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Padres e hijos de la nueva era

Eventos

Los padres que se separan terminan fortaleciendo lazos de amistad con sus hijos. Y como la mayoría de las veces se encuentran los fines de semana, los planes que hacen juntos suelen ser siempre divertidos, casi aventureros, fuera de lo normal.
Jorge Enrique y Candelaria Abello. Foto: Gerardo Gómez/10.
Por: 30/6/2010 00:00:00
Jorge Enrique y Candelaria Abello
 
A pesar de que el actor de Corazón abierto y su ex, Marcela Salazar, están separados hace cuatro años, él visita casi todos los días a su hija Candelaria, que tiene 8 años y se queda a dormir en la casa de su padre mínimo una vez por semana, pues juntos la pasan muy bien.

Además de parecerse mucho físicamente, los dos son fanáticos del juego, que disfrutan tanto como sentarse tardes enteras a ver películas. Para esto, el apartamento de Jorge Enrique es ideal, pues tiene un proyector de 100 pulgadas en la sala y allí ven y repiten cintas que los privan a los dos como Lo que el viento se llevó, La novicia rebelde y El diario de Ana Frank. Y es que Candelaria es fanática del cine y del teatro, tanto, que desde los 3 años su papá la acompaña a obras completas, como cuando los dos hicieron un viaje a Nueva York y él aprovechó para llevarla en limusina hasta el teatro en el que estrenaban su favorita, ‘El fantasma de la ópera’, y la vieron juntos en primera fila.

Como padre y amigo, Abello es partner de Cande cuando se trata de ver novelas, cortarse el pelo, hacerse las uñas o ir de fiesta con sus pequeños amigos. De hecho, el papel que más disfruta ha sido este protagónico y está dispuesto a cumplirlo de la forma más amorosa posible.

Piyo y María Camila Jaramillo

Lo que más les gusta hacer a este par de melómanos es cantar, interpretar la batería, ir a cine y salir a comer. Padre e hija se ven un fin de semana cada 15 días y la diversión comienza desde el viernes, cuando María Camila llega del colegio, directo al apartamento de Piyo. Ella tiene 10 años, está en cuarto de primaria y sabe que lo primero que debe hacer son las tareas para tener tiempo libre.

Luego, Camilo y Camila comen pizza en pan árabe o platillos italianos preparados por el hacendoso papá y, claro, oyen música y cantan, porque como buena hija de artista, heredó el talento de su padre.

Y aunque los cantantes preferidos de ella son Shakira y Jona’s Brothers, reconoce que las canciones de los 80, favoritas del vocalista de Compañía Ilimitada, también le fascinan. “Cuando estoy con mi papi me siento libre y tranquila. Él siempre está pendiente de mí y me ayuda a solucionar cualquier problema. Claro que no me gusta que me ponga a arreglar la cama o a lavar los platos. Sin embargo, no le cambiaría nada, lo quiero así como es”.

Mauricio y Sara Lloreda

El abogado y empresario de profesión, pero navegante por pasión y gusto, tiene una hija de 6 años, quien en vez de hacerlo tirar el ancla y quedarse en puerto, le trajo nuevos vientos y velas más grandes. Sara nació en Boston mientras él se especializaba en la JFK Government School of Harvard, y desde entonces han sido inseparables. A los 4 meses empezó a llevarla al agua para que aprendiera a nadar; a los 11, la montó por primera vez en un caballo y, hoy, ya en el colegio, la acompaña a sus clases de patinaje y a sus prácticas de ballet, donde se siente muy raro, pues casi nunca hay otro padre allí.

Hacen tareas en las tardes, para lo que se vuela de la oficina y en las noches le lee cuentos y le tiene la mano hasta que se duerme. En enero, en pleno viaje de navegación a vela, a pesar de un tremendo dolor de espalda que resultó ser una fractura de columna, le enseñó a hacer esnórquel, la llevó todos los días en kayaks de mar y, cuando finalmente lo subieron al avión en una silla de ruedas, ella se convirtió en su guardiana inseparable.

Mauricio también acompaña a Sarita a comprar su ropa, lo que, reconoce, fue rarísimo las primeras veces, pero sabe que como papá no tiene límites y de lo único que está seguro es de que haría cualquier cosa por su hija.

Camilo, Gabriela y Antonia Martínez

Uno de los planes que más adoran este empresario de finca raíz y sus dos hijas es la cocina. La pasta es su especialidad y, cuando de prepararla se trata, Camilo se deja ayudar por las dos pequeñas, de 12 y 8 años.

Como su padre, las conoce muy bien a las dos y trata de complacerlas cada vez que se ven, obviamente, sin que la complicidad interfiera en la relación de educación y formación. A Gabriela, la mayor, la guía por el complejo mundo del arte y tienen conversaciones muy profundas sobre Andy Warhol, el artista que la trasnocha y del cual quiere saberlo todo.

Con Antonia, su bebé, la cosa es más tierna. Además de acompañarla a sus terapias de lenguaje y cursos de matemáticas, también está presente en sus juegos con princesas, muñecos y vestidos rosados.

Gaby dice: “Mi papá es muy chistoso, cuenta historias y le gusta hablar de cosas que no son posibles, como cambiarse el color de los ojos, por ejemplo. Hace cosas que un papá normal no haría, como celebrarnos los cumpleaños con sus amigos”.

De cualquier forma, los tres pasan delicioso dentro de la casa y, como padre, a Camilo le interesa mucho que sus hijas tengan criterio propio y que siempre vivan con sentido de responsabilidad social frente a los más necesitados.

Andrés, Alejandra, Eduardo y Martina Vega

Antes que nada, lo que existe entre Andrés Vega y sus tres hijos es la más divertida y extrema relación de amistad. Con los dos mayores, Alejandra de 16 y Eduardo de 13, el reconocido broker de seguros ha sido un inigualable instructor de motocross y de fútbol; donde estén estos tres compinches, de seguro, se arma la fiesta.

Martina, la bebé de apenas 10 meses, e hija de una segunda relación de Vega, es tan divertida y amorosa como su padre, es la consentida de él y de sus dos hermanos mayores. Juntos, ahora que Andrés tiene de nuevo vida de soltero, aprovechan para disfrutarlo cada vez que es posible. Aunque, para ser honestos, Alejandra reconoce que por estos días en que ella sale con amigos y ha tenido algunos novios, Vega anda un poco celoso.

Con Eduardo, su fiel fotocopia viviente, la camaradería es total, pues mientras haya diversión y deportes de por medio, nadie ocupará el lugar de su progenitor. Andrés es el ejemplo del papá gallina que aplaza cualquier reunión de trabajo para escaparse al colegio de sus hijos y hacerles barra en los partidos de fútbol.

Los dos mayores dicen que es todo un bacán, y a la bebé basta verla haciéndole mimitos para entender que también lo adora.
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