Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Fernando Botero llena de pasión a Medellín

Fernando Botero llena de pasión a Medellín

Revista Jet-Set

Con la donación de la serie ‘Viacrucis: la pasión de Cristo’ al Museo de Antioquia, el pintor retribuyó a sus compatriotas los homenajes que le brindaron a propósito de su aniversario número 80. En menos de un mes, la exhibición ya ha recibido más de once mil visitas.
Botero, quien se señala a sí mismo en el cuadro, supervisó el montaje de ‘Viacrucis: la pasión de Cristo’ en el Museo de Antioquia. Los óleos se organizaron por afinidades formales y cromáticas o por su valor simbólico o dramático. Los dibujos, por temas de conservación, se exponen en un salón separado con una iluminación más tenue. Foto: AFP
Por: 10/5/2012 00:00:00
El pasado 19 de abril, el maestro Fernando Botero cumplió 80 años y las celebraciones no se hicieron esperar. Lina, su hija, hizo las veces de curadora en la mayor retrospectiva del pintor colombiano que se haya hecho en México; en Chile, se expusieron sus cuadros de Abu Ghraib, y otras muestras se presentaron en España, Italia y Brasil. Sin embargo, el epicentro de las festividades fue Medellín, ciudad a la que el artista donó la gigante escultura ‘El gato’, ahora parte del Parque-biblioteca San Cristóbal; y la serie ‘Viacrucis: la pasión de Cristo’, compuesta por 61 piezas que desde el 3 de abril se pueden disfrutar en el Museo de Antioquia.

De acuerdo con Ana Piedad Jaramillo Restrepo, directora del museo, Botero le dijo telefónicamente que había tenido una revelación en un sueño, lo que lo llevó a hacer la donación. “De pronto un ángel de los que hay en sus cuadros se le apareció y le sopló al oído que debía dejar la obra en Medellín”, aseguró Jaramillo en entrevista con la revista Arcadia. Con esta ya son nueve las oportunidades en las que Fernando Botero regala parte de su extenso trabajo al Museo de Antioquia, desde ahora el mayor depositario de su colección, con 187 obras de arte entre cuadros, dibujos, acuarelas y esculturas.

‘Viacrucis’, que estará abierta hasta el 8 de agosto, solo ha sido presentada en Nueva York y en menos de un mes recibió a más de once mil visitantes en la capital antioqueña, donde no se veía una exhibición individual de Botero desde hacía 12 años. Los 24 óleos a gran escala y los 37 dibujos que la componen, producidos en el 2010, hacen un recuento del camino de Cristo hacia la cruz, retomando un tema muy frecuente en la historia del arte. Los asistentes a la exposición podrán ver, entre otros, momentos tan impactantes de la ruta hacia el calvario como el beso de traición con el que Judas entrega a Jesús, la presentación de Pilatos o Ecce Homo, el camino de las lamentaciones y, obviamente, la crucifixión y muerte del hijo de Dios.

En palabras de Nydia Gutiérrez Moros, curadora del museo, “en ‘Viacrucis’ Botero recurre a iconografías muy trabajadas por artistas de los siglos XIII y XIV, pero poco frecuentes en nuestro tiempo. Lo hace además con esa manera de pintar que es como una actualización de las técnicas renacentistas, en la finura y fluidez de la pincelada y otros detalles constructivos de la obra, pero imponiendo su singular lenguaje, enraizado en la historia, la imaginación y el manejo de los colores y la composición, todos muy personales del artista”.

Con respecto al interés de su padre por los temas religiosos, Juan Carlos Botero asegura que este se debe a la marcada influencia del arte renacentista y a su crianza en Medellín: “Él nunca ha trazado una pincelada que no estuviera aprobada por la historia del arte, en la que el tema de la pasión es ya un clásico. Ahora bien, además de recuperar el asunto a la manera de los renacentistas, en cuanto a colores y formas, también retrata con ‘Viacrucis’ la realidad latinoamericana, en la que lo religioso siempre ha sido uno de los grandes poderes. Sin ser un católico practicante, la influencia de la religión es muy fuerte en mi padre, pues en su infancia era en las iglesias donde él podía acercarse a las grandes pinturas”.

Fernando Botero ya había abordado la religión con anterioridad, como lo demuestran sus obras ‘El tríptico de la pasión’ (1969), ‘Cabeza de Cristo’ (1976) y ‘Obispos muertos’ (1958). De allí que sorprenda ver las variaciones utilizadas por el artista en esta nueva colección. Un Jesús crucificado en medio del Central Park de Nueva York, un soldado moderno atravesándolo con la lanza, o la imagen del mismísimo Botero junto a los apóstoles desconciertan al público colombiano, tan católico y avezado en imágenes religiosas de tinte colonial; pero estas ocurrencias son en verdad sutiles guiños a antiquísimos pintores.

“Aquí el artista se concentra en un asunto que le permite hacer un nuevo homenaje a maestros del siglo XIII, XIV y XV, como Duccio di Buoninsegna (1255-1319), Giotto di Bondone (1266-1337) y el propio Masaccio (1401-1428), y reflexionar simultáneamente en torno a la poesía y el drama, la intensidad y la crueldad, que le aporta este pasaje en particular de la vida de Cristo, personaje descomunal según el propio Botero, que es representado más como un hombre torturado y ultrajado, antes que como un ser deífico”, afirma el magíster en Historia del Arte, Conrado Uribe, quien se encargó del catálogo de la exposición.

Ese Cristo ultrajado es a su vez un nueva denuncia por parte de Fernando Botero, tal como lo hizo en su momento con sus cuadros sobre la violencia bipartidista y las torturas de soldados norteamericanos en las cárceles de Abu Ghraib, todos muy polémicos en lo artístico y mediático. Como él mismo lo reveló en una entrevista en el 2007, “cuando los periódicos dejan de hablar y la gente deja de hablar, el arte queda”, y de allí que se haya sentido comprometido con estos tres temas.

Medellín confirma que sigue siendo La Meca del maestro, a donde todos los que quieran conocer su obra deben peregrinar. Y no solo a sus museos, pues sus esculturas salen al encuentro de los peatones en cada esquina de la ciudad, como sucede en el Parque Berrío con ‘La gorda’, el Parque San Antonio y su ‘Pájaro’, y las otras 23 que adornan la Plaza Botero. Gracias al maestro, la ciudad crece como un museo al aire libre.
LO MÁS VISTO