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¿Cuánto vale ser princesa?

¿Cuánto vale ser princesa?

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Las herederas de los tronos de Europa aún no han sido coronadas, pero ya se dan verdaderas vidas de reinas. Así lo demuestran las grandes sumas, pagadas por los súbditos, que sustentan el fasto de sus palacios, sus ricos joyeros y sus viajes por el mundo, según un reciente informe de la revista francesa Point de Vue.
Victoria con su esposo Daniel Westling en la boda de Alberto de Mónaco en julio pasado. Lució la tiara ‘Fringe’, una pequeña muestra de su opulento joyero. Foto: AFP.
Por: 22/12/2011 00:00:00
Victoria de Suecia
6’165.000 euros anuales
La más rica

Heredera del trono sueco por derecho propio, su suntuoso tren de gastos se incrementó con su matrimonio con el plebeyo Daniel Westling el año pasado. A los más de seis millones de euros que se gastarán los príncipes en este 2011, hay que sumarles los cerca de 20 millones de euros que costó su boda, otros cinco para acomodarlos en su palacio de Haga, en Estocolmo, cuya seguridad y mantenimiento significaron una partida extra de 894.300 euros en el 2010.

El presupuesto de Victoria se va en pagar su staff: gran chambelán, secretaria, dama de compañía, dos escoltas (para los viajes oficiales), y el servicio doméstico de Haga. Es dueña además de dos autos de alta gama: un Volvo y un Lexus y tiene a su disposición el invaluable joyero de la Casa Real, verdadero derroche de tiaras y aderezos de los mejores orfebres del mundo. Victoria es juiciosa, pero cada vez que puede se da sus escapadas, en jet privado, a paraísos como Polinesia.

En cuestión de ropa prefiere a los diseñadores suecos Pär Engsheden y Lars Wallin, pero también se viste de extranjeros como Armani y Elie Saab. Sin embargo, no todo tiene que ser exclusivo, pues la enloquecen las colecciones prêt-à-porter de H&M, cuyo vicepresidente es su amigo.

Camilla de Inglaterra
3’000.000 de euros anuales
Princesa a la fuerza

Preferiría vivir en una finca consintiendo a sus nietos y a sus perros, pero su casamiento con el heredero inglés la obligó a transformarse en una opulenta princesa.

Su archimillonario marido, Carlos de Gales, no recibe plata del erario, sino del Ducado de Cornwall y otras posesiones, que le reportan unos 23 millones de euros al año, suficientes para mantener un staff de 159 personas entre mayordomos, jardineros, secretarios, asistentes, cocineros y vestuaristas que sirven a la pareja en su vida pública y privada. Solo en entretenimiento y recepciones, los esposos gastaron en el último año más de 375 mil euros, según The Prince of Wales and Duchess of Cornwall’s Review for 2011, su más reciente informe financiero oficial. Sus viajes por Gran Bretaña y el mundo, además, costaron un millón 100 mil euros.

Aunque tiene gustos sencillos, Camilla no puede evitar los gastos anuales propios de una dama de su alcurnia siempre bajo el escrutinio público: 70 mil euros en cortes y tintes de pelo, 41 mil euros en maquillaje, 1.700 euros en sesiones de spa, 350 mil euros en 65 trajes de Anne Valentine, 17 mil euros en sombreros de Philip Treacy, 46 mil euros en zapatos a la medida de LK Bennett, 14 mil euros en ropa interior exclusiva para ella de Rigby & Seller y 7.500 euros en inyecciones de bótox cada seis meses. Y eso que esta danza de millones no incluye el dineral que cuestan sus funciones oficiales.

Letizia de España
Su presupuesto es un misterio
El secreto mejor guardado de la realeza europea es cuánto valen los gastos del príncipe Felipe y su esposa Letizia, Príncipes de Asturias, porque el rey Juan Carlos I, padre de él, recibe una partida anual del Estado y no está obligado, según la Constitución, a desglosar cómo la reparte entre su familia. Lo cierto es que una buena tajada de los 8 millones 434 mil euros que se le asignaron al monarca este año han servido para mantener a la Princesa, la más elegante y popular de la realeza española. Pero en la práctica, explicó Point de Vue, sostener a la Corona cuesta más de 25 millones de euros, teniendo en cuenta que los gastos de sus edificios y nómina, así como el mantenimiento de su yate y sus carros también dependen del Estado.

La Casa del Rey se negó a darle cifras a Point de Vue, pero es obvio que los Príncipes viven como millonarios. En Madrid, habitan un lujoso palacete cerca del Palacio de la Zarzuela (donde vive el Rey), de 1.770 metros cuadrados, que costó más de cuatro millones de euros hace nueve años. Letizia no lo redecoró al casarse con Felipe en el 2004, pero la llegada de sus hijas Leonor y Sofía ha supuesto reacondicionar espacios para ellas, sus niñeras, escoltas y asistentes. Los herederos poseen otros dos palacios en Asturias y Mallorca, donde veranean.

La formación de Letizia como futura Reina de España también genera gastos. Paga profesores de las lenguas cooficiales del reino, como el catalán, el euskera y el gallego, y de Historia de España. Aunque se turna las tiaras del joyero real con su suegra, Felipe la ha dotado de una colección propia de alhajas. Y si bien repite a menudo vestidos, se da gusto en cuestión de ropa. Eso sí, prefiere a los grandes modistos españoles como Felipe Varela y marcas como Zara, Massimo Dutti y Mango, en especial ahora que la crisis económica le exige promocionar la industria de su patria.

