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Algunos escándalos reales

Eventos

Las celebridades de sangre azul ya no fascinan tanto por su magia como por sus infidelidades, aventuras sexuales, amargos divorcios, codicia y excentricidades, que se toman las primeras planas durante todo el año.
Harry, de 26 años, y William, de 28, son muy populares y el mejor activo de la realeza inglesa, pese a que los acusan de mujeriegos, borrachos y despilfarradores. Foto: AFP.
Por: 27/10/2010 00:00:00
Las nuevas generaciones, sobre todo, se empeñan en demostrar que son de carne y hueso y no es raro ver a los jóvenes de la realeza borrachos o en peleas callejeras, una imagen que no se compadece de la tradición de los príncipes gentiles y castos de los cuentos de hadas.

William y Harry, las locuras de los Príncipes
Las juergas, las infidelidades, los vicios, las peleas y las frases fuera de tono, ventilados siempre en primera plana, han hecho de los hijos de Carlos de Gales los niños terribles de la realeza.

Los hijos del heredero real de Gran Bretaña están contentos con seguir las anacrónicas tradiciones reales, pero saben cómo ser normales. ¡Y de qué manera! En esta década, en que se convirtieron en el activo más importante de la realeza, han hecho las delicias de la prensa rosa, con sus travesuras típicas de cualquier joven en sus 20.

William, el mayor, se da aires de playboy. Fue así como él mismo se definió en su disculpa pública por haberse ido arbitrariamente de rumba en un helicóptero Chinook de la Real Fuerza Aérea en el 2008, el día en que se graduó de piloto. El hijo mayor de Diana de Gales voló desde Lincolnshire hasta el Palacio de Buckingham, donde recogió a su hermano Harry. El viaje siguió a la isla de Wight, para la despedida de soltero de su primo Peter Phillips.

La prensa londinense contó que la juerga tuvo 24 invitados y duró dos días en el hotel Anchor Inn. “Todo se tornó muy sórdido”, le dijo un testigo al Times, y relató cómo una multitud de jovencitas invadió el lugar. Con sus amigas, los solteros hicieron el concurso de la que bebiera más cerveza boca arriba y a través de un embudo. “¡Imagínate que es un graaan pene!”, le decía Harry a una de ellas. Después, unos amigos le bajaron los pantalones a William para que otro le tomara una foto que fue a dar a The Sun. El comentario entre muchas chicas: “Will is uncut!”, o sea, no tiene la circuncisión, y les pareció bien dotado. Al día siguiente, en pleno escándalo, se supo más: William ya había usado uno de los helicópteros oficiales para ir a una boda con su novia Kate Middleton, en cuyo jardín aterrizó.

A esas alturas, la vida alegre del Príncipe no era un misterio. Junto con su hermano Harry es uno de los mejores clientes de Mahikis y Boujis, las discotecas de los niños bien de Londres, donde los jóvenes Windsor pueden gastar más de diez mil libras en champaña en una noche y los paparazzi los fotografían dando tumbos. La vida amorosa de William también ha sido novelesca. La prensa de Londres asegura que es mujeriego y varias veces han aparecido fotos suyas siéndole infiel a Kate, con quien se rumora que se casará en el 2011.

Harry, por su parte, protagonizó en el 2005 su primer ‘oso’ mundial, cuando The Sun publicó su foto disfrazado de nazi en una fiesta, lo que causó protestas en la comunidad judía y repudio general. Harry se disculpó, pero la metida de pata le pasó factura en el 2009, cuando News of the World reveló un video en el que él aparecía tratando de “paqui” a un soldado paquistaní, lo que se considera despectivo. Por eso, fue tildado de racista. Las escenas mostraban, además, a un Harry soez, hablando del color rojo de su vello púbico, e irrespetuoso con su propia abuela, la reina Isabel II. Besaba y lamía la cara de uno de sus compañeros y le decía “te amo”.

Sus parrandas siempre han dado de qué hablar. En el 2006, él y sus amigos cadetes le pagaron 60 libras a una stripper para que los dejara poner su cabeza entre sus senos. Al año siguiente, otra cana al aire en Cálgary lo puso de nuevo en la prensa, cuando volvió a traicionar con una mesera a su novia Chelsy Davy, quien lo dejó este año.

