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La realeza británica y el trabajo real

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Trabajar o no en el mundo real (es decir, verdadero) es una cuestión que ha asediado a los miembros de la familia real británica durante décadas.
Muchos miembros de la familia británica no saben qué hacer con sus vidas. Foto BBC mundo
Por: 11/2/2011 00:00:00
Y el tema volvió a surgir luego de que se informara que Kate Middleton, futura esposa del príncipe William, abandonó el cargo que desempeñaba en la compañía de sus padres.
 
¿Qué le espera, entonces, a esta joven profesional y moderna una vez forme parte de la monarquía?
 
El corresponsal de la realeza de la BBC, Peter Hunt, opina que la respuesta se podría encontrar en las experiencias anteriores de aquellos que vincularon sus vidas a la sangre azul.  
 
Hace más de 60 años, por ejemplo, el príncipe Felipe -esposo de la reina Isabel II- estaba completamente realizado fungiendo su rol de oficial de la fuerza naval en la isla mediterránea de Malta.
 
Pero la mala salud del rey Jorge VI lo obligó a dejar su prometedora carrera para, eventualmente, caminar por siempre dos pasos detrás de su esposa, quien subió al trono.
 
En los años '50, Felipe, un macho alfa, tuvo inicialmente problemas ajustándose a la falta de una función definida. "Constitucionalmente, yo no existo", dijo en una ocasión. Pero, ¿a qué se podría haber dedicado?
Unos años antes de la coronación de Isabel, alguien sugirió que el príncipe podría pasar un mes trabajando en una mina de carbón, un plan que fue rápidamente descartado como un truco publicitario para satisfacer el más común de los gustos.
 
Mala mezcla
Dos décadas más tarde, su hijo, el príncipe Carlos se encontró en la misma encrucijada. Buscaba un propósito mientras esperaba su destino, recuerda Peter Hunt.
Su deseo de trabajar tres días en una fábrica resultó ser otra de esas ideas fallidas de los estrategas reales, así como las propuestas de nombrarlo gobernador general de Australia o embajador británico ante Francia.
 
El problema es más agudo para aquellos que se casan con los Windsor, señala nuestro corresponsal.
El precio de este privilegio es el abandono de lo que antes valoraban. Por ejemplo, cuando Sophie Wessex (esposa del príncipe Eduardo) se vinculó a la familia real, estaba convencida de que podría continuar con su empleo en relaciones públicas.
 
Pero la condesa no contaba con la intervención del "jeque falso" que interpuso en su camino el periódico dominical News of the World (del magnate de los medios Rupert Murdoch), que hizo grabaciones secretas de ella en el trabajo.
 
La grabó haciendo comentarios poco halagüeños del otrora primer ministro Tony Blair y del entonces líder de la oposición conservadora William Hague, algo que no está bien visto por parte de un miembro de la monarquía, por menor que sea. Como resultado, se vio obligada a dejar la empresa de relaciones públicas.
 
Su esposo, el príncipe Eduardo, también tuvo que renunciar a su compañía de producción de televisión. Ambos descubrieron, muy a su pesar, que la realeza y ciertos trabajos de alto perfil no se pueden mezclar. La condesa de Wessex decidió refugiarse en su vida de madre dedicada y como promotora de ciertas caridades.
 
Lecciones del pasado
Así que Kate Middleton tiene las experiencias pasadas de la realeza como guía. Ya algunos la han criticado porque, a pesar de ser una mujer universitaria culta del siglo XXI optó por sentarse a esperar a su hombre en lugar de seguir una carrera.
 
En respuesta a la crítica -y a el peyorativo sobrenombre de "Waity Katy" (Katy la que espera)- insistió en que tenía un trabajo asalariado en el lucrativo negocio de ventas por correo de sus padres.
 
Durante su entrevista a los medios a raíz de su compromiso dijo: "Sé que he trabajado arduamente en el negocio de la familia. Algunos de esos días fueron muy largos". Esos días han quedado atrás.
 
Ahora tendrá que decidir con qué reemplazar su trabajo después de la boda. Sabe muy bien que tendrá que producir un heredero, idealmente dos, por lo menos. Lo más probable, dice el corresponsal de la realeza, es que se concentre en ser un alto miembro de la familia real de tiempo completo. Será patrona de algunas de las causas humanitarias que ya han solicitado su apoyo. Por ahora, tiene el tiempo de su lado.
 
El príncipe William es apenas segundo en línea al trono. Él es el que más quiere tomar las cosas cuidadosa y calmadamente. Kate todavía está aprendiendo el "tejemaneje de la realeza". William sabe muy bien, por experiencia propia, de qué se trata. Él lleva las cicatrices.
 
Con Kate a su lado, el hijo de Diana quiere beneficiarse de las lecciones de la historia reciente, no repetirlas.
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