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EL MARQUÉS DE CÁCERES

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Juan Noguera Merle, uno de los hombres más linajudos de la Madre Patria, vino a Colombia y habló acerca de los famosos vinos de sus bodegas y de los ataques al rey Juan Carlos I.
Por: 15/4/2010 00:00:00
“Los títulos nobiliarios ni se venden ni se compran”. Quien lo dice, tiene toda la autoridad para desmentir el mito de que por mucho dinero es posible llamarse Duque o Marqués, como él. No conoce a nadie que lo haya hecho y si él mismo quisiera negociar su marquesado no podría, porque María, su hija mayor, lo reclamaría, o quedaría muy mal parado con el Rey de España, muy allegado a su familia y el único que puede disponer de tales honores.
Don Juan Noguera Merle no sólo es un verdadero Marqués, el segundo título nobiliario en importancia después del Duque. Mejor todavía, es uno de los 400 de su rango que lleva el título de Grande de España, la máxima distinción de la nobleza española después de la de Infante. Al respecto, él aclara que los tiempos en que tan altos apelativos daban privilegios, fortuna y nada de trabajo, ya pasaron. “Mi vida es como la de cualquier mortal. Me levanto por la mañana y si no trabajo no tengo ingresos y si no los tengo todo va a ser peor”, cuenta. Su oficio también se remite a la nobleza, pero de los vinos que salen de sus Bodegas Marqués de Cáceres, una de las grandes marcas españolas en su género y la favorita ahora en los restaurantes de Estados Unidos. Sabedor del auge que vive en Colombia la cultura del vino, en donde sus productos tienen gran acogida, el octavo Marqués de Cáceres vino al país y compartió varias catas con los enófilos bogotanos. Su pasión por esta bebida es una herencia de familia, pero no tan antigua como su marquesado, que se inició en el siglo XVII, con su antepasado Juan Ambrosio de Cáceres y Montemayor. Tres siglos después, en 1970, Vicente Noguera y Espinosa de los Monteros, el padre de don Juan, decidió montar una empresa vitivinícola junto a una biblia del tema: Enrique Fornier, quien escogió para ello la afamada región de La Rioja Alta, donde se producen las especies más finas de España. Los que fueron vistos como dos locos soñadores, decidieron estampar el hidalgo nombre del Marqués de Cáceres en sus botellas. Con el tiempo, la marca fue la primera que exportó vinos españoles y logró un lugar en el mercado mundial con su variedad de tintos y blancos . Mientras eso sucedía, desde joven, don Juan se dedicó a visitar las bodegas de su padre y se volvió un sabio en la materia.
Esta dedicación a su negocio no le ha restado importancia a su rango. Todo lo contrario. Él es un Grande de España a la moderna, que no olvida que la nobleza se lleva en el alma y no tiene nada que ver con los estratos sociales. Por eso tiene amigos en todas las escalas, pero la mayoría provienen de las gentes del común. También es un gran defensor de la monarquía, otra tradición de familia: en el siglo XIX, el quinto Marqués se hizo famoso al proclamar rey a Alfonso XII, lo que acabó con el régimen republicano en el poder. Hoy, pese a los ataques de que ha sido objeto la Corona, él no cree que tenga que salir en su auxilio como sus mayores, porque la gran mayoría de los españoles están contentos con el rey Juan Carlos I, con quien ha departido en varias ocasiones alegres y tristes. Ya desde la época de la dictadura de Franco, su familia pasaba largas temporadas con los Duques de Barcelona, los padres del Rey, en su exilio en Portugal. Pese a esos vínculos, el Marqués cree que su deber con la Casa Real es servirla y no servirse de ella. Y una buena forma de hacerlo es llevar por el mundo el sabor de sus vinos, como la quintaesencia del abolengo español.
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