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Flavia Dos Santos: la gurú del sexo

Flavia Dos Santos: la gurú del sexo

Edición Impresa

La sexóloga brasileña radicada en Colombia, Flavia Dos Santos, presenta su nuevo libro ¿Qué hago con el sexo?, en el que recopila las consultas que hicieron los seguidores de la sección que tuvo durante un año en el canal Caracol.
Imagen Reina/11
Por: 1/12/2011 00:00:00
Cuando estrenó su sección ‘El consultorio de Flavia’ en las mañanas del canal Caracol, a la sexóloga Flavia Dos Santos le llovieron cartas y correos electrónicos con preguntas y anécdotas de gente que buscaba resolver dudas frente al sexo. Durante un año se dedicó a orientar a los televidentes sobre sus secretos más íntimos y se convirtió en todo un personaje. Su carisma innegable frente a las cámaras, pero también su honestidad y claridad a la hora de responder, hicieron que cada vez más personas se animaran a contarle sus historias. Finalmente, reunió varias de ellas en su nuevo libro, que no solo habla de sexo, sino también de amor, infidelidades, abusos y otras situaciones que viven muchos seres del común, y que no se atreven a socializarlas por vergüenza y temor a ser juzgados.

El nombre del libro es muy diciente, ¿Que hago con el sexo? ¿En qué momento algo tan placentero se vuelve un problema? -Crecemos con una gran dicotomía. Nos dicen que el sexo es “sucio”, pero al mismo tiempo es algo que se debe guardar para la persona que se ama. Entonces, ¿cómo es que en el momento en que encuentro a esa persona tengo que compartir con ella algo feo? Uno sabe qué hacer con el amor, qué hacer con su vida, pero… ¿y el sexo?

En algunas cartas los remitentes son niños que sufren de abuso sexual. ¿Qué sintió como mamá y mujer al conocer estas historias? -Como mamá me impactan mucho, por supuesto. Pero hay que recordar que antes que todo uno es profesional y en estos casos, primero hay una víctima que es quien está sufriendo y además hay una persona enferma que está cometiendo el abuso. Con el tiempo, uno va construyendo una capa emocional, en la que lo más importante es entender el sufrimiento del otro sin absorberlo, para entonces poder ayudarlo.

Usted dice que no hay consultas extrañas, sino más bien ‘curiosas’, ¿por qué? -Si uno mira la historia de la sexualidad, hace 50 años, un divorcio era visto como lo peor de este mundo, y hoy en día conocemos gente que se ha casado 3 y 4 veces. Sin ir más lejos, el homosexualismo hasta hace algunas décadas estaba catalogado como una enfermedad mental y fueron muchos los que se llevaron sus electroshocks y lobotomías por esa teoría. Por eso no miro nada con la premisa de ‘extraño’, porque primero observo el contexto histórico y a esa persona que hoy se siente desubicada en su preferencia sexual. Excepto en las prácticas en donde una de las partes es incapaz de tomar un decisión como en el caso de los niños, los animales, las violaciones; ese ya es un tema aparte.

¿Alguna vez ha llegado a su consulta un predador sexual? -Sí, en Nueva York atendí un caso de un hombre pedófilo. Él decía: “Tengo tan claro mi deseo, que nunca pude cumplir mi sueño de ser profesor de primaria”. Era un gran consumidor de pornografía infantil y vivía atormentado con su situación. El trabajo con él consistía en que un médico le formulara drogas para bajar su líbido, y focalizar ese deseo para que pudiera buscar las mismas relaciones, pero con hombres de su edad. Al mismo tiempo trataba a una joven prostituta abusada por su tío cuando tenía 3 años de edad y tenía un novio que la golpeaba. Fueron dos casos que me impactaron mucho porque representaban la causa y la consecuencia.

Menciona que el problema más común entre hombres y mujeres es la falta de deseo. ¿Por qué se pierde? -Vivimos en un exceso de consumo. Deseamos mucho una cosa: “yo quiero tener ese carro”, entonces ahorro y lo veo en Internet, y luego, cuando lo compro, dejo de desearlo. En el momento en que algo es mío, ya no me inquieta. Es el gran desafío de la sexualidad actual. El exceso de convivencia y de intimidad, en cierta forma, mata el deseo. Hay que tener curiosidad e imaginar que la pareja es un mundo por descubrir. Pero casi todos nosotros lo damos por hecho, y es entonces cuando pasamos a desear otras cosas.

¿Qué es lo que más le preocupa a los hombres en la cama? -Que la mujer finja el orgasmo. Se aterran porque no son capaces de saber si una mujer está o no fingiendo, y lo peor: nunca lo podrán saber porque la sexualidad de la mujer es interna. No es como la masculina que es externa y queda en evidencia. Por eso les inquieta tanto, “¿será que tuvo uno?, ¿le pregunto?, ¿no le pregunto?, ¿será que este sí fue de verdad?

