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Juan C. Lecompte: El libro amargo de su separación

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La historia de Juan Carlos Lecompte e Íngrid Betancourt no termina con el encuentro frío y distante entre los dos luego de la cinematográfica ‘Operación Jaque’. Él publicó un libro con los secretos del triste final de su relación.
“En esta separación nadie tiene la culpa: ni Íngrid, ni Yolanda, ni yo. Sólo la guerrilla y el largo secuestro que acabaron con la relación”, asegura Juan Carlos Lecompte, autor del libro biográfico Íngrid y yo, una libertad dulce y amarga. Foto: Gerardo Gómez/10.
Por: 21/6/2010 00:00:00
El esposo de la ex candidata presidencial publicó en español el libro Íngrid y yo, una libertad dulce y amarga, con los secretos que antecedieron al triste final que todos conocen.

Desde el mismo título, Íngrid y yo, una libertad dulce y amarga, Juan Carlos Lecompte insinúa que este libro está escrito en clave de melodrama. El relato de su separación con la ex líder política secuestrada por las Farc tiene todos los elementos de esas historias en las que no triunfa el amor, y en las que el despecho hace presa de sus protagonistas. Sólo que el componente político y el secuestro marcan la diferencia con otros textos cargados de romance. La novela, que ha conquistado a unos 25 mil lectores en Francia, salió en su versión en español. Juan Carlos Lecompte había guardado algunas intimidades de su desilusión amorosa para este momento literario. Así habló con Jet-set. 

En su libro dice que Íngrid fue elevada al rango de estrella de Hollywood. Para usted, ¿se le subió el estrellato a la cabeza? -Cuando convivimos ya era famosa, pero muy tranquila. El día de la liberación no hablé con ella porque se dedicó a dar entrevistas. Sólo tuvimos media hora para hablar los dos. La sentí un poco diferente, como una ‘estrella’ de muy arriba. Yo era su esposo, pero priorizó a los medios. Fue su primer paso al estrellato y a su intención de llevar sus vivencias a Hollywood. Todo me parece demasiado. 

¿Cómo es su relación con los hijos de Íngrid? -Teníamos una buena relación, pero desafortunadamente se dañó, y me duele. Durante el secuestro se armaron dos equipos: uno era el de Yolanda Pulecio con la hermana de Íngrid, y el otro era el primer marido de mi ex mujer, sus hijos y yo. Los quise como si fueran mis hijos.

En esta publicación, usted dijo que la ‘Operación Jaque’ es demasiado simplista y hollywoodense para ser verdad… -No creo en la versión oficial de que engañaron a ‘Gafas’ y a ‘César’. Yo creo que les pagaron. Igual, se los agradezco porque me quitaron un peso de encima. Los compraron. Ellos no se habrían subido al helicóptero sin un negocio hecho de antemano. 

Usted dice que le hubiera gustado estar con Íngrid en el momento del secuestro. -Sí. En esa ida al Caguán había mucha gente y me abstuve de ir. Eso siempre me quedó en la cabeza.

Había amor entre ustedes dos. Entonces, ¿qué lo alejó de la familia de Íngrid? -La política está muy presente en la familia de ella, con padres que fueron ministros, diplomáticos y congresistas. Yo rechinaba un poco porque ni era político, ni embajador, ni gerente del Banco de la República, sino un simple publicista que no usa corbata. Ellos aspiraban a que su hija consiguiera a alguien de mayor prestigio.

¿Culpa a Yolanda de la separación de ustedes? -No la culpo a ella. Las Farc son las culpables. Un secuestro muy largo rompe a la familia, como nos pasó. Yolanda le enviaba mensajes por radio a Íngrid diciendo que yo la había defraudado. Eso me parece terrible, porque, en el caso de que fuera verdad, Íngrid no podía hacer nada en el cautiverio. Sólo le agravaba un sufrimiento más. Íngrid, que es una mujer de mentalidad abierta, hubiera podido entender en caso de que yo hubiera tenido una aventura. Eso no pasó.

