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Benjamín Herrera: el granjero millonario

Eventos

El recordado Ramoncito de Dejémonos de vainas, sobrevivió al alcoholismo y a dos intentos de suicidio. Con 300 millones de pesos en el bolsillo, el vendedor de autos usados siente que llegó el momento de su revancha.
De actor pasó a vender carros en un concesionario de autos usados al norte de Bogotá. Hoy siente que la vida le ha dado otra oportunidad de volver a la televisión. Foto: Gerardo Gómez/11.
Por: 7/4/2011 00:00:00
Hoy, completamente rehabilitado, es el ganador del reality La granja del Canal Caracol.
Benjamín Herrera, más conocido como Ramoncito, el hijo menor de la dinastía de Los Vargas en la famosa serie de televisión Dejémonos de vainas (1984), es el ganador del reality La granja 2011 del Canal Caracol, después de una larga ausencia mediática y de una rehabilitación por alcoholismo.

Herrera empezó a tomar licor antes de los 16 años en los eventos sociales. “Era famoso y a cualquier parte adonde iba me recibían con trago. La verdad es que empecé sin pensarlo”. Salía de clases con algunos amigos a tomar cerveza y cuando se le terminaba el dinero que le daba su mamá, le fiaban en las tiendas. A los 18 años logró que Coestrellas le girara sus honorarios directamente a él y no a su madre. Esperaba el cheque con ansias para ir a cambiarlo y salir directamente del banco a las whiskerías del Minuto de Dios y de Chapinero. La rumba empezaba el viernes y terminaba el domingo.

El ‘Cabezón’, como lo llamaban en la comedia, llegaba a las grabaciones con un guayabo de tres días. Las repetidas faltas de disciplina, la impuntualidad y el olvido frecuente del libreto obligaron a Bernardo Romero Pereiro y a los productores de Dejémonos de vainas a sacarlo de la serie mandando al personaje a prestar el servicio militar, decisión que causó un gran dolor entre los integrantes del elenco y una depresión profunda en Herrera. Tenía 8 años cuando entró al seriado y 21 al salir del set. Su papel fue creado por el libretista de la serie, Daniel Samper Pizano, inspirándose en su hijo varón, Daniel Samper Ospina. “Ramoncito era como mi ‘Avatar’, aunque físicamente no nos parecíamos en nada”, dice con su humor característico, el hoy columnista y director de la revista Soho. Daniel papá considera a Benjamín como un hijo. “Nosotros hicimos varias acciones para ayudar en la educación de los actores, especialmente a la de Benjamín, pero el alcoholismo y sus malas compañías terminaron por marginarlo de la serie. Fue muy doloroso para todos”, dice Pizano.

“Cuando me echaron, me sentí muy solo y me dejé llevar por la adicción al alcohol. Hubo momentos en que quise hacer muchas locuras”. En una de esas noches de alcohol, alguien le ofreció cocaína garantizándole que ésta le quitaría la borrachera de inmediato. “La probé y me gustó, pero una tarde tomé y metí tanta, que se me vino la sangre por la nariz, se me durmieron las manos y la boca y sentía un hormigueo por todo el cuerpo. Me asusté y supe que tenía que parar o me iba a dar una trombosis. Además, no quería ver sufrir más a mi mamá. Mi papá murió de un infarto cuando ella estaba embarazada de mí y al que iba a ser mi padrastro lo mataron por una equivocación. De ahí mi sensibilidad. Los televidentes no saben cómo ha sido mi vida y por eso es que a veces me juzgan tan duro”, reconoce hoy, a sus 35 años.

“La Negra Candela fue quien me hizo la fama de drogadicto. Dijo que yo estaba viviendo en El Cartucho cuando ni siquiera conocía ese lugar. Ella después rectificó, pero ya el daño estaba hecho. Nadie me daba trabajo y la gente en la calle me miraba con miedo y con lástima. En esa época tenía una novia con la que llevaba dos años y por culpa de esos comentarios, la familia de ella le prohibió que siguiera conmigo. En ese momento sentí mucho resentimiento con los medios de comunicación, prometí no volver a dar ninguna entrevista y alejarme por un tiempo de las cámaras”.

Ya había tocado fondo cuando apareció su ángel de la guarda: Álvaro Enciso, presidente de la Fundación La Luz, quien le ofreció una beca para rehabilitarse. “Al comienzo fue muy duro. Durante el proceso tuve varios bajonazos. Hay gente que piensa que los drogadictos o los alcohólicos lo hacen porque son unos sinvergüenzas, pero no se dan cuenta de que se trata de una enfermedad”.

En el 2001, empezó a trabajar en las sedes de la Fundación en Muña, Chinauta y Cali, donde ayudó a la rehabilitación de cerca de trescientos jóvenes drogadictos. De allí pasó a vender carros en un concesionario de usados en la Boyacá con 96, en Bogotá. Había meses en que le iba muy bien económicamente y otros en los que el sueldo no le alcanzaba para casi nada. Una pena de amor producto de la inestabilidad económica y el asesinato de su hermano mayor hace cuatro años, lo llevaron a atentar en dos oportunidades contra su vida. “En la primera intenté cortarme las venas con un cuchillo que no tenía filo y en la segunda me puse un revolver en la boca y disparé, pero el tiro no salió”.

El año pasado, Humberto Rivera lo encontró y le propuso participar en La granja 2011, el reality de Caracol. “Acepté de una, no tanto por la plata, sino por cumplir el sueño de regresar a la televisión”. Durante el programa tuvo varios enfrentamientos con algunos de sus compañeros que lo criticaban por su actitud de víctima. “Eso no es cierto. Yo no fui allá a mostrar mi historia de vida ni a generar lástima porque fui alcohólico. Todo lo que dije es real. Yo soy y seguiré siendo el mismo, sólo que ahora con un poco más de dinero”.

Con los 300 millones de pesos que se ganó, acabará de pagar la deuda de la casa de su mamá y donará diez becas para la Fundación La Luz. Según Benjamín, La granja le abrió muchas puertas, pero lo más importante es que le abrió nuevamente el corazón de Colombia. Hoy tiene nuevas propuestas para actuar. Acaba de grabar un papel corto para Tu Voz Estéreo e hizo un casting para una nuevo proyecto de Caracol, del que prefiere no adelantar detalles.

Ahora, más maduro y con un nuevo diseño de sonrisa que le hizo el odontólogo Christian Salazar, Benjamín siente que la vida le está dando una segunda oportunidad y no quiere desaprovecharla. “Hay una canción de Julio Nava que se llama El cóndor fénix que yo cantaba en La granja y se me lloroseaban los ojos, que dice: “Lo que paso es cosa del ayer, ahora me preocupo por hoy. Va resucitando el cóndor fénix con callos en el corazón”.
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