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Hace 30 años el secuestro del papá de Julio Iglesias

Hace 30 años el secuestro del papá de Julio Iglesias

Revista Jet-Set

La ascendente fama mundial del cantante español se vio ensombrecida tres décadas atrás, cuando la banda terrorista ETA secuestró durante 19 días a su padre, el ginecólogo Julio Iglesias Puga, el popular Papuchi.
Julio Iglesias con su padre, Julio Iglesias Puga. El cantante y su familia reunieron tres millones de dólares para pagar el rescate del médico, que por la época de su secuestro tenía 66 años. Foto: Getty Images.
Por: 14/3/2012 00:00:00
El 29 de diciembre de 1981 la sonrisa del intérprete, célebre ya en casi todo el globo, se trocó en angustia. En su casa de la isla Indian Creek, en la bahía de Miami, había recibido desde Madrid la noticia del secuestro de su padre, el ginecólogo Julio Iglesias Puga, el primero que creyó en su talento, vaticinó su triunfo y lo salvó de quedar inválido. ?La noticia le dio la vuelta al planeta, pues Julio estaba en lo mejor de su fama, aunque aún le faltaba conquistar el país donde residía, Estados Unidos. Así, mientras él trabajaba en el estudio de CBS para lograr canciones que cautivaran aquel exigente público, su padre vivía la tragedia que comenzó con un engaño ligado precisamente a la celebridad del artista.

Ese día, Papuchi, como le decían en familia, fue abordado en su consultorio por unos supuestos periodistas alemanes para que les hablara de Julio, quien semanas atrás había actuado en las fiestas de Cartagena. Para ganarse su simpatía, hasta le regalaron un televisor y acordaron trasladarse, en un Fiat 132, a la casa de campo de él para hacer el reportaje. Pero en el camino, de pronto, sintió una pistola en el pecho y que le decían: “No ponga usted resistencia y le irá mejor. Esto es un secuestro”. Los raptores lo hicieron tomarse seis somníferos y, luego de ponerlo en un saco, lo encerraron en el baúl del automóvil. 36 horas más tarde se despertó en una habitación de nueve metros cuadrados en la que había tres sillas, una cama y un balde. A los pocos días, supo que se encontraba en Aragón, por el acento de los pastores que oía pasar cerca.

En su cautiverio, Iglesias Puga, pionero del parto sin dolor en su país, no perdió el humor que hizo de él un personaje en España, más allá de la fama de su hijo. Aunque el trato que le daban sus cuatro carceleros encapuchados era bueno, procuraba mirar siempre hacia arriba para no ver sus ametralladoras. Siendo médico, sabía que lo más conveniente en su situación era dormir mucho, tomar bastante agua y comer poco. Al día caminaba unos diez kilómetros yendo de un lado al otro del minúsculo cuarto y las diez mil pesetas que llevaba en el bolsillo se las dio a sus raptores para que le compraran ropa. “Me sentí peor que en la guerra (Civil Española) cuando me tuvieron preso”, recordó. Soñó que lo mataban, que volvía con sus hijos, que nunca lo encontraban.

Mientras tanto, en Madrid y Miami, su familia vivía su propia pesadilla con los ojos abiertos, al no saber nada de él. Siete bandas delincuenciales llegaron a comunicarse para pedir el rescate, pero no daban pruebas fehacientes de que lo tuvieran y no volvían a llamar, relatan los informes del diario El País y la agencia UPI de la época. ?Rico ya en ese momento, Julio Iglesias hijo reunió tres millones de dólares para dárselos a quien demostrara que tenía al que además de su padre era su amigo y confidente.

En Miami, el cantante, su madre Rosario de la Cueva y su cuñada Carmen Domínguez- Macaya, esposa de su hermano Carlos, casi no volvieron a dormir, sin saber que en España un hábil policía, Joaquín Domingo Matorell, al mando de la célula antiterrorista de la Policía española, ya tenía pistas. En una redada, cayó por esos días uno de los maleantes que participó en el secuestro, quien los llevó hasta Trasmoz del Monte, un pueblo de Zaragoza, con apenas 200 habitantes, un teléfono y un policía, donde Iglesias estaba cautivo. Resultó que la banda terrorista ETA era la autora del rapto, pero la Policía nunca informó de ello ni a la prensa ni a los Iglesias, sino que se dedicó a planear, en ocho días, un milimétrico operativo de rescate. En la madrugada del 17 de enero de 1982, el Grupo Especial de Operaciones derribó con explosivos la puerta de la vivienda que servía de cárcel a Iglesias y casi al mismo tiempo entraron los agentes vestidos con trajes y cascos antibalas, que al secuestrado le recordaron a los astronautas.

Como se lo informó el propio presidente del gobierno Leopoldo Calvo Sotelo al cantante, su padre estaba en perfecto estado de salud, aunque había perdido algo de peso. Días después, bajo la mirada de 250 periodistas, se reunió en Miami con Julio Iglesias, quien cuenta que su vida cambió con este episodio, que lo llevó a extremar sus medidas de seguridad, al punto de que, con los años, sus tres hijos con su primera esposa, Isabel Preysler: Chábeli, Julio y el también vocalista Enrique Iglesias, se fueron a vivir con él a Florida.

Pero este no sería el último episodio novelesco del popular Papuchi, quien falleció en el 2005, un seductor impenitente. Al año de su liberación, se separó de Rosario y en los 90, a los 72 años, inició una relación con la estudiante de Filología, Ronna Keitt, de 25, con quien volvió al altar y tuvo dos hijos, Jaime, nacido en el 2004, y Ruth, su hija póstuma, que aunque bastante menores que ellos, son tíos de Enrique Iglesias y sus hermanos, en un extraño cruce generacional propio de esta prolífica familia de coquetos.
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