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Hugh Hefner: el invierno del patriarca

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A punto de cumplir 85 años, el fundador de Playboy sorprende con dos nuevos proyectos bastante raros en alguien de su edad: se casa por tercera vez, con una jovencita de 24 años, y vuelve a ser dueño absoluto de su revista…
Hefner con su prometida Crystal Harris, quien dice que tiene sexo con él, aunque eso ya no lo emociona tanto como arruncharse con su perro. Foto: Queen Internacional.
Por: 11/3/2011 00:00:00
Tras comprarles a sus socios sus acciones por un valor mayor a su precio en la Bolsa.
 
Ahora que, tras décadas de lascivia y extravagancia, parecía transformarse en un anciano calmado, Hugh Hefner anuncia su tercer matrimonio con Crystal Harris, una jovencita 60 años menor que él. “Esta es. Es una persona muy, muy especial. Espero pasar con ella el resto de mi vida”, le dijo hace poco al periodista Charles McGrath, quien también la entrevistó a ella. Cuando le preguntó si su relación con el millonario era sexual, ella no supo qué responder. “¿Usted quiere decir relaciones sexuales? ¡Claro!”, dijo finalmente. “‘Hef’ se ha acostado con mucha gente, pero eso no es lo que lo hace feliz en estos días. Está mucho más contento abrazando y arrunchándose con el perro”, añadió.

Esta nueva boda no implica su retiro definitivo, ya que el célebre ‘Hef’, que cumple 85 años el próximo mes de abril, está dispuesto a que su revista Playboy y la marca que surgió de ella recuperen su esplendor. Así lo evidencia la compra que acaba de hacer de la parte de la empresa que estaba en manos de otros accionistas, lo que la transforma de pública a privada al sacarla de la Bolsa, y lo deja como su dueño absoluto.

En un artículo publicado hace poco en la revista de The New York Times, Charles McGrath apunta que el hecho de que un anciano de su edad esté siendo noticia todavía puede ser visto como extraordinario, pero también como una vergüenza. “Él representa, por una parte, una gran historia de éxito –un hombre que convirtió sus fantasías sexuales en una fortuna–, y de otro lado, es un fósil que no entiende que la revolución sexual pasó hace décadas y que, en cualquier caso, no era para vejetes”.

Digan lo que digan, Hugh Hefner siempre aseguró que se moriría si Playboy salía de sus manos y eso explica quizá porqué se acaba de meter la mano al dril para evitar que el trabajo de toda su vida terminara en poder de su gran rival, Penthouse, que estaba tras ella. En una jugada que muchos consideran inteligente, él ofreció comprarles a los propietarios minoritarios sus acciones a 6,15 dólares, 56,1 por ciento más que su precio en bolsa cuando hizo la propuesta en julio del 2010. Este movimiento quizás ayude a la famosa revista de desnudos a superar la crisis por la que atraviesa: pasó de 7 millones de lectores en los años 70, a un millón y medio hoy, golpeada, sin ser una revista de ese género, por el mercado de la pornografía en Internet y rivales como Maxim.

Según McGrath, la reconversión de Playboy de pública a privada, fue un favor para sus ex accionistas, quienes al igual que muchos en Wall Street, pensaban que lo mejor que podía pasarle a la marca era que Hefner tomara su lugar en la tumba, que compró hace un tiempo al lado de la de su querida Marilyn Monroe, en Los Ángeles.

Hefner se volvió incómodo para sus socios, dado que su célebre mansión Playboy, en Hollywood, epicentro de su insaciable apetito por las jovencitas menores de 25 años y de sus fiestas para el jet-set, era de propiedad de Playboy Enterprises. Así, él pagaba arriendo y las cuentas no relacionados con el negocio, pero la empresa se encargaba del mantenimiento de la casona y los salarios de sus 80 empleados. El año pasado, Hefner asumió gastos por 800 mil dólares y la compañía lo hizo por 2 millones 300 mil.

Mientras que Hefner decía que eso era parte de su trabajo, los accionistas se quejaban: “Estamos manteniendo el ocio de un viejo que quiere salir con jovencitas en pelota hasta que se muera”, decían refiriéndose a la pléyade de bellezas que el millonario acoge en casa. Como lo relata McGrath, en los últimos años ha retenido a su harem allí a cambio de regalos como cirugías plásticas, especialmente en los senos, e implantes dentales, además de peluquero y dinero para sus autos. Incluso, instituyó el ‘toque de queda’ a las nueve de la noche para sus traviesas amigas, que de todos modos se le vuelan. Aunque no es obligatorio acostarse con el magnate, la mayoría lo hace por presión de las demás o por gratitud con él, que sigue haciendo sus malabares con la ayuda del viagra. Sin embargo, en un libro de memorias, la ex playmate Izabella St.
James dijo que en la mansión Hefner convoca a orgías en las que en realidad participa muy poco, pero le sirven para seguir inmortalizando su leyenda. Y podría tener algo de razón en ello, pues en su exitoso reality show The Girls Next Door, ‘Hef’ se muestra como un viejo paternal y fuente de buenos consejos, antes que como un sátiro.

Con el nuevo movimiento de Hefner, Playboy le da la vuelta completa a su historia, que comenzó en 1953, cuando él tenía 27 años, un trabajo mediocre y estaba aburrido de su primera esposa, Mildred Williams (su amor del colegio), y pensaba que debía hacer algo muy especial en la vida o no iba a ser nadie.

Al sexo, en realidad, había despertado tarde. No se masturbó hasta que cumplió 18 años y a los 22 perdió la virginidad. Eso sí, fue un lector ferviente del profesor Kinsey, el pionero de la sexología, a partir de lo cual empezó a soñar con una publicación audaz y sofisticada sobre sexo. Arañando aquí y allá, obtuvo la plata para editar el primer número de la revista, incluidos mil dólares de su madre Grace. En la cocina de su casa en Chicago hizo los diseños y escribió la mayoría de los artículos de la edición, cuyo gran acierto fue llevar en su centro un calendario con una foto inédita de la actriz Marilyn Monroe, revelación del momento, completamente desnuda.

A fines de los 50, Playboy había hecho rico a Hefner y, ya divorciado de Mildred, resolvió ser el símbolo de su revista viviendo la vida derrochadora, elegante y lujuriosa que sus páginas proponían. Vestido con finos trajes y siempre con una pipa en la boca, se convirtió en Mr.

Playboy, dueño además de su propio avión, el Big Bunny, en el que volaba con sus divinas pinups.

En los 70, la mejor época de Playboy, cuando llegó a la Bolsa de Nueva York, Hefner decidió vivir en su cuarto la mayor parte del tiempo con su característica bata roja, que no lo ha abandonado desde entonces y con la cual aún revisa los diseños y escoge las fotos de cada número. Desde allí, de nuevo como su propietario único, piensa recargar la marca Playboy, aunque otros le achaquen que ésta lo superó y puede sobrevivir sin él.
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