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Sophia Vari: “Me siento tan colombiana  como griega”

Sophia Vari: “Me siento tan colombiana como griega”

La esposa de Botero

La afamada escultora griega le concedió esta entrevista a Jet-set sobre su arte y cómo conoció a celebridades como María Callas. También habla de su vida al lado de su esposo, el pintor Fernando Botero, y de su inmenso amor por Colombia.
La artista en el estudio de su casa en Grecia, rodeada de sus acuarelas. “Hoy, es muy importante que cuando la gente vea una obra perciba felicidad, tranquilidad, algo que le ayude a vivir”, dice.
Por: 5/5/2011 00:00:00
Las fotos que acompañan el reportaje fueron tomadas en la bella casa de la pareja en las Islas Griegas por el gran fotógrafo Massimo Listri.

Su exposición en Madrid es noticia por estos días en el mundo del arte… -Sí. Fui invitada por el Alcalde de la ciudad para exponer en el Paseo de la Castellana quince esculturas monumentales, luego de exhibiciones en ciudades como París, Monte-Carlo y Florencia. Para Madrid, hice dos esculturas de cuatro metros de altura que se muestran por primera vez.

¿Cuál es la inspiración de estas obras? -No tengo una inspiración especial. Uno hace su arte porque tiene convicciones muy específicas y encuentra su estilo con los años.
¿Y cuáles son para usted esas convicciones? -Comenzaron con mirar mucho el arte, sobre todo el arte clásico, por mi origen griego. A los 17 años, me fui a París y visité mucho el Louvre. En México, estudié las culturas maya y olmeca, y sentí un impacto enorme con esa monumentalidad, lo mismo que en Egipto. Todo eso sirve para definir lo que a uno le gusta.

Por esos años conoció a María Callas, su compatriota… -Fue en una comida que hizo mi madre, porque María conocía muy bien a mi familia. Después me vi con ella en París y luego la oí cantar su maravillosa ‘Medea’, en el Teatro de Epidauro, en Grecia. Su voz estaba al máximo, era su momento de oro.

¿Y cómo era ella? -Yo tenía una admiración total por la manera como cantaba más que por su persona. Era muy dura, muy radical, para nada afectuosa. La vi muchas veces y le hice un retrato. Yo ya estaba convencida de lo importante que era ser artista, pero ella terminó de convencerme (con el ejemplo), porque trabajaba como una loca, tenía una pasión total por su canto. Por ella supe que esta era la única manera de vivir.

Por esos años también conoció en Londres al gran maestro de la escultura moderna, Henry Moore… -Vi en una revista sus esculturas increíbles. Al final de las páginas estaba su teléfono y lo llamé y le dije que quería conocerlo. “Bueno, diez minutos”, me dijo. Era muy lejos de Londres, tomé dos trenes y un taxi. Cuando llegué me recibió con su mujer, que era adorable, y me dijo de nuevo: “Diez minutos”, y yo le contesté: “Perfecto, diez minutos”. Terminó mostrándome todo su taller en cuatro, cinco horas; perdí el tren (risas). Fue la única vez que lo vi, pero me causó una impresión muy grande.

Entonces, apenas comenzaba su carrera. Hoy, ¿qué es para usted lo más importante en el arte? -La armonía y la composición del volumen, el espacio, la composición de los colores en el caso de las acuarelas, y que se vea algo lindo. Pienso que hoy es muy importante que cuando la gente vea una obra perciba felicidad, tranquilidad, algo que le ayude a vivir. Antes, el artista era el único que, con su obra, permitía saber qué pasaba en la vida, porque no existían la fotografía ni la televisión. Hoy es diferente, tenemos mucha información, entonces, no necesitamos a los artistas para eso, sino para que nos ayuden a sentirnos mejor. Estoy en contra de ese arte que se hace hoy para chocar, para hacer sentir mal.

¿Cómo se define a sí misma? -Muy barroca, por el volumen y el ansía de grandeza; y zen, por las formas limpias. Un gran crítico dice que yo introduje la humanidad en la geometría, una manera muy linda de definirme.

¿Es verdad que es muy perfeccionista? -Sí. Uno no puede saber qué va a pasar con los años, si lo que hace hoy va a permanecer. Lo único que uno puede garantizar es que hace una obra de gran calidad en la técnica.