¿Usted fue infiel durante el cautiverio de ella? -En el libro cuento que me endilgan una relación con una mexicana. Pero fue una historia de una encerrona. Me inventaron ese chisme. En ese momento no hice réplica a ese rumor que quizá le llegó a Íngrid a la selva.

¿Ese rumor se lo contaría Yolanda? -Yo sí creo.

A Yolanda la critica mucho. Le dice con ironía que era como Sofía Loren… -Me preocupaba que durante los aniversarios del secuestro, para pedir la liberación de Íngrid, Yolanda salía llena de joyas. Me parecía contraproducente hablarle a la guerrilla sin sencillez. Y respondía que ella hacía lo que le daba la gana.

A Íngrid la relacionaron con Luis Eladio Pérez durante el cautiverio… -Me llegaron muchos cuentos de ella. Decían que la que estaba esperando un hijo era Íngrid, que tuvo un aborto, que fue novia de Cano, el jefe de las Farc. También escuché las versiones de su romance con Luis Eladio y con un gringo. Sólo digo que si en esos momentos difíciles tenía que agarrarse de algo, pues, lo entiendo. 

Usted y Luis Eladio viajaron a Brasil. ¿Hablaron de esos rumores? -En ningún momento me dijo eso. Por el contrario, me aseguró que ella me quería y que deseaba estar conmigo. Pinchao me dijo lo mismo. 

¿Luis Eladio le diría mentiras? -Pareciera que sí. No me contó toda la verdad. Tampoco he hablado con los gringos acerca de esto.

¿Usted está preparado para emprender una nueva relación? -Escribir el libro fue un exorcismo de todas esas historias. Después de hacerlo, me sentí en paz conmigo. Tengo la conciencia tranquila. Fue básico escribirlo para la salud de mi alma. La segunda oportunidad se me va a dar. Las heridas quedaron sanadas. 

De la relación le quedaron dos tatuajes: el de una tortuga en la pierna, y el de la cara de Íngrid en su brazo… -El de la tortuga se va a quedar ahí. El del brazo con la cara de Íngrid me lo estoy quitando. Ya no se nota que fue el rostro de ella.

¿Se atreve a decir que Íngrid fue ingrata o desagradecida? -Me lo dice la gente. Un taxista me dijo: “oiga, a usted si lo trataron mal. Qué ingrata es esa mujer”. Yo le dije: ella cambió por culpa de la guerrilla y del secuestro. Me gustaría hablar con ella, pero no he podido. 

¿Qué le gustaría decirle? -Para preguntarle ¿qué hice de malo?, y ¿en qué momento se murió el amor por mí?, pero no en tono de reclamo. Sólo para saber la verdad, porque no peleábamos. Mi matrimonio con ella era sólido y perfecto, hasta creer que podía resistir el secuestro. Pero fue una apuesta que perdí. Yo no me protegí, debí ponerme una coraza y no entregarme a la obsesión de la lucha por su liberación.

¿En qué momento sintió que dejó de quererla? -El día que mi padre murió, coincidencialmente me llegó la demanda del divorcio, y a mí me pareció demasiado. Yo le dije unos días antes que esperara un poco porque a él lo habían desahuciado. El 14 de enero del 2009 a mí se me murió el amor por Íngrid. Nunca me dio el pésame.

¿Qué alega ella como causal de divorcio? Usted escribió en su libro que Íngrid decía que usted se había acostado con prostitutas y que metía droga… -Esa es una historia que conté en el libro. Un amigo mío, productor, y que vino a Colombia cuatro meses antes de la liberación de Íngrid, siempre había querido hacer la película de ella, pero yo no le di la autorización. Seguro que para congraciarse con Íngrid le dijo que nosotros fuimos a donde unas prostitutas y que en una discoteca yo había consumido cocaína. Pero él no vio nada como lo afirmó más tarde.

¿Usted cree que Íngrid debería ser una abanderada de la liberación de las personas que aún están secuestradas? -No sólo Íngrid, sino todos lo ex secuestrados deberían trabajar por este proyecto de liberarlos a todos. Que hagan una campaña como la que hicimos por ellos. 

¿Cómo la describe ahora? -Es una mujer audaz.
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