¿Y a las mujeres? -Saber si los hombres están poniendo atención en sus defectos físicos. El cuerpo es todo un tema para la mujer en la cama, al punto de que hoy en día la moda son las cirugías plásticas vaginales. A nadie se le hubiera ocurrido hace 20 años operarse la vagina. Cada una es distinta, pero ya creamos un estereotipo de vaginas promovido por el cine para adultos. En el momento en que las mujeres pasaron a depilarse por completo, se encontraron con “el defecto” de que sus vaginas no son iguales a las de las actrices porno.

¿Qué es lo que más le preguntan los adolescentes? -Preguntan sobre la primera vez. Si hay sangrado, si hay dolor. Todavía hay esa creencia de que si la mujer no sangra con la primera relación sexual es porque no era virgen. También consultan por el tema del abuso y los embarazos indeseados.

Usted tiene hijos adolescentes. ¿Alguna vez ha sido un problema para ellos tener una mamá sexóloga? -Todos los días. Primero porque mi hijo cree que sabe más que yo, y mi hija cree que todo lo que digo carece de interés. Cuando mi hijo conversa con sus amigos y lo escucho decir que “una niña es fácil” o algo así, me parece el fin del mundo, porque lo considero una postura machista. Es complicado, tienen su conflicto frente al tema, porque, claro, yo hablo con mucha naturalidad. Mi hijo me advierte que no piensa llevar a una novia a la casa porque cree que le voy a preguntar a la niña por su vida sexual.

¿Qué le hubiera gustado saber cuando empezó su vida sexual para ahorrarse dolores de cabeza? -Que no debía poner tanta atención en agradarle a alguien ni angustiarme por ser perfecta. Las mujeres tenemos esa obsesión por ser las mejores en la cama y creemos que él se va enamorar perdidamente de nosotras si tenemos el mejor sexo. Y no es verdad. Uno se da cuenta de eso cuando crece.

Cuando su trabajo es hablar de sexo todo el día y llega a su casa. ¿le quedan ganas de seguir con el tema? -Es importante saber desconectarse. Cuando llego a mi casa, soy Flavia, la misma, que disfruta cocinar y tiene otras formas de placer además del sexo. Me encanta tomarme un buen vino, ver una película, son cosas que alimentan la intimidad y la comunicación con mi pareja. Y esto no solo aplica si uno es sexólogo, sino en cualquier profesión. Imagínese un médico que maneje pacientes terminales, si viviera esas muertes todos los días, se volvería la persona más triste del mundo.

¿Cómo es la conexión entre el sexo y la infidelidad? -Cuando uno está enamorado se siente vulnerable y miedoso. Si le contamos a esa persona todos nuestros deseos y fantasías sexuales, es como si nos estuviéramos arriesgando a perderla. Entonces buscamos tener sexo con alguien que no represente un riesgo. Eso explica mucho las infidelidades de una noche, esas cuando la gente dice “no significó nada”. La cabeza del ser humano es una cosa muy jodida, ¿no?

Querida Flavia...

Estas son algunas de las consultas y dudas que resuelve la sexóloga en su libro
¿Qué hago con el sexo?

• “Mi esposo está obsesionado con los chats de lesbianas en Internet y me pide que participe en ellos, pero me siento incómoda”.

• “Llevo diez años de casado, de repente me he sentido atraído por los transexuales”.

• “Soy actor porno y vivo en Europa, donde he desarrollado mi carrera. No he sido capaz de confesarles a mis padres cuál es mi verdadera profesión”.

• “Me diagnosticaron con VIH y no sé cómo decírselo a mi esposa”.

• “Mi novio tiene una fijación con mis pies y le gusta que los use para acariciarle todo el cuerpo. ¿Es eso normal?”.

• “Soy una mujer joven con una atracción incontenible por los hombres prohibidos, como los profesores y los sacerdotes”.

• “Soy soltero y tengo dudas sobre si debo contratar los servicios de una prepago para satisfacer mis deseos sexuales”.

• “Tengo más de 50 años, soy profesional y bonita, y aún soy virgen. Deseo estar con un hombre, pero me da mucho miedo”.

• “Tengo 18 años y mi amante 45, y es una mujer casada, pero estoy aburrido de que solo me busque para tener sexo”.

• “Mi novia y yo nos involucramos en una experiencia swinger y ella tuvo sexo con otro hombre. Creo que lo disfrutó y no dejo de reprochárselo”.

• “Estoy embarazada y mi esposo no quiere tener relaciones sexuales porque teme lastimar al bebé”.

• “Hace poco me enamoré de un hombre parapléjico, pero no quiere que tengamos relaciones. ¿Cómo podemos tener una vida sexual satisfactoria?”.

• “Tengo 17 años y desde hace tiempo escucho a mis padres cuando tienen sexo. Me da asco, pero no soy capaz de decirles nada”.

Adicionalmente, hay apartes del libro muy útiles, donde Flavia da consejos para el uso adecuado del viagra, o cómo contrarrestar la denominada ‘cistitis de la luna de miel’, una dolencia común en las mujeres cuando tienen muchas relaciones sexuales en un periodo corto de tiempo.
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