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Paola Turbay vino a Colombia a rodar

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La bogotana, de 40 años, cambió su disfraz de bruja del Siglo XVII en la famosa saga de vampiros True Blood por el de una coqueta peluquera antioqueña en el filme Mamá, tómate la sopa.
Paola Turbay cada día se siente más atornillada a la industria televisiva de Hollywood. Aunque ya perdió la cuenta de las series en las que ha participado, aún no se come el cuento de la fama. “En Los Ángeles casi nadie me reconoce”. Foto: Cortesía HBO (Pablo García).
Por: 2/9/2011 00:00:00
El huracán Paola pasó por Colombia y como siempre arrasó. Casi de incógnita, la actriz, quien desde el 2007 está radicada en Los Ángeles, llegó a Bogotá hace tres semanas para rodar la película Mamá, tómate la sopa, en la que hace su primer protagónico para cine. Interpreta a la coqueta dueña de una peluquería que a punta de tratamientos capilares trata de curarle la calvicie a Vicente, un vecino que está profundamente enamorado de ella. Después de sufrir una decepción amorosa producto del abandono del padre de su hijo, Cristina Melo (nombre de su personaje) saca las uñas, en este caso postizas, y le da una nueva oportunidad al amor.
 
La comedia, que se estrenará en las salas de cine del país en diciembre próximo, es dirigida por Mario Ribero, el mismo de Vuelo secreto, Amor a la plancha; Yo soy, Betty la fea y Los Reyes; y producida por Babilla Ciné. Cuando ‘Mister Rating’, como llaman a Mario, leyó el guión supo que el papel estaba ni mandado a hacer para Paola, pero le parecía imposible que la hoy estrella de Hollywood dejará Estados Unidos para venir a hacer una ‘peliculita’ en Colombia. Ya había descartado la idea cuando su esposa, la periodista Neffer Cañón, lo convenció de que le mandara un correo electrónico a Paola contándole del proyecto. La actriz, quien, dice, siempre había querido trabajar con el director del clásico filme El Embajador de la India, aceptó feliz. “Hace rato que tenía ganas de volver a actuar en el país, pero no se había dado la oportunidad porque las ofertas que me hacían me exigían mucho tiempo. Esta vez fue perfecto porque coincidió con las vacaciones de mis hijos, Sofía, de 14 años, y Emilio, de 10, quienes están con sus abuelos en Medellín”.
 
La última vez que los televidentes la vieron en la pantalla nacional fue en 1995 en Las noches de Luciana, una novela del canal RCN que no gozó de éxito, pero fue la cuota inicial para esa diva en la que se convertiría años más tarde. En el 2007 montó casa en Los Ángeles con toda su familia y emprendió la verdadera conquista hollywoo-dense con su aparición en el seriado Cane, que estelarizó con el afamado Jimmy Smits y Rita Moreno, y que la crítica comparó con proyectos de la talla de Los Soprano y El Padrino.
 
Al comienzo, reconoce, no fue fácil abrirse camino en el mercado americano. “Siempre he dicho que no es lo mismo arrancar una carrera como actriz en Estados Unidos a los 18 años que a los 35, cuando yo lo hice”. Pero esa misma personalidad arrolladora que conquistó a Raimundo Angulo y a los jurados de Miss Universo, terminó por seducir a los productores de CBS, quienes en ese entonces ignoraban que Paola había concursado para llevarse la corona de la mujer más linda del planeta. “Me daba pena decir que fui virreina en Miss Universo porque en Estados Unidos el tema de los certámenes de belleza no es tan importante como en Latinoamérica. Quería que me vieran como actriz, y punto”.
 
Y lo logró, pues su rostro empezó a ser familiar entre productores y cazatalentos, quienes después de Cane la llamaron para producciones como The Secret Life of the American Teenager, en la que ha participado en sus cuatro temporadas; en Californication hizo el papel de una empleada de servicio marihuanera enamorada de su jefe; en The Cleaner compartió set con Benjamin Bratt, exnovio de Julia Roberts y Penélope Cruz. Y The Closer, en la que se metió en la piel de una policía lesbiana, sexy y ruda.
 
Ahora se roba el show con su interpretación de Antonia, una bruja española del siglo XVII en True Blood, la famosa serie de vampiros de HBO, una de las más vistas de Estados Unidos. Inicialmente fue contratada para cuatro episodios, pero su personaje gustó tanto, que se extendió a nueve, de los 12 que tiene la temporada. “Es un honor hacer parte del elenco de un proyecto creado por Alan Ball, ganador del Oscar por el guión de Belleza americana. Trabajar allí es una especie de ascenso en el camino hacia una graduación en la televisión estadounidense. Es un proyecto en el que todos los actores se mueren por estar”.
 
Sin embargo, la bogotana asevera que, aunque ya perdió la cuenta de las series gringas en las que ha participado, todavía no se come el cuento de la fama. “Yo le digo a los periodistas que vivo muy agradecida con la forma en que dicen que yo triunfo en Hollywood y que soy una diva, pero no es cierto. A mí en Estados Unidos casi nadie me reconoce”. Y cuenta que rara vez la paran en la calle a pedirle autógrafos, o la persiguen los paparazzi. Todo lo contrario a lo que pasa en Colombia, en donde cada vez que llega para el tráfico y la gente se ‘pelea’ por saludar a la famosa ‘Reina del Siglo’.
 
Pero no todo en la vida de Paola es trabajo. Cuando no está en el set de grabación, es una ama de casa común y corriente: le ayuda a sus hijos en las tareas y va por lo menos tres veces a la semana al supermercado. “Yo estudio y trabajo por las mañanas y a partir de las cuatro de la tarde me convierto en chofer y cajero automático. Soy una mamá muy intensa”. Su rutina es bastante sana. Asiste a clases de Pilates, sale a montar en bicicleta por la playa con su esposo, Alejandro Estrada, y hace poco se volvió vegana (no come carnes ni otros productos de origen animal), de ahí su saludable y esbelta figura. Al verla se nota de sobra que el mundo le sonríe.
 
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