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El Mono Casas el mago de las transformaciones en ‘Yo me llamo’

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Con su ojo clínico para la moda y su conocimiento acerca de los artistas más famosos del momento, el Mono Casas ha logrado convertir a un hombre en Helenita Vargas y a una adolescente en la réplica de Shakira.
Para el asesor de imagen de Yo me llamo hay personajes más fáciles de imitar como Shakira, Plácido Domingo, Rubén Blades y Ricardo Arjona; y otros más retadores como Juan Gabriel o Helenita Vargas. Foto: Gerardo Gómez/11.
Por: 5/10/2011 00:00:00
Este barranquillero, con pinta de lord, es la pieza clave para que los participantes del reality Yo me llamo se transformen en la copia fiel de los cantantes a quienes imitan.
“Acepté sin saber muy bien en que me estaba metiendo”, dice José Ignacio El Mono Casas sobre su nuevo trabajo como asesor de imagen de los concursantes de Yo me llamo, el reality de imitadores que domina los sondeos de sintonía. Casas llegó al canal Caracol por una invitación que le hizo Alexandra Pumarejo para hablar de moda en el magazín Día a día. De ahí recibió la propuesta de vestir a los presentadores de noticias y entretenimiento del canal, tarea que sigue ejerciendo. “Con Iván Lalinde, en El precio es correcto, rompimos el esquema, le creamos un look que se salía de lo convencional y lo volvimos un dandy de la televisión”. Fue gracias a esta experiencia que Juan Esteban Sampedro lo llamó para hacer el styling de los participantes de Yo me llamo.
 
“Nunca, ni en mis más locas fantasías, imaginé que me fueran a llamar para esto. Además, sucedió justo ahora que acabo de cumplir 50 años. Hacer una cosa tan diferente a lo que he hecho antes me mantiene joven. Creo que en parte me escogieron porque sabían que me lo iba a gozar”, dice.
 

“El reto con Helenita Vargas es dejar de lado todo el tema de drag-queen y no caer en el disfraz o la caricatura”.
 
Con mano dura y a la vez amorosa, El Mono desafía a los concursantes a encontrar su parecido físico con los cantantes que imitan. “Es importante que sepan que no es un juego. En el tema de la imagen es muy fácil caer en el disfraz y aquí no se trata de eso”.
 
Impecablemente vestido y con un tono distante que no debe ser confundido con soberbia, asegura que el desafío más grande ha sido aprender a decir las cosas sin ofender. “La imagen es algo muy personal y no es agradable que alguien venga a decirle a uno que es un desastre”, por eso bromea con que no sabe qué tanto lo quieren los concursantes o los jefes de vestuario.

Sin dar muchas pistas de lo que pasará en el programa dice: “Nuestra Shakira es una niña muy joven, maneja el escenario muy bien. Hay una faceta que estamos empezando a descubrir y es el movimiento de caderas. Tiene la fortuna de que tiene un pelo maravilloso, un cuerpo muy bonito y la sensibilidad para identificar todas esas cosas que hacen que Shakira sea Shakira: las uñas comidas y el abdomen marcado, entre otras. Por su parte, Vicente Fernández tiene la voz y muchas ganas, pero todavía le falta ser ese charro seductor, macho, conquistador, sensual y sexual”. Con Helenita Vargas, dice, el reto está en dejar de lado todo el tema de drag-queen. “Él es un tipo con mucho talento y tiene un respeto por Helenita casi místico, pero en ese afán por querer ser ella tiende a caer en una caricatura. Estamos en el proceso de mejorar eso. A Roberto Carlos le falta aprender a seducir al público. Todavía no puedo con su peluca”. Según este gurú del estilo, el manejo del pelo ha sido una de las cosas más complicadas hasta ahora. “Una peluca, por buena que sea, siempre se va a notar”.

Así como la imagen ha sido su obsesión toda la vida, reconoce que, aunque tiene orejas grandes, su oído musical es casi nulo. “No tengo idea de que significa cuando Amparo Grisales dice: ‘no tienes el ‘color de voz’ que estamos buscando’ o ‘te excediste en el vibrato’”. Para él, todos los participantes tienen un talento vocal impresionante. “En el programa he descubierto artistas que no estaban en mi radar. Antes de Yo me llamo no sabía que existía Darío Gómez, el Rey del Despecho; ni quién era Ivy Queen, La Caballota, ahora me encanta”. Aun así, asegura que su gusto musical es muy amplio. Tiene dos iPods, sincronizados por su amigo, el Dj Willy Vergara, en los que no hay ni una sola ranchera y unos cuantos vallenatos, que delatan su origen barranquillero.
 

“Hay una faceta que estamos empezando a descubrir con Shakira y es todo el tema del movimiento de cadera. Ella tiene la sensibilidad para identificar esas cosas que hacen que Shakira sea Shakira, como las uñas comidas y el abdomen marcado”.
 
Y es que El Mono, a pesar de descender de una de las familias más cachacas de Bogotá, nació en Curramba La Bella, la tierra del Carnaval y de Esthercita Forero. Creció entre Barranquilla y Boston, Estados Unidos, rodeado de distinguidas mujeres y de un papá con una figura como la de Cary Grant, el famoso actor británico que enloquecía a las jovencitas de los años 40 a los 60 con su garbo y agudeza. Desde pequeño estuvo ligado al mundo de la moda y el arte. “Recuerdo especialmente mi primera visita al Metropolitan Music en Nueva York y al Planetario en Bogotá, donde me metían en un salón oscuro a ver las constelaciones”. Los viajes y la influencia de artistas como Alejandro Obregón, Álvaro Barrios y Fernando Botero, terminaron por marcar su devoción por la imagen.
 

“El participante que imita a Ricardo Arjona tiene el físico, pero aún le falta explotar esa imagen de macho que enloquece a las mujeres”.
 
En 20 años es poco lo que no ha hecho, por eso puede hablar desde la experiencia. Además de Yo me llamo, sigue al frente de Monosac, el negocio de carteras y accesorios; y de BBook, la empresa de producción de desfiles, fotografías y publicidad, que maneja con su esposa Marea Morange, una francesa que se apoderó de su corazón hace 17 años y quien es su cómplice en el gusto por la belleza. “Hace poco Marea y yo hicimos un viaje desde Bogotá a Barranquilla por tierra y parecíamos un par de imbéciles: mira la nube, mira la vaca, ¿ya viste esa piedra tan bonita?”.

Desde que está en el programa vive de afán y le ha tocado aprender a manejar el tiempo para cumplir con todas sus obligaciones. De repente mira el reloj, se da cuenta de que faltan pocos minutos para que empiece la transmisión de Yo me llamo y se despide con la promesa de que los televidentes empezarán muy pronto a ver cambios significativos en los participantes. “Vendrán muchas sorpresas”, dice El Mono Casas, a quien algún día le gustaría caracterizarse como el diseñador Karl Lagerfeld. “No sé si tenga los cojones para hacerlo, pero sería un disfraz divertido”.
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