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El tango feroz de Luis Fernando Montoya

El tango feroz de Luis Fernando Montoya

Revista Jet-Set

A punto de cumplir 45 años en el teatro, y con más de cincuenta producciones, entre novelas y películas, el actor se alista para su autobiografía y una cinta con los tangos de Gardel. Pero antes, su hija Manuela rodará un documental inspirado en él, quien por el desespero de un mal momento terminó en una cárcel de Miami.
Con la telenovela Pero sigo siendo el rey, Luis Fernando Montoya comenzó una serie de producciones ligadas a la música popular como la ranchera y el tango. En la cinta La caravana de Gardel, de Carlos Palau, encarnará un personaje desgarrador que parece extraído de un tema de Gardel. Foto: Imagen Reina /12.
Por: 12/4/2012 00:00:00
El actor Luis Fernando Montoya llegó puntual a la cita, como lo hacía Carlos Gardel, recordado por su estricto cumplimiento hasta el punto de que ni siquiera hizo esperar a la muerte que lo sorprendió muy temprano en Medellín. En cuanto empezó a saludar a todos, Montoya se detuvo frente a dos maniquíes que estaban vestidos a la usanza de los bailarines de tango que los turistas encuentran en las calles del viejo Buenos Aires. “Este vestido rojo de lentejuelas se lo deberían poner a Shaio”, dijo mientras festejaba el chiste con la propia Shaio, su exesposa, y elogiaba con ella algunas fotos de los momentos de gloria del zorzal argentino que estaban colgadas en la pared más larga del restaurante.

La decoración, calcada de las tangueras del barrio porteño de San Telmo, no podía ser más propicia para que Luis Fernando hablara de su próximo papel en la película La caravana de Gardel, y que él mismo acentuó con sus poses dramáticas y apasionadas como si fuera un personaje extraído de un tango. Por unos momentos se tornaba lúgubre y atormentado, y en otros risueño y altivo para tratar de espantar los duros recuerdos del pasado. “Todo, en estos momentos, lo tengo revuelto”, aseguró, justo en estos días en que se alista para escribir sus propias memorias. Por supuesto habrá varios capítulos dedicados a la periodista Shaio Muñoz, quien hace más de veinte años acudió a su habitual desparpajo y se le declaró al actor. “Luis Fernando me encantaba desde que lo vi en Las Ibáñez. Me conseguí el teléfono y lo invité a salir. Esa noche nos dimos un beso tan profundo que quedé embarazada”. Los dos aprovecharon el flechazo de la primera cita, se fueron a vivir juntos y a los dos años terminaron la relación cuando Rossana, la única hija de la pareja, apenas era una bebé. “Él y yo nos separamos porque se me acabó la emoción del primer beso”, recuerda Shaio.

Esta especie de catarsis literaria que enfrentará el artista tendrá como preámbulo un documental inspirado en el actor que realizará Manuela, su hija mayor, una joven cineasta que cree que la vida de su padre tiene todos los ingredientes de un tango, como amores apasionados, mucha bohemia y cuatro años en una cárcel de Miami.

¿En sus memorias contará el episodio que vivió en la prisión por llevar drogas a Estados Unidos?
-Cómo no hacerlo, aunque mi vida en el teatro y muchas de mis aventuras son más apasionantes o dignas de contar. Voy a hablar de lo que pasó en esos días porque no he terminado de regresar. Me voy a quedar con ese fantasma para siempre. Todavía me ven como el que llegó de esa experiencia dura.

¿En el documental también le hablará de esto a su hija? -Que fuerte será todo esto, y más, cuando nos enfrentemos a los titulares de la prensa que salieron mientras estuve allá.

Pero usted ya está al otro lado… -Han pasado muchas cosas después de eso. Volví a trabajar. He tenido suerte, porque no estoy loco ni muerto. La mayoría de los que tienen esa experiencia quedan chiflados o en situaciones peores.

¿Por qué se ha demorado en escribir sus memorias si tiene mucho por contar? -No las he escrito porque he estado ocupadísimo viviéndolas. Creo que a estas alturas ya hay un margen de tiempo y una distancia para ver las cosas sin tanto apasionamiento y poder burlarme de mí mismo.

¿También hablará de los amores, como en los tangos? -Con la película La caravana de Gardel encuentro que muchos historias de las personas son similares a las que se cuentan en los tangos, con esas pasiones desgarradoras y de seres que se juran amor eterno.

Como artista, ¿no cree que ese es el ideal del amor? -Es un amor ideal que no existe. Viéndolo bien, mis amores han sido como los de los tangos.

¿Y de qué trata la película La caravana de Gardel? -No es la vida de Gardel como muchos creen. La caravana de Gardel, basada en un novela de Fernando Cruz, se nutre de la leyenda que rodea a los restos mortales de Gardel, que nunca se supo que suerte corrieron. La cinta relata la historia de unos arrieros que recorren los pueblos con la mortaja del cantante, en la época de la violencia.

No es Gardel, para desilusión de muchos que creen que usted se parece a él… -Dejemos que me sigan buscando parecido hasta con Robert de Niro.

¿Cuántos grandes amores ha tenido? -Dos amores. Uno es con María Estela Fernández, la mamá de Manuela, mi hija de 26 años, quien estudió Cine Documental en Londres y en Cuba después de estudiar Antropología. El otro gran amor es Shaio Muñoz, la madre de mi segunda hija, Rossana, que estudia Antropología en Brasil.

¿Por qué terminó con María Estela? -Fueron siete años de relación y no me acuerdo cuál fue el motivo. Creo que no nací para el matrimonio. Esa institución no va conmigo.

¿Y por qué se acabó la relación con Shaio? -No es una mujer de hogar, que llaman. Es buena mamá y amiga, pero no se pudo, y punto. Con ella quedó un vínculo muy fuerte que nutrió nuestra hija.

Entonces, si se puede ser amigo de la ex… -Cuando se sanan las heridas, sí. Nos hablamos todos los días.

¿Fue muy duro separarse de ella? - Todos hemos tenido amores desgarrados. Fue doloroso, pero no hablo más.

Pero no como para cortarse las venas… -Todos nos hemos cortado las venas de manera figurativa. Todos hemos tenido amores dolorosos.

¿Ahora tiene pareja? -No. Vivo solo, pero no me siento solo. Estoy más tranquilo.

No está hecho para el matrimonio, pero sí para la paternidad… -Soy buen padre, pero quisiera ser mejor. Lo triste es que los niños se van. Vuelan. Es muy rápido y corta la estancia de ellos en la casa. Uno como padre quisiera tenerlos ahí, pero no se puede.

Su amor por el tango viene de su casa… -Me gusta el tango porque tiene ese dramatismo y tragedia que le dan dignidad al dolor. Mis papás, Enrique Montoya y Lucila Correa, fueron arrieros que escuchaban estas melodías. El tango refleja las pasiones más terrenales, como la muerte por celos. Nuestras vidas tienen mucho de los tangos.
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