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William y Kate, boda a la vista

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La prensa rosa de Inglaterra y Estados Unidos asegura que el Príncipe inglés y su novia se casarán este año en un espectacular matrimonio de 40 millones de dólares.
Se hicieron novios en el 2002 cuando estudiaban Historia del Arte, en Escocia, donde compartían una casa de estudiantes. Tras su boda serán nombrados Duques de Cambridge. Foto: AFP.
Por: 17/6/2010 00:00:00
Este podría ser el último matrimonio de la monarquía británica, pues es poco probable que esta anacrónica institución subsista muchos años por sus frecuentes escándalos. Además, es posible que William suceda a su abuela, ante la renuncia de su padre Carlos al trono.

La periodista Tina Brown, ex editora de Vanity Fair y muy cercana a la realeza, prendió las alarmas hace dos meses, al asegurar que en este mes de junio el Palacio de Buckingham anunciará por fin el matrimonio del príncipe William, hijo mayor de Carlos de Gales, heredero del trono, con la plebeya Kate Middleton, de 28 años, proveniente de una familia de prósperos empresarios.

Brown decía que el enlace podría tener lugar en el 2012, cuando la reina Isabel II, abuela de William, celebrará 60 años de reinado, pero parece que el suceso será en cuestión de meses, según la revista estadounidense Star. “William siempre ha dicho que estará listo para casarse después de cumplir los 28, este 21 de junio. La oportunidad es perfecta para una boda”, le dijo a la publicación el especialista en realeza Nicholas Davies, autor del libro William: King for the 21st Century. Y aunque los voceros de la Casa Real desmienten el rumor, la madre de Kate, Carole, avivó la intriga con su comentario de que “junio será un mes muy agitado para la familia”. Por tradición, además, la realeza anuncia sus matrimonios a pocos meses del gran día.

Pero más allá del protocolo, el enlace adquiere impotancia ante dos hechos cruciales. Por una parte, su consecuencia inmediata sería la cesión del trono por parte de Carlos a William, de modo que el sucesor de la Reina sería su nieto. Por otro lado, esta será seguramente la última gran boda del trono inglés, pues es poco probable que esta anacrónica institución subsista muchos años, dado su gran número de escándalos.

Los preparativos ya están en marcha y, por eso, fuentes cercanas a los novios y uno que otro chismoso de Palacio, pudieron darle a Star un abrebocas de lo que será esta nueva demostración de la fantasía del trono.

La monarquía inglesa, a un costo de 40 millones de dólares, botará la casa por la ventana, para brindarle a sus súbditos y al mundo entero un espectáculo tan o más opulento que la boda de los padres de William. Si en aquel 21 de julio de 1981 más de 750 millones de televidentes presenciaron asombrados el cuento de hadas hecho realidad de la inolvidable Lady Diana Spencer, fallecida en 1997, ahora se calcula que la audiencia de las nupcias de su hijo no sea menor a tres mil millones de personas.

Será la boda del siglo, con su derroche de tradiciones centenarias, elegantes vestidos y el centelleo de las joyas de los cofres más ricos del mundo. Todo bajo el magnífico escenario de la Catedral de San Pablo de Londres, la misma donde se casó Lady Di, que acogerá al menos a 2.500 invitados entre dignatarios y celebridades. Para la realeza europea, por ejemplo, esta será una invitación de familia, ya que la dinastía Windsor está emparentada con todas las testas coronadas del continente. Además de ser escenario de una cumbre de monarquías, el Palacio de Buckingham también alojará a personalidades como la primera dama estadounidense, Michelle Obama, quien emulará a su antecesora Nancy Reagan, que en el 81 asistió a la boda de Carlos y Diana. Por el show business, haciendo de lado sus reticencias, la Reina será anfitriona de Elton John, Paul McCartney, Phil Collins, Kelly Osbourne, el rapero Jay-Z, Beyoncé, Shania Twain y Nicole Richie, de acuerdo con Star. En fin, cunde la especulación, pero sí se sabe de dos personajes que rotundamente no serán convocadas: Estefanía de Mónaco, por su escabrosa historia; y Sarah Ferguson, por su reciente traición a su ex esposo, el príncipe Andrés, tío de William.

Nace una princesa

Pero ese día los Windsor olvidarán lo bochornoso y verán a Kate convertirse en princesa. Un millón de curiosos se agolparán en las calles de Londres para ver su carroza de oro y cristal partir de Clarence House, la casa de William, donde pasará su última noche como plebeya. Su vestido sólo podrá ser apreciado cuando descienda del carruaje y su padre, Michael Middleton, la conduzca al altar de San Pablo, donde el Arzobispo de Canterbury, máximo jerarca de la Iglesia anglicana, bendecirá su unión con William.

Luego de la boda, sólo cien invitados acompañarán a los novios en un refrigerio con viandas de las fincas reales, como salmón del Castillo de Balmoral, por ejemplo. El brindis será con champaña Krug, de la cual la Reina ya encargó 50 cajas.

Un largo camino al altar

Kate Middleton se deshará por fin del lastre de ser llamada “Waitie-Katie”, algo así como “Katie la que espera”, por los ocho años que lleva su noviazgo con William, marcado por las mordaces críticas por su origen de clase media.

Pero ello no pudo con este camino hacia una vida de privilegios que comenzó en el 2002, cuando era una de las más bellas de la Universidad de San Andrés, en Escocia, donde compartía las materias de Historia del Arte con el príncipe. El 27 de marzo de ese mismo año, él dejó de verla como una más, cuando impactó en la pasarela de un desfile de modas. “¡Guau! ¡Kate está buena!”, le dijo a su amigo Fergus Boyd. A los pocos días, la abordó en un bar, donde se le presentó simplemente como “William Wales”.

Desde ahí, se volvieron inseparables, arrendaron una casa de campo junto con otros dos compañeros y, cuando regresaron a Londres, se convirtieron en la pareja de moda.
En el 2007 rompieron por unos meses. Cuando volvieron, se fueron de vacaciones a las Islas Seychelles, donde William le juró a Kate que era la mujer de su vida, mientras que ella le prometió esperarlo. “William no va a cometer los mismos errores de sus padres”, dice Andrew Morton, biógrafo de Diana, quien recuerda que ellos llevaban 28 días de conocerse cuando él habló de matrimonio. “Will y Kate han tenido tiempo para conocerse”, concluye.

Estos años, de otra parte, le han servido a Middleton para prepararse en asuntos de protocolo, ganarse el cariño de la Reina y demostrar que tiene talla de princesa. “Su conducta ha sido impecable, de completa dignidad, lo que no se puede decir de William y su hermano Harry”, agrega Nicholas Davies.
Tras la boda, es de esperarse, Isabel II, de 84 años, le irá cediendo paso poco a poco a Kate en apariciones públicas y obras de caridad, tal como en su momento sucedió con la que hubiera sido su suegra, Lady Di, cuya truncada historia podría retomar el hilo de la mano de estos bellos príncipes del siglo XXI.
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