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Clara López en familia

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El hijo de su marido, Carlos Romero, quiere triunfar en la música vallenata y la Alcaldesa lo apoya porque creció en su casa y lo crió como si fuera su propio hijo.
El apartamento de la alcaldesa encargada de Bogotá, Clara López, siempre está listo para una parranda vallenata, como ésta que improvisaron con Jaime Oñate y Federico Romero, vocalista y acordeonista de la agrupación Gente Pescaíto. Este último es el hijo menor de su esposo, el concejal electo de la capital de la República, Carlos Romero. Foto: Imagen Reina/11.
Por: 4/10/2011 00:00:00
La Alcaldesa encargada de Bogotá, Clara López Obregón, aún guarda vestigios de su rebeldía juvenil en los años 60. En su afán de que no la encasillen como vallenatóloga o de “señora culta que sólo ama la música clásica” le pide al acordeonista Federico Romero, uno de los hijos de su esposo, Carlos Romero, que interprete un fragmento de la ópera Carmen en lugar de La gota fría.

La gobernante se divierte con esos chispazos de osadía musical, que dan cuenta de su formación en plena revolución juvenil cuando ella, al igual que el mundo, hablaba de “prohibido prohibir para no acabar la creatividad artística”. “Esta libertad para hacer cosas y la capacidad de estar receptivo a todo, me gustan”, dice.

Su matrimonio con el exlíder de la UP y hoy dirigente del Polo Democrático, Carlos Romero, a semejanza del resto del país político también ha estado ligado al vallenato y a los juglares que todo lo vuelven verso. Romero, quien hace poco se marginó del Concejo de Bogotá para que su esposa tomara las riendas de la capital, se crió en el populoso barrio Pescaíto, de Santa Marta, donde los futbolistas como El Pibe Valderrama prácticamente hacían sus jugadas al ritmo de los aires de Francisco El Hombre. Por su lado, la Alcaldesa tampoco ha sido ajena a los sones, paseos y puyas del Valle de Upar por influencia de su familia paterna, que conoció de parrandas y festivales vallenatos cuando Escalona y Bovea cantaban, pero sin acordeón. Todo indica que Romero la ha influido más en el campo político que en el de los asuntos musicales. “Dicen que no me gusta el vallenato porque también adoro las composiciones de Mozart o Beethoven. Es decir, todo lo clásico”, afirmó la gobernante, quien en su época de militancia en la UP debió marginarse durante varios años del Festival de la Leyenda Vallenata, que fundó su tío, el expresidente Alfonso López Michelsen, junto a La Cacica Araújo y Rafael Escalona. En esos días estaba recién casada por lo civil con Carlos Romero, un líder de izquierda que la motivó a desafiar el establecimiento social bogotano que no veía bien que una López Obregón contrajera matrimonio con alguien que no estaba en su mismo nivel familiar y económico. Aquellos tortolitos parecían los personajes de las canciones del Binomio de Oro que vivían amores imposibles y que finalmente derribaban los prejuicios de clase social. Romero, quien la enamoró con las canciones de Rafael Orozco, el vocalista de esta agrupación, recuerda que “mucha gente me descalificó por comunista y morenito, pero más por pobre, como se lo dije a un periodista”.

Según la periodista María Isabel Rueda, la relación de Clara López y Carlos Romero es como pocas, cuando preguntó desde su columna de El Tiempo: ¿Cuántas historias de amor semejantes puede contar la derecha en este país? Agrega ella que “Clara niega haberse vuelto de izquierda cuando se enamoró del dirigente Carlos Romero y que más bien se enamoró de Romero por ser de izquierda”. Y la verdad es que ha sido objeto de admiración y envidia que personas como ellos, tan disímiles, hubieran podido conformar una pareja armoniosa y feliz.

Clara era una niña de Bogotá que, según María Isabel, podría tener más títulos localmente que la Duquesa de Alba en España. Sus apellidos son López (dos presidentes); Obregón (del pintor Alejandro y de muchos intelectuales); Holguín (de otros dos presidentes) y Rocha (Beatrice Santo Domingo). Su primer marido era un aristócrata canadiense que durante una época fue una de las estrellas del mundo financiero de Wall Street. Con este pedigrí no deja de ser extraño que represente la mejor carta que tiene la izquierda para presentar en las próximas elecciones presidenciales. Porque, la verdad, es casi seguro que ella sea la candidata del Polo. Y si de casualidad Gustavo Petro llega a ganar la Alcaldía, Clara podría ser la única candidata de la izquierda contra Santos, en momentos en que todos los otros partidos están apoyándolo a él.

Hace 27 años, cuando decidieron dar el polémico “sí”, Clara López y Carlos Romero venían de dos mundos diametralmente opuestos, pero coincidieron en que ya conocían las mieles y las hieles del matrimonio. La líder política por su unión católica con el empresario de Canadá, que duró muy poco tiempo, y Romero por sus dos relaciones anteriores: la primera con Matilde Bateman, hermana del fundador del M-19, Jaime Bateman; y con la abogada y modelo afrodescendiente, Magola Cogollo, madre del acordeonista Federico Romero, integrante de la agrupación Gente Pescaíto. Cuando el edil Romero llegó a la vida de Clara López, él ya tenía cuatro niños que ella aprendió a querer y a guiar como si fueran propios. La Alcaldesa, quien no tuvo hijos, desfogó en ellos la maternidad sin reservas hasta el punto de que aun hoy la llaman “la mejor madrastra del mundo”.

Federico, el menor, ha sido uno de los más cercanos a la burgomaestre. Después del colegio se iba a casa de su papá y Clara López, quienes guardaban un viejo acordeón para sus encuentros musicales y tertulias con Pablo López, Pedro García y Emilianito Zuleta. El niño lo tomaba en sus manos y empezaba a sacarle notas estruendosas, mientras ella estudiaba y leía con la esperanza de que las ‘parrandas’ infantiles de su hijastro no fueran tan largas como las de Alejandro Durán. “Me tocó sufrir el aprendizaje de Federico. No es fácil mientras uno busca concentrarse”, recuerda entre carcajadas.

Pero no todo fue música en la niñez del acordeonista. En pleno exterminio a los líderes de la UP, su padre fue víctima de un atentado en Santa Marta cuando lo llevaba tomado de la mano: “Mi papá se dio cuenta de que un hombre nos perseguía. Antes de que empezara a dispararnos, me lanzó al piso para protegerme”.

Después de esta zozobra y otros dos intentos de homicidio, Carlos Romero y Clara López se exiliaron en el extranjero. Tres años después regresaron al país para retomar la vida política y las parrandas con Totó La Momposina, Alejandro Durán y Abel Antonio Villa, otros de sus grandes amigos. Dos de estos acordeonistas murieron, pero Federico creció para seguir alegrando la vida de su padre y de la Alcaldesa, quien reparte sus pasiones musicales entre Beethoven y el vallenato.

Esta pareja tan dispareja es una de las más populares del país, y cuenta con el respeto y afecto no solo de los que la conocen, sino de los colombianos en general, que ven en ellos, además de su historia de amor, el compromiso por una causa.
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