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Los 85 años de Gabo

Los 85 años de Gabo

Revista JetSet

En compañía de personas muy cercanas y en medio de los rumores de sus quebrantos de salud, Gabriel García Márquez celebró 85 años de vida. No solo hubo una fiesta, sino varias en las que no faltaron los vallenatos. Los amigos que no pudieron asistir a las celebraciones recordaron muchas anécdotas del hijo de Aracataca.
El escritor Gabriel García Márquez se mostró muy sonriente durante eldesayuno que organizó para celebrar su cumpleaños. En la reunión estuvoacompañado por once personas, entre ellas, su esposa Mercedes Barcha,varios familiares y el equipo de trabajadores de confianza. Foto: Diario La Jornada de México
Por: 28/3/2012 00:00:00
Hace unos días Gabriel García Márquez cumplió 85 años, casi la misma edad de algunos de sus personajes literarios como el sabio impetuoso de Memoria de mis putas tristes, o el desesperanzado hombre de El coronel no tiene quién le escriba, el dictador de El otoño del patriarca, el combatiente de muchas guerras civiles de La hojarasca, y la del anciano emplumado de Un señor muy viejo con unas alas enormes.

Gabo, quien creó parte de este universo de octogenarios cuando apenas se acercaba a los 40 años, ahora conoce la vejez, según declaraciones de su agente Carmen Balcells, de 81 años. “Está pachucho”, dijo la representante literaria española para explicar que el Nobel se encuentra delicado “como consecuencia de que nos hacemos mayores”.

Sin embargo, el paso de los años le dio a García Márquez la posibilidad de aumentar su parentela y de sumar muchos amigos, tal como quedó registrado en la celebración de su cumpleaños número 85 en su casa del sector exclusivo del Pedregal, en Ciudad de México.

Ese día no hubo acceso a las cámaras de la prensa, exceptuando la de un equipo periodístico del diario azteca La Jornada. No obstante, la emoción de los dos comunicadores, que tendrían la primicia mundial de la fiesta en la que hubo tamales y vallenatos, se desboronó cuando Genovevo Quirós, asistente personal del autor, dijo que no podían hacerles preguntas al escritor. Pero no importó, cientos de personas, entre literatos, columnistas y amigos en los medios de comunicación de América y Europa se encargarían de narrar el anecdotario de Gabo, rico en pequeñas historias que él mismo omitió en su biografía Vivir para contarla.

Por ejemplo, una mañana en La W Radio, Julio Sánchez Cristo y Roberto Pombo, director de El Tiempo, trajeron a la memoria el día en que ellos dos y Gabito terminaron cantando boleros con Salma Hayek en el bar del hotel Camino Real, de México. Pero Salma, quien en aquella época andaba en las correrías del estreno de la película Frida, no sería el único personaje de la farándula que se dejaría seducir por la personalidad imantada del novelista. Shakira lo incluyó en el llavero de sus amigos después de que la entrevistara para la revista Cambio en 1999. “Me han hecho muchas entrevistas, algunas filosóficas y otras divertidas, pero esta es la que más recuerdo”, afirmó la barranquillera. Otros nombres del mundo de la música como el del español Joaquín Sabina se unieron a la sucesiva línea de ‘gabólogos’ después de relatar que en sus viajes a México esculca los estantes de las viejas librerías con la esperanza de encontrar algunos ejemplares de los primeros libros que publicó el escritor de novelas, guionista y cuentista. En este periplo propio de los coleccionistas ha encontrado ediciones de Cien años de soledad que superan los 1.500 dólares, casi tres millones de pesos.

El escritor Carlos Fuentes, cuya biblioteca personal está atiborrada de textos autografiados por su amigo Gabo, se unió al festejo de los 85 años del creador colombiano para explicar la pasión conjunta que sienten por el cine. “Hablamos poco de literatura, pero hablamos mucho de cine, de Robert Mitchum”, dijo, mientras confesó que fue una de las primeras personas que leyó los borradores iniciales de Cien años de soledad, la obra cumbre de Gabo que escribió en sus primeros años en México.

La relación de Gabriel García Márquez con la política ha sido igual de estrecha a la que cultivó con la cultura. Es así como el presidente Juan Manuel Santos admitió esa mañana dedicada al Nobel en La W, que después de una larga conversación de hora y media con Gabriel García Márquez acerca de lo que “él llamaba la carpintería de la literatura” conoció la importancia del uso de los adjetivos en la narración literaria.

En medio de las grandes discusiones acerca del arte de escribir, la celebración de los ocho lustros y medio del creador de Los funerales de la mamá grande fue aderezada con otro extenso anecdotario que terminó por divertir a Mercedes Barcha, la esposa, como la vez que la prensa lo creyó muerto. Roberto Pombo, quien los acompañaba cuando estalló la falsa noticia, recuerda que una periodista se le acercó al escritor y le dijo: “Maestro, dicen que estaba muerto”. Él la miró y le contestó: “No, estoy fallecido”. Las informaciones acerca de la muerte del Nobel han sido muchas, como alguna vez en que su hermano Jaime García Márquez empacó maletas hacia México porque se comió el cuento.

En las últimas semanas, los noticieros también volvieron a relatar el episodio en el que el novelista decidió lucir el liqui-liqui en la entrega del Premio Nobel en Estocolmo, en lugar de un frac, que consideraba una prenda de mal agüero. La escogencia de la pinta caribeña despertó una polémica de mucha tela en los medios de la capital de la República, y que él mismo apaciguó con una frase legendaria que nutrió su fama de hombre con sentido del humor e ingenioso: “Si supe ganarme el Nobel, entonces también sabré como recibirlo”, dijo.

Como pocas veces había sucedido, el pasado 7 de marzo el mundo de la cultura celebró en grande un cumpleaños de Gabo, hasta el punto de que Mercedes, su eterna e incondicional mujer, lo llamó el mes de jubileo, por tantas fiestas y encuentros con amigos de la vieja guardia. Una de estas reuniones se realizó en casa de José Luis Cortés, quien invitó a la intérprete peruana Tania Libertad para que le cantara Las mañanitas.

“Hay Gabo para rato”, aseguró su hermano Jaime García Márquez, en Cartagena. Dicen que el escritor está tan alentado que todavía le quedan muchísimos marzos.
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