HAIFA MEZHER Y ARMANDO BENEDETTI

En el amor: hay segundas partes que sí funcionan

Vea el detrás de cámaras de la sesión fotográfica que la revista Jet set le hizo al senador Armando Benedetti y a su esposa Haifa Hezher.

En el amor: hay segundas partes que sí funcionan.

El Senador y su esposa estuvieron separados por más de un año y aunque nunca dejaron de hablarse, pues tienen un hijo en común, pensaban que la ruptura era definitiva. Pero ambos decidieron darse una segunda oportunidad y dicen que no se cambian por nadie.

Se conocieron en B
arranquilla en octubre de 1996. Hace 11 años. Ella, Haifa Mezher, tenía 19 años y hacía muy poco se había graduado de bachillerato. Quería estudiar Relaciones Internacionales. Él, Armando Benedetti, empezaba a hacer sus pinitos en la política y aspiraba al Concejo de Bogotá. Dejaron de verse por dos meses y en diciembre se reencontraron. El flechazo fue tan fuerte que el 4 de enero estaban viviendo juntos.
Armando Benedetti resultó elegido concejal de Bogotá con una importante votación y Haifa, al poco tiempo, esperaba un bebé. Estuvieron casi ocho años juntos. En ese tiempo, Benedetti se convirtió en representante a la Cámara y después en senador. En diciembre de 2004 se separaron. La crisis fue contundente y sus vidas tomaron rumbos distintos. Muy pocos apostaban por el regreso de la pareja. Ella logró terminar sus estudios y empezó a trabajar en la Cancillería. Se veían y hablaban con alguna frecuencia pero ninguno de los dos se hacía muchas ilusiones. Sin embargo, el amor terminó imponiéndose. De hablar sólo del niño, de Armandito, pasaron a tener conversaciones sobre su propio futuro, sobre la relación que habían tenido y el amor que aún sentían el uno por el otro.
“Las segundas partes te hacen valorar más lo que tienes. Por decirlo de alguna manera, en la primera parte uno tiene fantasías sobre cosas que no existen y piensa que le hace falta algo. Pero eso no es real. Ahora le doy más valor a la relación con Haifa, aprecio mucho su lealtad”, dice Benedetti, quien asegura que ella es su complemento: “Llegamos a este punto por el camino más largo y tortuoso”.
La opinión de Haifa es similar: “Uno piensa que después de vivir tanto tiempo con su pareja la conoce muy bien. Pero creo que ahora nos conocemos más. En este punto puedo decir que Armando y yo crecimos juntos y maduramos como personas. Por eso afirmo que tengo certezas, no hay fantasmas ni incertidumbre”.
Hace más de un año volvieron a vivir bajo el mismo techo, y hoy ambos expresan sin titubeos: “Estamos en un punto de partida real y ninguno de los dos puede vivir sin el otro. Queremos vivir la vida juntos, morirnos juntos, pero para llegar hasta aquí tuvimos que recorrer un camino muy doloroso”.
Aseguran que ya cometieron todos los errores, que probablemente no se conocían tan bien como ahora y que lograron, juntos, descubrir lo que realmente quieren de la vida, de su relación y de la familia que conforman.
Tienen claro, también, que el amor debe estar por encima de todo y que hay que saber perdonar: “Él me ama. No dudo ni un segundo que él me ama y yo lo adoro a él. El futuro es más lúcido y el pasado se olvidó”, dice Haifa, quien no alberga dudas cuando sostiene que lo que ocurrió está sepultado.
Disfrutan -dicen, y se les nota- cada momento que pasan juntos. “Mi vida comienza a partir de ahora, de esta etapa que estamos viviendo y que sé que durará para siempre. Es como la primera vez. Lo gozo y lo descubro, y eso me tiene encantada. Hablamos hasta la madrugada. Siempre lo espero despierta y él me cuenta todo lo que hizo en el día, las declaraciones que dio y hasta con quién peleó. Lo conozco muy bien, y a él, además, le gusta expresar todo”.
Ahora no salen a la calle el uno sin el otro y cuando Haifa tiene que viajar fuera del país, porque su trabajo lo exige, el Senador va con ella. No la deja ni a sol ni a sombra. Durante el día parecen un par de recién enamorados: se mandan mensajes de texto, se coquetean y se lanzan uno que otro piropo. Ambos esperan y desean que esta vez sea para siempre. •

Otros que volvieron

Juanes y Karen Martínez

La reconciliación de esta pareja es probablemente la más sonada y comentada de los últimos meses. El cantante y la ex reina se conocieron hace alrededor de cinco años en el rodaje de uno de los videos del artista. Sus amigos cercanos aseguraban que estaban locamente enamorados. Por eso, su matrimonio en agosto de 2004, no tomó a ninguno por sorpresa.
El nacimiento de sus dos hijas afianzó ante el público la imagen de familia feliz que conformaban el paisa y la cartagenera, y ellos mismos lo vivieron así. Sin embargo, las constantes giras del músico y supuestas infidelidades de su parte, hicieron que la relación se debilitara.
La noticia de la separación llegó de la mano de un presunto romance de Juanes con la actriz Johanna Bahamón, quienes nunca confirmaron o negaron la noticia, a pesar de las fotos publicadas en varios medios de comunicación. Luego de mucha especulación, Juanes y Karen decidieron darle una nueva oportunidad a su matrimonio. A propósito de su reconciliación el cantante sólo dijo un par de frases: “Estoy bajo vigilancia. Ahora tengo casa por cárcel, pero ya me dieron el primer permiso”.

Andrés Vega y Tana Valencia
 
Su historia de amor es digna de ser contada. Tana y Andrés habían sido marido y mujer por ocho años, durante los cuales nacieron sus hijos Alejandra y Eduardo. Sin embargo, la unión llegó a su fin y aunque los amigos cercanos decían que eran el uno para el otro, estuvieron cuatro años separados, manteniendo una relación cordial, pero distante. En noviembre de 2004, cuando sus hijos ya tenían 11 y 8 años, Tana se arriesgó a pedirle a Andrés una segunda oportunidad para su relación, y él, sin pensarlo demasiado, decidió aceptar encantado. Cuando les contaron a sus familiares y amigos la buena nueva, se confirmó lo que muchos habían vaticinado, que su amor aún seguía vivo. Entonces, en una ceremonia discreta pero con champaña, rumba y mariachis, los novios volvieron a sellar su amor, esta vez para siempre. Los que estaban que no se cambiaban por nadie eran sus dos hijos que, dicho sea de paso, fueron los testigos y estamparon sus firmas en el acta de matrimonio. Hoy, tres años después, la familia Vega Valencia sigue unida y feliz.







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