en sus cosas”. Además dice que “por temporadas se casa con un restaurante. Por ejemplo, últimamente pide mucho pollo”.
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