Mary de Dinamarca

2’430.000 euros anuales
La más elegante

La consorte de Federico de Dinamarca es llamada “la Imelda Marcos del Norte”, por su gusto por los trajes y zapatos caros, en los que se dice gasta unos 2.500 euros diarios, más de 6 millones y medio de pesos. Solo sus gastos personales valen 243 mil euros, 10% de la asignación anual de la pareja, con los cuales compra diseños de Casas como Prada, Gucci, Hermès, Chanel y Hugo Boss, a las que les debe su lugar en la lista de los mejor vestidos del mundo, de la revista Vanity Fair. Si se pasa del presupuesto, su marido le pone el resto. Como complemento, su suegra, la reina Margarita, le ha regalado un costoso joyero, que incluye la impresionante tiara floral de la reina Ingrid.

La pareja bota la casa por la ventana cada verano en una lujuriosa travesía en yate por el Mediterráneo, aunque este año resolvió cambiar y optó por pasar julio en su palacio estival de Fredensborg, y agosto por las costas danesas a bordo del Dannebrog, el yate real, con despliegue de pompa en cada puerto.

Los futuros reyes habitan un ala del palacio real de Amalienborg, en Copenhague, a la cual le han invertido 30 millones de euros en remodelación y mobiliario. Allí, los sirve un equipo de once personas que consta de jefe de la corte, jefe de oficina, enfermera, secretarias, etc., a los cuales se suman cuatro niñeras, una para cada unos de sus hijos, Christian, Isabella y los gemelos Vincent y Josephine.

Mette-Marit de Noruega

830.000 euros anuales
De callejera a reina consorte

Atrás quedó su pasado de niña problema, que tuvo problemas con las drogas y fue madre soltera muy joven, para dar paso a una elegante princesa nórdica sobre cuyas sienes reposan las diademas más fastuosas de Europa y viste de largo al menos una vez por semana. Junto con su esposo, el futuro rey Haakon de Noruega, forma una de las parejas más mundanas de la realeza, presente en inauguraciones, visitas oficiales, conferencias, galas reales, cumpleaños y un sinfín de compromisos que la asignación oficial de 830 mil euros cubre sin excesos, pero también sin carencias.

El mayor gasto de la pareja últimamente se ha concentrado en reparar su palacio, Skaugum Estate, que data de 1932 y cuyo funcionamiento exige 612 mil euros anuales. Allí, sirve a la pareja una nómina de 14 personas, entre las que se cuentan tres niñeras para sus tres hijos, Ingrid, Sverre y Marius.

De todos modos, Mette-Marit conserva sus gustos hippies, de modo que incluye a sus hijos en los viajes de su agenda real porque cree que eso los educa. Además, no negocia las temporadas familiares en la pequeña casa que poseen en la isla Flatholmen, lejos del boato de la corte.

Matilde de Bélgica
788.000 euros anuales
La más sobria

Lleva una vida muy familiar en la planta baja del histórico Palacio de Laeken, en Bruselas, ciudad en donde no es raro verla recogiendo a sus hijos mayores, Elisabeth, Gabriel y Emmanuel, en un viejo colegio jesuita, o paseando con la bebé Eleonora. Al contrario de otras familias reales, sus vacaciones son en una granja en las isla de Loppem, donde la familia principesca cruza el ferry como cualquier hijo de vecino. Allí, compran en la panadería del pueblo y degustan una copa de vino en los muelles. Cuando van a otros lugares, los Duques de Brabante y su hijos viajan en clase económica. Si no fuera por su escolta, nadie creería que se trata de los herederos de uno de los tronos más ricos del mundo.

Ya investida como futura reina de los belgas, Mathilde, hija del conde D’Ukedem D’Acoz, se viste “realmente” correcta, con diseños de líneas sofisticadas de Vermeulen, quien es además el decorador de la corte. Pero su sobriedad no le resta la suntuosidad de una reina, pues cuando toca, sabe desplegar grandes sombreros, diamantes en el cuello y tiaras que compiten con las mejores de la realeza europea.

Máxima de Holanda
624.000 euros anuales
La consorte exuberante

Los más de 620 mil euros que recibe la argentina del Estado palidecen frente al millón 376 mil de su marido, el príncipe Guillermo, y los 93 millones para gastos de su suegra la reina Beatriz, cuya fortuna asciende a 158 millones de euros, según Forbes.

Con su nutrida chequera, Máxima compra los ampulosos trajes y sombreros, muchos de ellos en colores fuertes, que la han hecho famosa, de modistos como Valentino, autor de su traje de novia, y Vermeulen. Su vestuario es tan célebre en su patria adoptiva, que hace poco se exhibieron sus piezas más emblemáticas en una muestra con motivo de los diez años de su boda con el heredero real.

Tan activa como Letizia de España o Mary de Dinamarca, su personal de apoyo es todo un escuadrón, formado por secretarias, conductores, mucamas, cocineros, jardineros y niñeras, además de las siete damas de compañía puestas a su disposición por la Corona.

Los futuros reyes viven en el palacio de Eikenhorst, cerca de La Haya, de 600 metros cuadrados, redecorado enteramente por la Princesa y rodeado de una reserva ornitológica de 415 hectáreas. Además, los Príncipes acaban de comprar una casa campestre en la Patagonia, que les costó 3,5 millones de dólares, aunque también les encantan las vacaciones en el glamuroso Gstaad, Suiza.
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