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Isabel Preysler desolada por el derrame cerebral de su esposo

Isabel Preysler desolada por el derrame cerebral de su esposo

Revista Jet-Set

La vida de la mujer más famosa, elegante y feliz de España se ensombrece con el delicado estado de salud de su marido, Miguel Boyer, con quien ha protagonizado un matrimonio perfecto durante 24 años.
España está consternada con la imagen de sufrimiento que amarga el bello rostro de Isabel a raíz de los males de su marido. Nunca antes se le había visto tan demacrada. Foto: Getty Images.
Por: 9/4/2012 00:00:00
“La mirada triste de la reina rosa”, titula por estos días la prensa ibérica, sorprendida al ver por primera vez un dejo de angustia y de turbación en el rostro de la mujer que ha sido en las últimas décadas el epítome de eso que en España llaman “saber estar”. Ahora, lo incierto y triste de la vida fractura el talón de Aquiles de la reina de los salones aristocráticos de Madrid, aquella a la que no se le mueve un pelo, siempre sonríe y parece inconmovible en su magistral dominio de la etiqueta.

En la madrugada del pasado 27 de febrero, Isabel se despertó y se levantó para buscar un vaso de agua, en su lujosa mansión del aristocrático barrio Puerta de Hierro de la capital hispana. Pero al encender la luz fue presa del terror, al descubrir que su marido, el exministro de Economía y Hacienda, Miguel Boyer, quien lo dejó todo por ella, yacía semiinconsciente en el piso. A partir de ese momento, el mundo perfecto y apacible de Isabel se derrumbó. Su esposo fue conducido de inmediato a la clínica Ruber, donde los médicos dictaminaron que había sufrido un derrame cerebral. Al día siguiente, el intelectual fue sometido a una delicada cirugía para contener la hemorragia, durante las dos horas más angustiosas en la vida de Preysler. En últimas, se supo que la operación resultó mejor de lo esperado, pero aun así, Boyer no se hallaba fuera de peligro. Del quirófano fue conducido a la unidad de cuidados intensivos en la cual permanecía al cierre de esta edición, bajo pronóstico reservado, aunque con la buena noticia de que ya se le había retirado la respiración mecánica, estaba consciente y había movido un poco sus extremidades.

Durante la prolongada estadía de Boyer en la Ruber, Isabel ha sido vista visitando sagradamente, todos los días, a su marido, con un rictus de sufrimiento patente en las comisuras de la boca y el entrecejo. Su eterna sonrisa, la que más portadas de revistas ha protagonizado en España, se ha ido y no resultaría necesario quitarle sus rigurosos lentes oscuros para saber que sus ojos siempre divinamente maquillados, se ven cansados por las noches de insomnio e incertidumbre.?Los noveleros españoles, que hasta han escarbado en sus canecas de basura para conocer los mínimos detalles de la mítica Isabel, presencian sorprendidos los duros reveses que ha sufrido en los últimos tiempos esta mujer que tanto los ha hecho suspirar y tener gratos momentos con su glamour y buen ver. Hace apenas cuatro meses falleció Beatriz, su hermana menor, llevándose recuerdos desconocidos de su conquista de la high life de Madrid.

En 1969, las dos jóvenes herederas de una acomodada familia de Manila, Filipinas, llegaron en busca de una mejor educación. Isabel no solo se hizo amiga de la nieta del poderoso dictador Francisco Franco, María del Carmen Martínez-Bordiú, sino que conquistó al cantante de moda, Julio Iglesias. Divorciada de él, se convirtió en Marquesa de Griñón por su boda con Carlos Falcó, pero con él tampoco encontró el amor, sino más bien infidelidades y aprietos económicos. En 1982, en lo mejor de la célebre movida madrileña, la Marquesa era una habitual asistente a las tertulias de la peruana Mona Jiménez, que congregaban a lo más granado de la alta sociedad. Fue en una de esas tenidas que se encontró por primera vez con Miguel Boyer, el más brillante y poderoso de los ministros de Felipe González. Días antes de la ocasión, a Isabel le habían dicho que él quería conocerla, y ella contestó: “¿A mí? ¿Un socialista? No creo”. Lo decía porque nadie habría sospechado jamás que entre la muñequita del jet-set y un intelectual con títulos en Economía y Física pudiera surgir alguna simpatía. El caso fue que los sentaron juntos en casa de Jiménez y desde el primer instante nació un amor que rompió esquemas.

El problema era que así como ella estaba casada con Falcó, él lo estaba con Elena Arnedo, la madre de sus dos hijos mayores. Pero aun así siguieron adelante con su romance, que fue el mayor escándalo social de la época. En últimas, ambos se divorciaron de sus parejas en 1985, una decisión que a Boyer le costó el fin de su prometedora carrera política. El 2 de enero de 1988 se casaron por lo civil y un año más tarde nació su hija Ana, hoy digna heredera de su madre. En 24 años de matrimonio, jamás han dado de qué hablar ni se han filtrado rumores de fracturas en su sólida unión, herida ahora por esta mala pasada del destino en forma de derrame cerebral.
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