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Escándalos que casi acaban carreras

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Si la larga trayectoria de Arnold Schwarzenegger en Hollywood se va al traste a causa de sus infidelidades a su esposa María Shriver Kennedy, no sería la primera vez. Varios de los más aplaudidos actores han pagado caro sus deslices sexuales y con las drogas.
Charlie Sheen, una embarrada tras otra. Fotos: Queen Internacional.
Por: 22/6/2011 00:00:00
Charlie Sheen una embarrada tras otra

Su caso sorprende, porque por años su desenfrenado espiral de líos no afectó su categoría de actor popular y taquillero. En 1996, su novia Brittany Ashland lo acusó de haberla golpeado, por lo cual fue multado y puesto en libertad condicional. Luego, casi se muere por sobredosis de cocaína.

Así, mientras entraba y salía de clínicas de rehabilitación y era acusado por sus esposas (tuvo tres en 13 años) de abusos físicos, su estatus en el cine se esfumó, pero se agigantó en la televisión. En el 2003 se convirtió en protagonista de Two and a Half Men, la comedia más vista de Estados Unidos. La muestra de que él era el alma de la producción se refleja en el hecho de que llegó a ser el actor mejor pagado de la pantalla chica gringa, con un sueldo de dos millones de dólares por capítulo.

Pero tanto éxito como que terminó por excitar mucho más su alma de niño malo. Sus largas rumbas le valieron la pérdida de la custodia de sus hijas Sam y Lola, nuevas demandas de su última esposa Brooke Mueller (en la foto), a quien amenazó con un cuchillo y, por último, una vergonzosa salida de Two and a Half Men, debido a lo cual hoy está virtualmente liquidado.

El comienzo del fin se dio el año pasado, cuando una estrella porno con la que estaba de fiesta en un cuarto del carísimo hotel Plaza de Nueva York, llamó a la policía atemorizada por los violentos delirios del actor bajo los efectos del alcohol y la droga. A las pocas semanas estaba de nuevo en sus andanzas y lo peor fue que empezó a incumplir con los horarios de grabación de su comedia, y a sostener disputas públicas con los miembros del equipo. A la postre, salió de la serie por la puerta de atrás. Sus intentos por recuperarse con una obra de teatro sólo han servido para que lo abucheen por todo Estados Unidos y le recuerden que es una celebridad venida a menos.

Mel Gibson les pega a las mujeres

En los años 90, Gibson era el auténtico leading man de Hollywood. No sólo protagonizaba las cintas más taquilleras y premiadas, sino que dirigía y producía con tal éxito, que llegó a amasar una fortuna de mil millones de dólares. Pero de ser el más aplaudido pasó a ser el más abucheado, por una racha de metidas de pata que fue in crescendo hasta que prácticamente nadie quiso volver a saber de él.

En el 2006, su severo alcoholismo le valió un arresto por conducir borracho. Pero lo que más causó indignación fueron los insultos que profirió contra los judíos en el incidente. Para colmo de males, su fiel esposa Robyn lo dejó, harta de sus ataques de furia y de sus infidelidades. El posterior divorcio fue uno de los más caros del jet-set.

El actor fue tildado de hipócrita, porque, pese a haber fundado una Iglesia ultracatólica, él mismo incurría en pecados como la fornicación, la ira y la soberbia. Pero eso le importó un bledo y se fue a vivir con la cantante Oksana Grigorieva (en la foto), con quien tuvo una hija, Lucía. El nuevo hogar no fue nada afortunado y el año pasado Hollywood parecía asistir al colapso definitivo del otrora ídolo del cine. Oksana obtuvo en una corte una orden de restricción contra Mel a causa de sus maltratos físicos y verbales. El mundo quedó boquiabierto cuando ella mostró unas grabaciones de sus peleas con el artista. “¿Qué clase de hombre es este, que golpea a una mujer con una niña en brazos?”, le decía Oksana acerca de un altercado en el que él le rompió un diente de una bofetada, a lo cual él contestaba: “Te lo merecías”. Además, Gibson volvió a ser tildado de racista por insultar así a la madre de su hija: “Pareces una puerca en celo y si te viola una banda de negros por ahí será tu culpa”, le gritaba al criticar su vestimenta.

El lío marcó un fuerte declive en la carrera de Gibson, que vio distanciarse a muchos que ayer se lo peleaban en Hollywood. Pero no faltaron amigos como Jodie Foster, quien además de ponerlo en el elenco de su película The Beaver, fue la madrina de su reciente reaparición ante las cámaras en el Festival de Cannes. Está por verse si resurgirá tras años y años alimentando su fama de racista, homofóbico, sexista, borracho y abusador de niños y mujeres.

Lindsay Lohan la niña problema

Su díscola actitud dio al traste con una carrera en la que de estrella juvenil pasó a bomba sexy, con todas las posibilidades de seguir vigente por años. Pero una vez que se hizo mayor de edad y tomó las riendas de su fama y fortuna, el alcohol y las conductas erráticas la volvieron irrefrenable. Hoy, a los 24 años, por ejemplo, cumple una condena de casa por cárcel por haber robado un lujoso collar de 2.500 dólares en la joyería Kamofie & Co., en Venice, California, donde vive.

