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Maurizio Mancini  y Gerónimo Basile, reyes de la noche

Maurizio Mancini y Gerónimo Basile, reyes de la noche

Revista Jet-Set

Al magnolio, un árbol de vistosas flores blancas, le deben Gerónimo Basile y Maurizio Mancini el nombre de su nuevo restaurante-bar en la Zona G de Bogotá, que desde hace tres meses es el rumbeadero de moda de empresarios, políticos y actores.
Maurizio Mancini y Gerónimo Basile son amigos de rumba desde hace diez años y socios desde hace dos. Comparten el gusto por el rock y la comida orgánica. Foto: Gerardo Gomez/12
Por: 18/4/2012 00:00:00
Maurizio Mancini y Gerónimo Basile mandaron traer de Tunja, Boyacá, un magnolio de 12 metros que sembraron en la calle 69 con carrera quinta en Bogotá, frente a su restaurante-bar bautizado con el mismo nombre del árbol y que hace alusión a un “magno-lío”. El lugar del que todos hablan en Bogotá, abrió sus puertas hace tres meses, está inspirado en los dorados años 50 y desarrolla un concepto de comfort food, es decir, una comida sencilla que evoca un momento o sentimiento, según sus dueños.

El hecho de que en Magnolio cada vez sea más difícil conseguir una reservación o una mesa desocupada, se debe en gran parte al olfato para los negocios de estos dos reyes de la noche, quienes se conocieron hace diez años en una rumba. Hace dos se asociaron y abrieron Kong, un restaurante especializado en comida asiática. El experimento de trabajar juntos resultó tan exitoso, que decidieron repetir la fórmula con Magnolio.

El restaurante vive repleto de gente, gracias al trabajo de estos relacionistas públicos natos. Mancini tiene abiertos tres perfiles en Facebook, cada uno con cinco mil contactos, entre los que hay desde políticos hasta personajes de la farándula nacional. Este barranquillero es el alma de la fiesta, es difícil no dejarse contagiar de su alegría, la misma que enamoró a su novia, la modelo y presentadora Julieta Piñeres, con quien se casará el 15 de diciembre en las Islas del Rosario. Mao estudió derecho en la Universidad del Rosario y, como él mismo dice, tiene una “maestría en parranda”. A sus 23 años, con dos socios, abrió en Miami, Macondo, un bar colombiano que atrajo a Juanes, Carlos Vives, Shakira, Sofía Vergara, Julio Iglesias Jr., ?Ricardo Montaner, entre otros. En el 2009, montó Bardot, en sociedad con sus amigos Isabella Santo Domingo, Michael Brown y Arap Bethke, un bar bogotano con aires de cabaret francés, ubicado en el Parque de la 93.

Por las venas de Gerónimo también corre sangre rumbera. En su adolescencia fue guitarrista y cantante de una banda de rock. “Hacíamos nuestras propias fiestas en una casa en Chapinero. Ahí fue donde empecé a ver la rumba como un negocio”. Estudió Diseño Gráfico en Montreal, y para pagarse la universidad trabajó en un restaurante. Primero lavó platos, después fue patinador y, finalmente, llegó a ser mesero. “Salía de trabajar y me iba de rumba con un francocanadiense. Las noches se nos iban de discoteca en discoteca. Allí aprendí cómo funcionaban”, explica Basile. Después de terminar sus estudios, regresó a Colombia y montó su propia empresa de diseño. Hizo la imagen de la campaña del político Álvaro Araújo al Senado de la República. Con el tiempo se aburrió y empezó a trabajar en una posproductora de televisión. Allí le iba bien, pero la pasión por la rumba lo empujó a abrir su propio bar. Primero fue Cha Cha, en Cartagena, y luego en Bogotá. “En ese entonces pensé: si rumbeo tanto, pues por qué no monto una discoteca”, recuerda. De ahí nacieron Cabaret, Matilde Lina y Penthouse.

El romanticismo de los años 50

Después de buscar durante casi un año un lugar para montar Magnolio, este par de amigos encontró una casa en la Zona G, construida en 1952, donde hoy se congregan famosos e influyentes a hablar de lo divino y lo humano al calor de unos buenos vinos y con buena mesa.

La directora de arte Rebeca Piñeres logró darle un look glamuroso en sus terrazas y en sus diferentes espacios, iluminados por los tonos dorados. En el primer piso queda el comedor, decorado con muebles con estampados y cabezas de venado que cuelgan de las paredes. Tiene dos terrazas, una al frente del restaurante y otra al costado. En la segunda planta está el bar y en la tercera una biblioteca, con una mesa de billar, reservada para eventos privados. De día tiene un ambiente orgánico, es un lugar lleno de jardines verticales que le hacen un homenaje a la naturaleza. Al anochecer se vuelve salvaje. Un puma con espejos dorados, un sofá con estampado de pitón, que recorre de esquina a esquina el bar, y unas mesas de madera maciza acompañan a los rumberos.

En la música siempre están presentes los años 50 y cantantes como Chuck Berry, Edith Piaf o Billy Joel. Más tarde, cuando se calienta el ambiente, se baila desde electrónica hasta salsa. Intérpretes como Yuri Buenaventura y Maía han prendido la fiesta.

La carta estuvo a cargo de los chefs Nicolás De Zuburía y Paula Silva, bajo la supervisión de Maurizio Mancini. La suya es una comida sencilla y sin pretensiones. Los platos fuertes son el pulpo a la parrilla, el sándwich de langosta o un pescado con puré a base de choclo, los raviolis de rabo de toro y un pollo cocinado durante tres horas en el horno, relleno con cincuenta dientes de ajo.

“Si Magnolio fuera un trago, sería un mojito de caramelo; si fuera una ciudad, sería Londres; si fuera un animal, sería un felino; y si fuera una canción, sería My Way, de Frank Sinatra, dicen Gerónimo y Maurizio, quienes construyeron este lugar, literalmente, “a su manera”.
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