¿Cómo descubrió su vocación? -Cuando uno está muy joven no puede definir lo que va a ser, pero yo sentí una fuerte pasión, necesitaba crear, expresarme, admirar el arte, copiarlo. A los 17 años, lo único en lo que no tenía confusión era que quería ser artista.
¿Qué fue primero: pintora o escultora? -Pintora. Tenía el amor por la escultura a la manera clásica, pero empezar era difícil porque era muy caro y no se encontraban los talleres dónde hacerlo, pues se requiere un espacio grande, es toda una organización, y cuando eres muy joven y no tienes plata, ¿cómo haces todo eso? Con la pintura, cuya técnica de todas formas es más difícil que la de la escultura, uno tiene más posibilidades para comenzar. Con un pedacito de lienzo, algunos colores, empecé a expresarme de manera muy libre, sin necesidad de una organización costosa. Fui una escultora que pintaba, no una pintora que se convirtió en escultora. El día que pude empezar a esculpir lo hice inmediatamente.

¿Cómo es Vari, el lugar donde nació? -Vari ahora es casi Atenas, pero cuando yo nací era un pueblito cerca del mar. Mi padre había hecho una casa grande, en una época en que la tierra no costaba casi nada. Le tenía un afecto muy grande.

¿Se apellida Vari por el pueblo? -Lo que pasa es que mi apellido griego, Ka-ne-llo-pou-los, era muy largo para escribirlo en una escultura o un cuadro. Además, yo no era de una familia de artistas, sino de la política y en esa época que una mujer se dedicara al arte era una cosa muy extraña, así que preferí tener mi propio nombre, la responsabilidad de mi trabajo.

Hace más de dos décadas expuso su obra en Bogotá, en la galería Alfred Wild. ¿Le gustaría volver a exhibir sus obras en el país? -Absolutamente. La verdad, tengo en mi corazón a Grecia y a Colombia exactamente al mismo nivel. Me siento tan colombiana como griega. Cada vez que hago una exposición en mi país siento una emoción muy grande y lo mismo sentiría en Colombia.

¿Qué es lo que tanto ama de Colombia? -Puede parecer extraño, pero para mí, la mentalidad, la manera de vivir, de pensar, de actuar de los colombianos es muy parecida a la de los griegos, en cosas como las fiestas, en que les gusta comer, la música, el campo y un poco de desorden (si no peor). Cuando yo vi todo eso la primera vez que estuve en Colombia, me sentí totalmente en mi patria. Tengo como una ternura por el país, porque el campo es tan lindo. Nosotros tenemos la casa de Rionegro, que es un lugar como de sueño. Allí, admiro las montañas, la vegetación. Me gusta estar en la plaza de un pueblito y tomarme un aguardiente. Yo adoro este país y no soporto que nadie lo critique, me pongo realmente furiosa (risas).

¿Y qué tanto lo conoce? -No tenemos tanto tiempo para conocer sitios porque siempre estamos en la casa trabajando. En Rionegro, trabajamos; en Bogotá, trabajamos. Me encanta un sitio maravilloso que es Villa de Leyva, pero la verdad lo que más me gusta es Antioquia. Medellín es muy linda, hay allí una conciencia de preservar la ciudad. Admiro mucho a los paisas.

De lo que ha leído últimamente del país, ¿qué es lo que más le ha gustado? -El libro de Juan Carlos Botero sobre el arte de Fernando Botero. Es de una gran precisión; la descripción de cada cosa, maravillosa; y el estilo, increíble.

¿Cómo es la vida de dos artistas viviendo bajo el mismo techo? -Cada uno trabaja en su taller todo el día. En la noche, cenamos juntos, hablamos de arte. Miramos el trabajo del uno y el otro, y nos criticamos sutilmente. Cuando estamos de viaje vamos a los museos.

¿En qué se diferencian sus obras? -Para empezar, yo soy abstracta, no figurativa como él. Tenemos dos artes totalmente contrarios, pero tenemos la misma pasión por la calidad.

¿Dónde conoció a Fernando Botero? -En una comida en París. Pienso que es la cosa más tonta, yo debería inventar otra cosa, porque es muy típico que dos personas se conozcan en una comida.

¿Y que la conquistó de él? -(Risas) Para empezar, yo lo conocí sin saber que era Fernando Botero. En esa época, no entendí inmediatamente quién era. Me gustó mucho el hombre; luego, me encantó su arte. Es una mezcla fantástica.
 
Pero, ¿usted no sabía nada de él? -Sabía quién era Fernando Botero en el arte, pero no conocía mucho su obra.

¿Cuál ha sido la clave para estar juntos durante 36 años? -Pienso que mucho amor y mucha inteligencia (risas). Porque no basta el amor, se necesita entender a la otra persona, su independencia, su libertad. Además, admiración mutua y mucho afecto.
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