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Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la amante del Rey

Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la amante del Rey

Revista Jet-Set

El peor escándalo de la realeza de España es protagonizado por esta princesa alemana, de quien se dice que es la amante del rey Juan Carlos I. Él la lleva a sus viajes oficiales junto a su esposa la reina Sofía y hasta la tiene instalada en el Palacio del Pardo, según la prensa española.
Se convirtió en Princesa por su boda con Casimir zu Sayn- Wittgenstein, once años menor que ella. Conservó su título por su acuerdo de divorcio en el 2005, además del tratamiento de Serenísima Alteza. Años antes estuvo casada con un empresario alemán. Foto: Dpa Alliance.Other Images Press
Por: 10/5/2012 00:00:00
En un país poco monárquico como España, a Juan Carlos I se le reconoce la brillante obra de convencer a sus súbditos de que la Corona es el mejor garante de su democracia. En 37 años de reinado, con su personalidad arrolladora, le devolvió a la realeza la magia perdida en 1931, cuando se proclamó la República y su abuelo Alfonso XIII fue destronado. Con este descendiente de 17 reyes hispanos, la anacrónica institución recuperó como por un milagro su prestigio, pero ahora se sume en una crisis sin precedentes que tiene nombre de mujer: Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la última de las más de mil conquistas con las que el monarca le ha sido infiel a su esposa Sofía.

Su buena gestión le aseguró al Rey el carácter intocable de su vida privada, pero eso ya es historia. España está escandalizada con la avalancha de revelaciones de alcoba y otros lunares que han aflorado en los últimos meses sobre la Familia Real, como el juicio por corrupción a Iñaki Urdangarín, yerno de los Reyes, y el escopetazo accidental de su nieto Froilán de Marichalar. Pero además hay estupor con la apertura con que la prensa ventila tales asuntos, que hasta hace poco eran innombrables. En medio de ese vuelco, Corinna es hoy la personificación de la caída del mito de la personalidad inviolable del Rey y su nombre resuena en todo el mundo.

El mal rato de Juan Carlos comenzó cuando un accidente que sufrió cuando estaba de cacería en Botswana, África, destapó, para repudio general, que allí había dado muerte a un elefante. El monarca, en un hecho nunca visto en mil años de realeza hispana, tuvo que disculparse, pero lo peor estaba por venir. Al parecer, por indiscreciones de un funcionario de la Casa del Rey (la institución que maneja sus asuntos), se supo que en su típica diversión de reyes él no estaba solo, sino con esta bella y elegante alemana con la cual se le ha vinculado sentimentalmente en los últimos años en voz baja.

El papayazo del Rey, con su actitud poco amigable con la fauna, además de ostentosa, cuando su país vive una de sus peores crisis económicas, les dio a los medios la oportunidad de hurgar en el “affaire Corinna” y su ascendiente en la vida del Rey, al punto de que ya la llaman, “la otra reina de España”. ?Ella es otra cenicienta moderna, pues nació en 1965 en el seno de una familia plebeya, aunque de buena posición social. Su padre, Finn Bönning Larsen, representaba a la aerolínea Varig en Europa y se hizo un nombre en Frankfurt, donde nació Corinna, como mecenas de la cultura.

Hoy a ella se le reconoce como una mujer volcada en las obras sociales y humanistas, pero en su juventud mostró una veta mundana que disgustaba a Finn, quien la condujo al altar para su primera boda, a los 25 años, con el empresario británico Phil Atkins. Tras el nacimiento de su única hija, Nastassa, el matrimonio se acabó y ella inició una larga relación con Gert-Rudolf Flick, de una de las familias más acaudaladas de Alemania y con quien no cristalizó sus planes de boda a finales de los 90.

Para entonces, Corinna ya se movía como pez en el agua en los círculos de la riqueza y la aristocracia y ello le permitió conquistar a Casimir zu Sayn-Wittgenstein, once años menor que ella y vástago de una vieja Casa principesca alemana emparentada hoy con la realeza danesa. Cuando el romance fue en serio, la familia de él se opuso por el origen plebeyo de Corinna, pero de todos modos se casaron, por lo civil en el 2000 y por la Iglesia al año siguiente. Empero, la unión, que dio por fruto a un hijo, Alexander, tampoco perduró. Por su acuerdo de divorcio en el 2005 ella conservó el título de Princesa y el tratamiento de Serenísima Alteza.

Sobre su aparición en la vida del Rey se tejen dos hipótesis. Según Que.es fue ella la que organizó la luna de miel de Felipe, el heredero del Rey, y su esposa Letizia, a través de una agencia de viajes para clientes VIP que representaba. Otra versión asegura que se conocieron en los Premios Laureus, en Barcelona en el 2006.

Corinna se unió así a María Gabriela de Saboya, la condesa Olghina de Robilant, la decoradora Marta Gayá, la cupletista Sarita Montiel y una larga pléyade de amantes del monarca. Lo peculiar de ella es que quizás es la que más lejos ha llegado, de modo que recuerda a amantes de reyes famosas como Madame de Pompadour o Madame de Maintenon, que se paseaban cómodamente por los palacios reales.

Según publicaciones como Semana y El Mundo de España, y Bild de Alemania, el Rey la llevó a la visita oficial a Arabia Saudita en el 2006, en el mismo avión en que iba con Sofía. Por los usos musulmanes, hombres y mujeres llevaron agendas separadas, pero Corinna fue la excepción, pues acompañó al Jefe de Estado en varios eventos oficiales. Se dice que ella iba como “consejera estratégica” de él, aunque según el portal Vanitatis la Casa del Rey asegura que su presencia allí se debió a un pedido de la firma saudí Sagia, a la cual ella asesoraba. También ha causado revuelo su presencia en la alfombra roja del recibimiento que le tributó la ciudad de Stuttgart en el 2006 al Rey, con quien además se sentó en la cena de gala.

Más delicadas son las informaciones de Elpulso.es, que asegura que ella, como cualquier querida real de otros tiempos, tiene su propio chalet en el Palacio del Pardo, una de las sedes reales en Madrid y viejo coto de caza de los Austria y los Borbón. Allí, Corinna organiza las cacerías del Rey y además oficia como anfitriona de los convites, usurpando el lugar de la Reina, quien detesta ese deporte.

Sería tal el lugar conquistado por la princesa, que hace unos meses él invitó a cenar a sus tres hijos, Elena, Cristina y Felipe para notificarles, de una vez por todas, la verdadera naturaleza de su relación con ella.

La Reina, por su parte, aparenta haberse cansado de su papel de traicionada resignada y a raíz del lío de Botswana se hizo sentir: visitó por escasos 25 minutos a su marido en la clínica donde fue atendido por el accidente y no suspendió su viaje a Grecia a reunirse con su familia (nació como Princesa Real de ese país). Ha sido su única pataleta pública en más de tres décadas.

Según la periodista Pilar Eyre en su reciente libro La soledad de la Reina, poco después de su subida al trono ella descubrió a Juan Carlos con otra mujer y desde entonces duermen en pisos separados y se tratan prácticamente por la vía de lo institucional. Pero la farsa ha quedado al descubierto, poniendo a la monarquía en tal peligro, que muchos ya piden la abdicación del Rey en Felipe, a quien muchos ven como un hombre de mal talante, o al menos desprovisto de la magia que le permitió a su padre ser un brillante rey de día y un donjuán sin rival de noche.
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