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Adolfo Hitler y Eva Braun

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Adolfo Hitler nunca estuvo demasiado ocupado para el amor, pero le faltó tiempo para dedicarle su vida a una sola mujer. La única que logró robarle el corazón fue Eva Braun, con quien se caso y, dos días más tarde, se suicidó en un bunker de la Chancillería de Berlín.
Archivo Jet-Set. Edición 14/Septiembre 1999
Por: 20/9/2011 00:00:00
Adolfo Hitler nunca estuvo demasiado ocupado para el amor, pero le faltó tiempo para dedicarle su vida a una sola mujer. La única que logró robarle el corazón fue Eva Braun, con quien se caso y, dos días más tarde, se suicidó en un bunker de la Chancillería de Berlín.
 
Adolfo Hitler nunca quiso casarse porque creía que las mujeres podá pensar que era un hombre débil. Por eso prefirió tener muchas aventuras, primero con mujeres mucho mayores que él y después con adolescentes, que definitivamente prefirió porque las amantes novatas disminuían el complejo sexual que le producía la falta de su testículo derecho.
 
Eva Braun era la candidata perfecta: dulce, inexperta, inteligente, valientes y sobre todo dócil. Se conocieron en el estudio de Henry Focwell, el fotógrafo personal de Hitler, quien tenía como asistente a la diligente Eva, La verdad es que ninguno de los dos le dio muchas importancia a aquel primer encuentro y sólo cuando descubrieron su común afición a la ópera, empezaron a relacionarse. Unos meses después ya se les veía juntos en los restaurantes preferidos del Führer y hasta en las fiestas privadas de la familia Braun.
 
Pronto los amigos de Hitler comenzaron a familiarizarse con la joven fotógrafa, sin saber que entre ellos el romance ya era muy serio. Tanto, que antes de que ella fuera mayor de edad se entregó a él convencida de que la amaba y de que se casaría con ella. Pero Hitler, asustado ante la posibilidad de un compromiso, no sólo no se casó sino que poco a poco empezó a alejarse sin ninguna explicación. Eva, decepcionada, intentó suicidarse. El Führer, que podía ser cruel y despiadado, pero nunca descortés, le envió ramos y cariñosas notas al hospital. Sin embargo, nunca fue a visitarla.
 
Al mes siguiente, y como siempre por iniciativa de Eva, la pareja volvió a encontrarse y se reactivó el romance. Entonces, más por tranquilizar su conciencia que por amor a ella, Hitler le construyó una villa en las afueras de Berlín, le regaló uno de los primeros Volkswagen ensamblados en Alemania e incluso llegó a invitarla a la Chancillería, pero debía entrar por la puerta del servicio.
 
La constancia, producto dl inmenso amor que ella sentía por su amante, hizo que poco a poco el se acostumbrara a su presencia y comenzara a enamorarse.
 
Sin embargo, Hitler conoció después a una inglesa experta en documentales llamada Unity Mitford, quien le hizo olvidar,, al menos momentáneamente, sus sentimientos hacia Eva. Cuando ella se enteró de la infidelidad de su amante trató de suicidarse por segunda vez y entonces Hitler comprendió que ya no podía dejarla.
 
Lo que siguió después fue la única experiencia monógama del Führer. Sus visitas a la villa se volvieron cada vez más frecuentes hasta que la persecución aliada obstaculizó su romance. Pero ella, en una demostración máxima de valentía y amor, llegó hasta la Chancillería para apoyar a su amante. Ya perdida la comunicación con el exterior, le propuso matrimonio. Se casaron por lo civil, el 28 de abril de 1944, a las dos de la madrugada. Dos días más tarde, a las 5:30 de la mañana, se suicidaron. Sus cuerpos calcinados fueron encontrados dos días después por los militares rusos

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