Es la última de una serie de travesuras por las que Lindsay no ha dejado de ser noticia en los últimos años. En el 2007, tras un mes en un centro de rehabilitación (ha pasado por varios), fue arrestada por conducir ebria y con una licencia vencida, y por posesión de cocaína, por lo cual fue condenada a un día en prisión y trabajo comunitario. Además, el juez le ordenó un tratamiento de rehabilitación y quedó en libertad condicional por tres años. Pero en el 2009 incumplió la orden y el juez le aumentó la pena a un año. Aun así, ella violó una vez más los términos, por lo que volvió a la cárcel por 14 días, a los que le siguieron otros 23 en otra clínica para toxicómanos.

Aparte de los líos legales, ha sido la comidilla en las revistas del corazón por las peleas y escenas extravagantes que ha dado junto a amigos de rumba como Paris Hilton o Marilyn Manson. Y ni qué decir de sus fotos picantes en Internet o de sus devaneos lésbicos, que han ayudado a agudizar el morbo por todo lo que hace y deshace la eterna niña problema de Hollywood, donde ya sólo interpreta roles de segunda.

Robert Downey Jr. resurgió de sus cenizas

Es uno de los raros casos de resurrección en las grandes ligas de Hollywood tras haber llegado a lo más bajo. Luego de un fulgurante comienzo al lado de los mejores y una postulación al Oscar, Downey fue el calavera de Hollywood entre 1996 y 2001 por sus frecuentes arrestos por posesión de cocaína, heroína y marihuana. Bajo los efectos de esas sustancias, cometió delitos como conducir a velocidades prohibidas e invadir la casa de un vecino, que lo encontró dormido en su cama. En 1999, fue encarcelado por violar la libertad condicional, por lo que perdió jugosos contratos. Cuando salió de prisión, una nueva etapa de éxito se vio venir con su papel en la serie Ally McBeal, cuyo rating elevó notablemente. Pero fue detenido otras dos veces por posesión de cocaína y por vagar drogado por la calle, debido a lo cual fue expulsado de la serie, sin importar la acogida de su papel entre el público. Ello, además, fue la causa del fin de su matrimonio con Deborah Falconer, así como años antes lo había sido de su ruptura con Sarah Jessica Parker.

Downey se sometió a un tratamiento de rehabilitación que le permitió un triunfal regreso a Hollywood, donde en los últimos años sólo ha tenido aciertos, en especial con la serie Iron Man, por la cual fue postulado al Oscar, y Sherlock Holmes, que le mereció el Globo de Oro.

Rock Hudson y George Nader un gay de clóset y su chivo expiatorio

Hudson era en los años 50 uno de los actores más vendedores y populares de La Meca del cine, gracias a que era muy apuesto, muy alto (medía 1,90 metros) y, sobre todo, lo amaban las mujeres. Pero en los estudios y en las fiestas su homosexualismo era un secreto a voces que sus managers hicieron todo lo posible por acallar, para no perder a su gallina de los huevos de oro. Incluso, se dice que su matrimonio con Phyllis Gates fue un acto de fachada para desvirtuar los rumores cada vez más crecientes de que él tenía romances con el publicista Tom Clark y con Marc Christian, quien se quedó con parte de su fortuna. Además, se rumoraba que su amistad con George Nader, otro galán exitoso de la época, resultaba muy sospechosa.

En 1955, la revista Confidential amenazó con publicar unas comprometedoras fotos de Hudson con uno de sus novios, las cuales acabarían con su imagen y, por ende, con su carrera. Sin embargo, su agente Henry Willson sacó cuentas y concluyó que era mejor venderle a la hambrienta publicación la primicia de la homosexualidad de Nader, quien le resultaba menos rentable.

El escándalo estalló y, por supuesto, marcó el fin del prometedor paso de George Nader por el cine, mientras que Hudson siguió siendo reverenciado como el supermacho por varios años más. Luego de morir de sida en 1985, sucesivas biografías confirmaron que era gay.

Roberto Rossellini e Ingrid Bergman desterrados por adúlteros

En el Hollywood de finales de los años 40, la sueca Ingrid Bergman, la más bella de su tiempo, era una rara combinación de perfecta casada, ajena a los romances licenciosos, con gran actriz, estrella de verdaderos clásicos como Intermezzo: una historia de amor y Casablanca.

Pero en 1949, Roberto Rossellini, el gran maestro del realismo italiano, la convenció de dejar a su esposo, el doctor Petter Lindström y a su hija Pía, para vivir un amor tan fogoso como Stromboli, el volcán al pie del cual rodaban su primera cinta.

En La Meca del cine, Ingrid, otrora reverenciada como santa, fue calificada como la “nueva ramera de Babilonia”, por su adulterio. Incluso fue denunciada en el Senado, en Washington, al tiempo que la Iglesia prohibió ver sus cintas y el célebre presentador Ed Sullivan se abstuvo de entrevistarla en su show, pese a que una encuesta demostró que la gente quería verla. Semejante revuelo desterró de Hollywood tanto a Ingrid como a Rossellini, que se casaron y tuvieron tres hijos, entre ellos, la actriz Isabella Rossellini.

Pero el suyo es también un milagroso caso de resurgimiento, pues ya divorciada del italiano, hizo un regreso triunfal a las pantallas estadounidenses por su papel en Anastasia, que le valió su segundo Premio Oscar en 1956. Empero, los resquemores del escándalo seguían vivos y Cary Grant recibió el trofeo en su nombre. Bergman sólo reapareció en Hollywood en la entrega de los Oscar de 1958, cuando todo el auditorio se puso de pie y le ofreció una larga ovación de desagravio.

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