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La esposa de Mockus, la dama anticorrupción

La esposa de Mockus, la dama anticorrupción

Revista JetSet

Adriana Córdoba, la nueva veedora, tiene la difícil tarea de luchar contra la corrupción en una ciudad que parece haber perdido la confianza en las instituciones. De ser reconocida como la esposa del excandidato presidencial Antanas Mockus, pasó a ser una protagonista del Gobierno distrital con la oportunidad de demostrar que tiene madera para la política.
“Bogotá hoy no tiene una visión de ciudad construida, compartida, consensuada, que podamos defender; resulta que cada cuatro años el alcalde propone un modelo de ciudad sin importarle que el anterior haya propuesto algo diferente”, asegura la nueva veedora de Bogotá, Adriana Córdoba. Foto: Gerardo Gomez/12
Por: 18/4/2012 00:00:00
Adriana Córdoba siempre ha mantenido un perfil bajo. “A veces voy por la calle y me dicen que soy igualita a la esposa de Mockus. Yo les respondo que, en efecto, soy muy parecida”, dice entre risas esta bogotana, que desde el 17 de febrero se encuentra al frente del único órgano de control preventivo de Bogotá: la Veeduría Distrital. Ante la crispación de la ciudadanía por los escándalos en las contrataciones, esta trabajadora social con estudios en Planeación Urbana se ha puesto como meta reestructurar la institución de manera que la lucha contra la corrupción sea una prioridad en la ciudad.

Esa personalidad poco dada al protagonismo, sin embargo, no pudo detener que durante la pasada campaña presidencial de su marido los reflectores se posaran en ella. En ese entonces, Colombia pudo conocer a la Adriana experimentada en gestión pública y política, y ella se sacudió de una vez por todas la imagen de la joven que se casaba sobre un elefante con el exalcalde de Bogotá. Durante la llamada Ola Verde, pasó de ser una aspirante a Primera Dama a una verdadera traductora de la ideología política de Antanas Mockus. Tanto así, que muchos de los adeptos al partido no esperaron la debacle en las urnas para postularla a la Alcaldía de la capital. Ahora, aceptó la invitación del excontendor político de los verdes, el alcalde Gustavo Petro, a ser los ojos de la ciudadanía en el Gobierno distrital. Y lo hace porque, como ella dice, “sabía que, si no aceptaba la Veeduría, en unos años me iba a recriminar haber perdido la oportunidad de hacer algo por mi ciudad”.

Desde que asumió el cargo, sus jornadas solo le permiten dormir de cuatro a cinco horas, ritmo al que ha estado siempre acostumbrada, pero que le ha restado la oportunidad de leerles a sus hijas Laima y Dala antes de dormir. Antanas, quien el pasado 25 de marzo celebró su cumpleaños número 60, se encuentra igual de ajetreado que su esposa, pues además de su labor en Corpovisionarios, va a participar como curador en la Bienal de Arte de Berlín y viajará este mes a dar un par de conferencias en Harvard y el MIT. En cuanto al tema del párkinson, dicen que esta es una enfermedad como la diabetes o la hipertensión, que se controla con medicinas y buenos hábitos, así que Antanas nunca perderá esa capacidad de análisis que lo caracteriza.

¿Qué es lo que más le gusta de Bogotá?

-La Séptima me ha gustado siempre, pero hay un lugar en particular en el barrio Bosque Izquierdo que me encanta. Es una casa en la que de pequeña me dejaban entrar para ver la ciudad desde lo alto. También me gusta el Jardín Botánico y ver los cerros desde la 26 con 50. Cuando no estoy en Bogotá me siento insegura.

¿Cómo es su relación con Gustavo Petro y por qué cree que la eligió para este cargo?

-La relación ha sido de total independencia y respeto. Cuando Petro me propuso ser veedora, me dio tres razones para elegirme que me parecieron sensatas. Primero, por la independencia que represento, pues no hago parte de la campaña de Progresistas. Segundo, por ser mujer y por haber demostrado en el campo profesional que domino el tema técnico. Y tercero, porque simbolizo el anticlientelismo y la anticorrupción.

¿Cómo encontró la institución?


-Encontré una entidad formada por un grupo humano muy bueno, técnicamente muy capaz y comprometido. Sin embargo, pude identificar también debilidades asociadas a su estructura administrativa y financiera. Como la Veeduría se creó por el Estatuto Orgánico de Bogotá en el 93 y el Acuerdo 24, la estructura que tiene es un vestido que ahora le queda pequeño al cuerpo. Por eso, toca reajustarlo a la luz de lo que necesita una ciudad como la actual Bogotá, de manera que esta sea una instancia de control preventivo que dé alertas tempranas, identifique mapas de riesgo tanto de la gestión contractual como de la eficacia administrativa y la participación ciudadana.

¿Qué tan apremiante es la reestructuración de la Veeduría?


-La Veeduría está organizada por cuatro veedurías delegadas que responden a cuatro escenarios que pueden alimentar la corrupción: fallas en la contratación, ineficacia administrativa y presupuestal, participación baja de los ciudadanos, y un sistema de denuncias, quejas y reclamos inoperante. Por dar una idea de por qué se necesita reestructurar la entidad, basta con decir que el año pasado el Distrito hizo cerca de 37 mil contratos por siete billones de pesos, y aquí en la Veeduría solo tenemos a cinco personas para revisarlos todos. En cuanto a presupuesto, el promedio en los años anteriores fue de dos mil millones de pesos, y para este, el presupuesto es de 500. Yo creo que como ciudad tenemos que discutir si la lucha contra la corrupción es un tema prioritario para Bogotá, y si lo es, hacer que la Veeduría tenga mayor protagonismo en el Plan de Desarrollo de la ciudad.

¿Cuál es objetivo principal a cargo de esta cartera?

-Que la corrupción deje de ser tema de la conversación después del café del almuerzo, que deje de ser “el colmo”, y ese colmo se convierta en indignación, y desde allí llegar a la movilización social. Lograr elevar la conciencia de los ciudadanos sobre lo público, que la gente reconozca que lo público es de todos, que la corrupción aumenta la pobreza y alimenta la violencia. Porque la corrupción no es solo lo que se roban, sino el impacto de lo que se deja de hacer en políticas sociales.

¿Qué tantos ‘dientes’ tiene la Veeduría para disuadir a los corruptos?

-La Veeduría es un ente de control preventivo, no sancionatorio, como la Contraloría o la Personaría, que debe tomar acciones para identificar riesgos. Para esto asesora, diagnostica, da recomendaciones y hace requerimientos a las entidades públicas. Cuando estas últimas no se cumplen, se puede acudir a la Fiscalía, a la Procuraduría o a la Contraloría; pero el mayor ‘diente’ es, por así decirlo, el escarnio público. Por eso, queremos hacer más visible la gestión de las entidades, hacer ranking de transparencia y compartir experiencias exitosas, de manera que la ciudadanía conozca cómo actúan estas instituciones.

¿Por qué se metió al ruedo político?

-Para mí, y para Antanas, lo político se define como el interés en lo público, y desde esa concepción lo político trasciende lo electoral. Obviamente, hay más personas que están concentradas en las elecciones, pero hay otras que hacen la política desde la gestión pública, desde el fortalecimiento de las instituciones y la recuperación de la legitimidad, y una entidad se hace legítima porque hace lo que tiene que hacer. En ese sentido, siempre he sido una persona política.
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