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Valeria Mazza, la modelo de carne y hueso

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La vida de la hermosa Valeria Mazza corresponde a la de una mujer dinámica y de nuestros tiempos: diseña moda para Falabella, escribe para un periódico de Argentina y presenta un exitoso reality show.
A los 38 años, Valeria Mazza, la argentina más famosa del modelaje mundial, lleva una alimentación sana y practica deportes, pero sin llegar a la obsesión por la belleza. “La lucha contra la vejez es una lucha perdida”, dice en cada una de sus entrevistas. Foto: Cortesía Falabella.
Por: 24/6/2010 00:00:00
Pero, ella se define como una dama que no oculta los años y que prefirió tener a sus cuatro hijos en partos naturales. Así habló con Jet-set desde su casa en Buenos Aires.
A diario, la modelo argentina Valeria Mazza se enfrenta a uno de los comentarios que más molesta a algunas mujeres. Nunca faltan las personas impertinentes que le recuerdan en su cara los años que cumplió, como insinuándole que en poco tiempo llegará al cuarto piso. “No me quito la edad. Tengo 38 años y el balance es positivo. He hecho muchas cosas buenas. Por eso estoy muy agradecida”, admite, cuando tiene claro que en esta etapa de los 30 dejó de vivir de las pasarelas para dedicarse a las actividades de una dama todera y con éxito en la televisión, el periodismo de moda y el diseño.

El nombre que construyó durante 20 años en el modelaje se consolidó como una especie de marca de prestigio en esta parte del continente americano. Aún vigente, en estos días, Valeria conduce el reality de peluquería Proyecto co-creations, escribe una columna de opinión y una colección de fascículos de estilo de vida para el diario argentino El Clarín, y diseña parte de las colecciones para los almacenes Falabella.

La fascinación que ella despierta aún en el mundo de la moda, va más allá de la blonda cabellera que le dio el apelativo de ‘la Claudia Schiffer latina’, desde el cenit de los años 80, cuando posó para las campañas de Versace y Gucci. Los publicistas, en su afán de dirigir sus productos a las amas de casa, han capitalizado la historia personal de la top model, que a la postre se parece a la de 60 por ciento de las mujeres argentinas que trabajan y crían a sus hijos a la vez.

Valeria Mazza, casada con el empresario Alejandro Gravier y con una prolífica familia de cuatro niños, distribuye las arduas obligaciones del trabajo con la elaboración de loncheras, las tareas de los niños y los paseos de la numerosa prole. Este tipo de vida hogareña la ha acercado aun más a los millones de mujeres cotidianas que quisieran ser como ella.

Aunque en este mundo, como sacado de la utopía de la dama perfecta, no faltan los críticos que buscan perturbarla durante las tardes en su residencia, que le roban tanto o más horas que las jornadas laborales. Hace un tiempo, por ejemplo, pusieron en su boca algunas palabras que, según ella, jamás mencionó: “Por ahí afirmaron que yo dije que la marihuana produce celulitis. ¡Por Dios!, eso es una gran mentira”. Algo similar pasó en Colombia con la modelo Natalia París, a quien también le atribuyeron este tipo de declaraciones.

Como si fuera poco, las personas que a diario buscan intranquilizarla reviven en Internet los fragmentos de una entrevista que jamás concedió: “Hay quienes aseguran que yo afirmé que Pinochet era un gran personaje. Es falso desde todo punto de vista”. Los rumores, igual, generaron malestar entre los activistas que siguen luchando contra la violación de los derechos humanos en el Cono Sur.
Pero, las bromas pesadas no terminan ahí. Hace algún tiempo la enfrentaron a los grupos gay de Argentina al atribuirle otra frase que nunca salió de sus labios. Ella aún no sabe de dónde explotó el chisme relacionado con su supuesto rechazo a la adopción de niños entre los homosexuales: “Yo no sería capaz de atacar de esa manera. Soy respetuosa”.

Con la responsabilidad de la crianza de sus cuatro niños, la afamada modelo se ajustó a los valores de tradición familiar y a una vida ‘normal’, como la de muchas señoras casadas y con hijos que caminan por el populoso barrio Boca de Buenos Aires. Valeria decidió que los cuatro partos, por ejemplo, fueran naturales y no por cesárea, como en los tiempos de las abuelas.

En este afán de explicar que es una madre y esposa consagrada, ella emprendió su propia cruzada para denunciar cada una de las páginas Web de adultos que utilizan su nombre y fotografías para vender ‘fantasías sexuales con las rubias más hot’. “No permito que maltraten mi nombre de esa manera. Por eso soy la primera en atacarlos”.

El prestigio que ha adquirido en los negocios y cada una de sus actividades, también ha estado salpicado del estigma de ‘chica banal’ que camina detrás de las modelos aun más respetadas. Cuando salió al mercado su libro ¿Qué me pongo?, una guía práctica para construir un ropero recursivo y de buen gusto, no faltó quien dudara de su genialidad para escribir acerca de los temas de la moda. Sólo el tiempo y su exitosa columna dominical en El Clarín la han liberado del sello de la estigmatización.

Ahora, en buen retiro de las pasarelas, la argentina sólo participa en uno que otro desfile de amigos diseñadores o modela para las fotografías de sus propios diseños para Falabella. En esta última actividad, y aunque parezca extraño, Valeria no es partidaria de que la retoquen digitalmente, aunque sea por el beneficio de quitarle unos cuantos años de encima: “La exageración del photoshop desdibuja a las personas hasta el punto de que parecen de mentiras. Lo importante es que yo sigo viéndome como soy en mis fotos”. Una mujer rubia, pero real, de carne y hueso.
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