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Mimi Alford: “Fui amante de Kennedy ”

Mimi Alford: “Fui amante de Kennedy ”

Revista Jet-Set

Ella era una niña virgen de 19 años, él, el Presidentede Estados Unidos. La sedujo en la cama de su esposa Jackie el mismo día que la conoció.
Mimi Alford, hoy de 69 años, cuenta que en 18 meses de romance Kennedy nunca la besó en la boca, ni siquiera estando en la cama.
Por: 14/3/2012 00:00:00
Verano de 1962. Eran los días de Camelot, como se suele llamar el mítico paso de John F. Kennedy por la Casa Blanca, cuando, gracias a sus conexiones de alta sociedad, la espigada y rubia Mimi Alford, de 19 años, obtuvo un puesto como practicante en la Oficina de Prensa de la sede de gobierno en Washington. A los cinco días de iniciada su pasantía, un asistente la convidó a conocer la piscina del palacio y fue allí donde vio por primera vez al Presidente, de 45 años, nadando, como todos los días, para paliar sus dolores de espalda. Kennedy, reconocido mujeriego y adicto al sexo, al parecer ya le había puesto el ojo, pues cuando los presentaron sabía su nombre y cuánto tiempo trabajaría allí. El galanteo había comenzado y se convirtió en un tórrido romance de 18 meses que ahora, a los 69 años, ella evoca en su libro Once upon a Secret: My Affair with President John F. Kennedy and its Aftermath, publicado a comienzos de febrero.

Como todo lo que tiene que ver con la volcánica vida amorosa de Kennedy, el texto ha causado sensación, pues Alford no se ahorra los más íntimos detalles de cama. Ese mismo día, él la mando a invitar, a través de su gran amigo Dave Powers, a una fiesta en su residencia privada de la Casa Blanca. El Presidente se hizo esperar y apenas llegó invitó a Mimi a conocer la residencia, a solas. Kennedy, a quien ella describe como “increíblemente guapo”, la llevó a la habitación de su popular esposa, Jacqueline Kennedy. “Noté que él estaba cada vez más cerca (...) Podía sentir su respiración en mi cuello y puso su mano en mi hombro”. A los pocos instantes ya estaban en la cama de la Primera Dama. “Lentamente, él desabotonó mi vestido y tocó mis senos. Después, pasó la mano entre mis piernas y comenzó a quitarme la ropa interior”. El presidente, quien olía a colonia 4711, se bajó los pantalones sin quitarse la camisa y se puso encima de ella. Pero al ver que la joven se resistía, se detuvo y le preguntó: “¿Es que no has hecho esto antes ”. “No”, le contestó, ante lo cual la volvió a interrogar: “¿Estás bien ”. Mimi le dijo que sí y prosiguió, pero de manera más delicada. “Cuando terminó, se subió los pantalones y me sonrió”, escribe Alford, de una prestigiosa familia de Nueva Jersey. El Presidente le señaló el baño y, cuando ella volvió al salón de la fiesta, él actuaba como si lo que pasó fuera la cosa más natural del mundo. La practicante, por su parte, estaba en shock y en el auto en que él la envió a su casa nada más pensaba: “Ya no soy virgen”. A la semana siguiente, Kennedy la convidó a nadar y desde entonces las tardes y noches de piscina se volvieron costumbre. Luego, ella volvía a su oficina y esperaba una llamada de Kennedy para ir a hacer el amor en la casa privada. “El factor determinante de esas llamadas, por supuesto, era la presencia, o más exactamente, la ausencia de la señora Kennedy”, con quien nunca se topó.

Alford, quien hoy está jubilada tras trabajar como administradora de una iglesia, dice que el sexo con el político era divertido y variado. A veces actuaba como si tuviera todo el tiempo del mundo para estar con ella en la cama. “El hecho de ser deseada por el hombre más famoso y poderoso de Estados Unidos agrandaba mis deseos, al punto de que resistirme no era una opción. Fue por eso que no le dije que no al Presidente”. La pasión fue tal, que una vez ella acabó su pasantía de verano y se fue a estudiar a Massachussets, se siguieron viendo. De esta fase del romance son dos episodios que muestran el lado oscuro, retorcido, de Kennedy. Una vez, estaban en la piscina de la Casa Blanca con Dave Powers, quien se había remangado sus pantalones para refrescar sus pies en el agua. Mimi cuenta que el Presidente le susurró al oído: “El señor Powers parece un poco tenso. ¿Podrías ocuparte de él ”. Ella comprendió que se trataba de un desafió para que le practicara sexo oral a su amigo. “Yo creo que pensó que yo no me atrevería, pero me avergüenza decir que lo hice… El Presidente miraba en silencio”. Él se disculpó por ello con ambos, pero días más tarde pretendió que hiciera lo mismo con su hermano Edward, a lo que ella se negó.

Alford también describe las locas fiestas de Kennedy cuando no estaba decidiendo los destinos del mundo. Una de esas parrandas tuvo lugar en Hollywood, en la finca del actor Bing Crosby. Cuando algún invitado ofreció cápsulas de poppers, una droga que mejora el placer sexual, el mandatario le preguntó a ella si quería, a lo cual respondió que no. Empero, hizo estallar una cápsula y puso su contenido en su nariz, para que lo inhalara. “Sentí pánico y salí corriendo, llorando, del salón”.

Además de sexo, asegura la autora, compartieron momentos dramáticos como la crisis de los misiles de Cuba o la muerte de Patrick, el bebé del Presidente, por lo cual lo vio llorar varias veces. Aun así, había una gran distancia entre ellos. Él nunca la besó en la boca ni ella lo llamó por el familiar “Jack”, sino, “señor Presidente”, aun en la cama. ?Se vieron por última vez en el hotel Carlyle, de Nueva York, el 15 de noviembre de 1963, cuando Mimi estaba a punto de casarse con Tony Fahnestock y solo siete días antes del asesinato de él en Dallas, durante su gira por Texas, a donde él quería que se encontraran una vez más.
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