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Gustavo Cerati hace lo que le da la gana

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A sus 39 años, Cerati ha conocido por fin la verdadera dimensión de la libertad. Después de su complicado divorcio de Soda Stereo y de una merecida pausa que duró casi dos años, este genio del rock argentino cede otra vez a la enorme tentación de buscar en su propio terreno el sondo que siempre le gustó: el mismo que ahora resume en quince impecables ‘Bocanadas’.
"Obsesionarse con la perfección puede ser muy aburrido". Foto: BMG
Por: 4/10/2011 00:00:00
Su voz suena relajada, natural y hasta feliz. Ya ha aprendido a tomarse la música como una rutina de ejercicio que su cuerpo y su alma requieren y hasta disfrutan, sin la presión de tener que crear solo para vender.

En su propia casa, al lado de su esposa Cecilia y sus hijos Benito y Lisa, Gustavo Adrián Cerati decidió agrupar sus ‘tonaditas’ predilectas de una sola ‘Bocanada’, en su estudio de Buenos Aires, al que sus amigos llaman ‘Submarino’.

Después de Soda

La vida en Soda Stereo era lo más parecido a una relación de pareja: se agotó la magia y todos entraron en una inercia que ya molestaba. Incluso hubo algunas ‘infidelidades’ de parte de Zeta –el bajista- y del propio Gustavo, quienes grabaron trabajos totalmente independientes antes de la disolución del grupo. Finalmente, después de tantos sobresaltos, se pactó una separación lo más digna posible para que nadie se sintiera agredido. “Yo quería descansar, tomarme un tiempo para mi familia y para mí mismo y quería recuperar energías que pensé que ya había perdido. La decisión fue buena y sobre todo definitiva, pues en palabras del propio Cerati, volver a reunir a Soda “es absolutamente imposible”.

La pausa

Después del inolvidable último concierto en el imponente estadio de River en Buenos Aires, las cosas comenzaron a encausarse. Se hacían canciones más por necesidad que por obligación y el día acababa en casa, con Lisa, Benito y Cecilia acaparando toda la atención. “Mi familia es muy normal, creo. Todos sabemos que es mi trabajo, que por ahí no va a quedar mucho tiempo para estar juntos y entonces nos aprovechamos, nos volcamos más hacía la calidad de nuestro tiempo en familia”.

Pasaron dos años hasta que los deseos de volver a grabar se concretaron, hasta que el alma estuvo lista para entregarse en un nuevo trabajo. Luego la propuesta tomó forma y ya había ideas tomadas de la música electrónica en la que Gustavo empezó a involucrarse mientras estuvo en Europa. Lo que vino después fue la musicalización del deseo y el reencuentro con el estudio, las giras y... la prensa.

La primera ‘Bocanada’

Lo único que no se llevó el divorcio con Soda fue la debilidad de Cerati por los insistentes coqueteos de la música. Todos los días en el ‘Submarino’ de su casa en Buenos Aires, sonaban pequeños demos, balbuceos y bases rítmicas de canciones identificadas con frases cortas, que luego se volvieron canciones. La fórmula de la simplicidad y de la estética –siempre presente en todo lo que tiene que ver con Cerati- dio los resultados esperados, y con el apoyo de reconocidos músicos argentinos e ingenieros ingleses, Gustavo se salió con la suya: en quince canciones impregnadas de bajos profundos y una percusión cuidadosamente mezclada, se grabó se grabó el disco que él quería hacer. “Verno Carne’, por ejemplo, es una canción que me produjo un inmenso placer, cantar encima de ese masacote sonoro de la orquesta fue una cosa indescriptible... ‘Tabú’ también tiene mucho significado porque es como mi separación definitiva de todo lo anterior y bueno, creo que todo está lleno como de una cosa heroica, de aromas, de lo que quiero hacer en este momento de mi vida”.

Bocanada –de humo, de aire, de lo que sea- es la reaparición solitaria sin traumas de Gustavo Cerati, la expresión de la tranquilidad, la libertad de toda la felicidad que le produce saber que está haciendo lo que siempre quiso: lo que le da la gana.

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