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Los últimos días de Amy Winehouse

Los últimos días de Amy Winehouse

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Con motivo del lanzamiento de su álbum póstumo, los padres, amigos y el novio de la cantante descorren el velo sobre los misteriosos instantes finales de su vida, en relatos que descubren a la mujer valiente y bondadosa que se ocultaba detrás de su locura.
La cantante, fallecida en julio pasado, al parecer sufría de trastorno límite de personalidad, el cual pudo ser la causa profunda de su muerte, según su médica. Foto: AP.
Por: 5/1/2012 00:00:00
Todos los que la amaron no podían creer que estuviese muerta, porque si algo le oyeron repetir a menudo antes de la tragedia fue que tenía muchas ganas de vivir. Incluso, quería celebrar sus 28 años en Barbados, cosa rara en ella que poca importancia le daba a su cumpleaños.

Según le contó su padre, Mitch Winehouse, al periodista Tim Rayment, del Sunday Times, Amy creía que le estaba ganando la batalla al alcoholismo, pero sabía que iba a ser tan difícil como lo fue dejar las drogas. Así, en sus últimos meses, tuvo dos semanas de abstinencia, seguidas por un día bebiendo. Luego, vinieron otras tres semanas sin trago, hasta el miércoles 20 de julio. Esa noche fue a un recital de su ahijada Dionne Bromfield en el bar Roundhouse, donde comenzó la que sería su última juerga, de tres días.
 
Mitch Winehouse, quien habló para el Times con motivo del lanzamiento de Lioness: Headden Treasures, el disco póstumo de su hija, relató que el jueves 21 ella lo hizo cambiar de planes para ir a estar con ella en su casa de Camden Square, en Londres. Amy parecía estar bien, afirmó, además de muy emocionada porque en una caja de recuerdos había encontrado unas fotos de su hermano Alex cuando era un bebé: “¿No era divino?”, dijo. “Ella no siempre estaba concentrada en sí misma, sino que vivía muy interesada en los demás. Sabía todo sobre los hijos de sus guardaespaldas y hasta los nombres de sus padres, tíos y abuelos. Sabía todo sobre todo el mundo”, recordó Mitch. También contó que su hija nunca tomaba alcohol en su presencia.

A las tres y diez de la madrugada del viernes 22, el último día completo que vivió, Amy le mandó un mensaje de texto a su exnovio Kristian Marr: “Yo voy a estar aquí siempre. Abrazos”. Pero él estaba medio dormido y no le contestó. Más tarde, Janis, su madre, la fue a ver y le pareció que estaba entonada. A las siete de la noche la visitó su médica de cabecera, Cristina Romete, quien le relató al Times: “Estaba calmada y coherente. Yo diría que estaba achispada, pero no arrastraba las palabras y era capaz de sostener una conversación”.

Ese día su novio, Reg Traviss, había quedado de ir a su casa luego del trabajo. Al día siguiente iban a ir a la boda de un amigo y, según recordó para el reportaje del Times, ella tenía una selección de vestidos para el evento. Pero cuando la llamó, ella no contestó y pensó que se había quedado dormida. Sin embargo, su guardaespaldas dice que la oyó reír, oír música y ver televisión en algún momento de la noche. El sábado 23, Salaam Remi, uno de sus productores, la llamó para avisarle que iba camino de su casa, pero no tuvo respuesta. A los pocos minutos, una voz al otro lado de la línea le notificaba que Amy había sido hallada muerta.

La gran intérprete, quien con solo dos álbumes era vista como digna sucesora de Edith Piaf, Ella Fitzgerald y Judy Garland, tenía 416 miligramos de alcohol por cada decilitro de sangre, una dosis más que letal, pues 315 miligramos son suficientes para morir. En efecto, en su cuarto se encontraron tres botellas vacías de vodka. ¿Por qué, si parecía ir por tan buen camino? Amy se llevó la respuesta a la tumba, pero la doctora Romete sí dice saber las tres palabras que hubieran podido salvarla: terapia conductual dialéctica. Dice habérsela recomendado a la artista, pero “ella tenía su propio punto de vista y estaba muy determinada a hacerlo todo a su manera”.

Esta terapia, explicó Tim Rayment en el Times, es recomendada para los pacientes con trastorno límite o fronterizo de personalidad, un complejo y penoso mal, que pudo ser la verdadera causa de su muerte. Empero, ello también es incierto, ya que, según le dijo un familiar de Winehouse al periodista, “a ella nunca se le diagnosticó ningún desorden siquiátrico, porque nunca habría estado de acuerdo”.

Si Winehouse era fronteriza, concluyó Rayment, entonces ello cambia las cosas y la reivindica. Un concierto suyo, por más caótico, sería así un acto de coraje y de gratitud con los fanáticos, dadas las terribles sombras en que suele sumir esta enfermedad a sus víctimas.
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