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Reina el caos en arreglos de la boda real

Eventos

Los preparativos de la boda de Guillermo y Kate, no han estado exentos de enredos y rabietas. La reina Isabel II regañó a su nieto por querer saltarse la tradición y él se obstina en invitar a personas no bien vistas por la realeza, como Sarah Ferguson.
William y Kate, aquí en la foto oficial de su compromiso tomada por Mario Testino, se han visto a gatas porque sólo podrán proponer 200 invitados, cien cada uno, a la gala de su boda en el Palacio de Buckingham. Foto: Queen Internacional.
Por: 4/3/2011 00:00:00
Según Yvonne Yorke, una periodista especializada en realeza y muy bien informada del Hufftington Post, el gran disgusto de los preparativos lo tuvo la abuela de William, la reina Isabel II, quien puso el grito en el cielo al saber que él andaba tomando decisiones sin contar con su opinión. Y no era para menos: en casi 60 años de reinado ella ha planeado más de un matrimonio real y, a fin de cuentas, es la que paga.

“¿Piensas llegar en bicicleta a la abadía?”, “¿en qué momento dejarás de ser tan moderno y comenzarás a ser realista?”. Así, según testigos, le dijo por teléfono la furiosa monarca a su nieto cuando se enteró de que, rompiendo toda una tradición, él había resuelto que su novia Kate Middleton llegara en carro y no en carroza de cristal tirada por caballos a la Abadía de Westminster, escenario del enlace. Quizás, él lo hizo por ahorrar costos, pero en su sabiduría, la Reina le hizo ver que un auto salía más caro que el pomposo desfile en carruaje escoltado por la Caballería de la Casa Real, que ese día, de todos modos, estará de guardia.

En fin, el carruaje de cuento de hadas se queda, así la novia sea alérgica a los caballos, que fue, según se rumora en Londres, la real razón de William para eliminarla. Eso sí, Isabel y el Príncipe estuvieron de acuerdo en que luego de la ceremonia, los nuevos esposos recorran las calles londinenses en otro coche destapado para que la multitud los aclame. Ya en el Palacio de Buckingham, se presentarán desde el balcón principal con la Familia Real en pleno.

Pero esa no es la mayor molestia de Isabel II, sino la atención a los invitados. Usualmente, se ofrece un desayuno-almuerzo a manteles en Buckingham para no más de 130 personas. William, en su afán modernizante, quiere que sea un bufé, lo cual la Reina está considerando porque los detesta. Como esta vez serán 300 los asistentes al convite, ella pregunta: ¿por qué tiene que recibir tal cantidad de gente en su casa?, asegura Yvonne Yorke. Ya en la noche, Carlos, Príncipe de Gales, padre del novio, será el anfitrión de una elegante cena y del baile. Lo malo es que hay preocupación porque la cocina de Buckingham es pequeña y quedará muy poco tiempo, una vez terminado el almuerzo, a las tres y media de la tarde, para lavar tanta loza y disponer la velada. Ante tanto despelote, la Reina tomó las riendas y ordenó ser informada hasta del mínimo detalle.

Mientras que William capotea los regaños de su abuela, su novia está muy atareada con su vestido nupcial, del cual no se revelará nada hasta el gran día, ni siquiera el nombre del diseñador, como sí sucedió en 1981 con el traje de Lady Di, la fallecida madre del novio. Los empleados reales se han ingeniado toda suerte de trucos para despistar a la prensa, pero se cree que lo más probable es que el escogido sea Bruce Oldfield, pues fue uno de los favoritos de la princesa Diana. Además, Carol y Pippa, madre y hermana de Kate, han sido vistas en su tienda. También suenan creadores como Phillipa Lepley, Amanda Wakeley, Vivienne Westwood, y la brasileña Daniella Issa Helayel.

William, por su parte, eligió a Gieves & Hawkes, del emblemático emporio de sastrerías de Savile Row, en Londres, para que le confeccione su atuendo. La casa se cuenta entre los más viejos proveedores de la realeza, ha vestido a personajes como Winston Churchill y hoy cuenta entre sus clientes a David Beckham. El Príncipe irá al altar con un lujoso uniforme militar, de alguna de las tres armas a las que ha pertenecido, la Marina, la Real Fuerza Aérea o el Ejército. Luego se cambiará de ropa para la recepción, en la cual, dijo el diario Express, de Londres, lucirá una camisa de 500 libras esterlinas, regalo del afamado camisero italiano Angelo Inglese.

La lista de invitados también ha causado más de un rifirrafe en la Familia Real. Dada la crisis económica de Gran Bretaña, la boda será austera y la ceremonia no contará con los 3.600 convidados de Carlos de Gales y Diana en su día, sino con 600. Sin embargo, la tarjeta que todos quieren tener es la de la recepción de gala, sólo para 300 miembros de la crema y nata. Los novios se han visto bajo gran presión, pues sólo podrán proponer a 200 invitados, cien cada uno, y los otros cien los impondrá Carlos.

Según le dijo al Daily Mail un empleado palaciego, no es de esperar la presencia de personalidades como los presidentes Barack Obama o Nicolas Sarkozy, dado que William aún no es soberano ni heredero de la Corona y no se trata de una ocasión de Estado. El Príncipe, así mismo, quiere celebrar su boda con el pueblo y parece que sorteará algunas invitaciones entre ciudadanos del común y convocará a Westminster a muchos de sus colaboradores en sus 21 obras de caridad, para las cuales ha pedido donaciones en reemplazo de regalos. Se espera la presencia de representantes de la realeza europea, en su totalidad emparentada con el novio.

El Mail publicó, además, una lista según la cual William invitó a mucho aristócrata, a todas sus ex novias, sus ex condiscípulos en la Universidad de St. Andrews, al primer ministro canadiense, Stephen Harper, con quien tiene mucha empatía, y al magnate inglés Richard Branson.

Y no han faltado los nombres polémicos. El más sonado es el de Sarah Ferguson, la ex del príncipe Andrés, tío del novio, excluida hace años de la Familia Real por sus escándalos. En principio, se dio por descontado que no sería invitada, pero William insistió, por la amistad que tuvo con Lady Di y a que es la madre de sus queridas primas Beatriz y Eugenia.

Los convidados reales

- Tom y Laura Parker-Bowles, hijos de Camilla Parker-Bowles, madrastra de William.
- Charles Spencer, hermano de Lady Di.
- El primer ministro David Cameron.
- Paul McCartney amenizaría la fiesta.
- La reina Ana María de Grecia.
- Sarah Ferguson.
- Daniel y Victoria de Suecia.
- Federico y Mary de Dinamarca.
- Naruhito y Masako de Japón.
- Pablos y Marie Chantal de Grecia.
- Haakon y Mette Marit de Noruega.
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