El tercero en la línea de sucesión al trono es célebre también por sus furias, en especial contra los paparazzi, a quienes él y su hermano detestan por precipitar la muerte de su madre en 1997. En el 2007, unas fotografías lo mostraron agrediendo a un reportero a la salida de Boujis, en medio de una borrachera que no lo dejaba mantener el equilibrio. Con semejante vida de escándalos, ¿podrán él y su hermano sostener mañana a la realeza en el trono?

Sarah Ferguson vendió al príncipe Andrés
Un tabloide londinense dejó en ridículo a Sarah Ferguson, al revelar un video en el que ella recibía 40 mil dólares a cambio de concertar una cita con su ex esposo, el príncipe Andrés, hijo de Isabel II de Inglaterra.

El video fue primicia de News of the World y en él Sarah Ferguson sólo hablaba imprudencias. Decía que su ex suegra, la reina Isabel II, era su amiga porque no se había quedado con nada de su familia. Se quejaba de que era tan pobre, que andaba en un carro prestado. “No tengo ni una bacinilla”, declaraba la conocida Fergie, divorciada en 1996 del príncipe Andrés, Duque de York y cuarto en la línea de sucesión al trono del Reino Unido. De la separación sólo le quedó una pensión de 15 mil libras, insuficientes para costear los lujos que decía merecer como aristócrata.

Por esos días, ella había sido noticia mundial porque estaba hasta el cuello de deudas. La prensa del Reino Unido afirmaba que debía unas 650 mil libras esterlinas por la quiebra de su empresa Hartmoor, y unos abogados la tenían demandada por una cuenta de 200 mil libras por honorarios.

El video mostraba la desesperación en que estaba por efectivo y fue el trofeo de un complot urdido por el propio News of the World. La publicación infiltró a uno de sus editores, Mazher Mahmood, como un millonario sheik de Oriente Medio en el entorno más cercano a la Duquesa, hasta llegar a ella.

El pretendido industrial le vendió el cuento de que quería que le consiguiera una cita con Andrés para hablar de negocios, por lo cual ella le pidió 500 mil libras, a lo que él accedió. Era una actitud del todo incorrecta que comprometía el honor de la Casa Real. El punto más bochornoso de la grabación de News of the World ocurría cuando Sarah recibía un adelanto de 40 mil libras por el contacto. “Usted es un genio”, adulaba al falso sheik, algo borracha, como lo reconoció en una entrevista posterior a Oprah Winfrey. Lo insólito es que los asistentes y guardias de Sarah nunca verificaron ni una sola vez los datos del supuesto gran señor.

Como se dijo por esos días, es muy posible que a raíz de su desprestigio en Londres por semejante fiasco, la Duquesa tenga que irse a Estados Unidos, donde ya Oprah le ofreció trabajo en su empresa.

Es la más grave de las tantas metidas de pata de la famosa pelirroja, junto a la que, en 1992, desató el fin de su matrimonio. En ese año, otro tabloide, el Daily Mirror, publicó unas fotos de ella con su amante Johnny Bryan chupándole un pie en una piscina, cuando aún era la esposa de Andrés.

Alberto de Mónaco escondía dos hijos ilegítimos
La subida del Príncipe al trono de Mónaco coincidió con el destape de que tenía dos hijos concebidos en romances furtivos, para sorpresa de los que decían que no le gustaban las mujeres.

Su demora en casarse siempre le granjeó sospechas de que era gay al actual soberano de Mónaco. Pero la verdad es que llevaba una activa y misteriosa vida sexual con varias mujeres, algunos de cuyos detalles comenzaron a hacerse públicos en el 2005, cuando sucedió a su padre, Rainiero III, en el trono.

Ese año, la revista Paris Match reveló que el nuevo jefe de la familia Grimaldi era el padre de Alexandre Coste, fruto de su romance con la azafata togolesa Nicole Coste, quien le dijo a la revista que el Príncipe había reconocido al niño y lo sostenía. La publicación además reveló unas fotos de Alberto cargando y dándole de comer al pequeño. El escándalo no se hizo esperar y él demandó a Paris Match y a otros medios por ventilar su vida privada. Aun así, seis días antes de subir al trono, el 12 de julio, el Príncipe reconoció en una declaración oficial que Alexandre es su hijo.

Pero sus líos de paternidad no pararon ahí. En el 2006, se destapó otra bomba, cuando Alberto de nuevo tuvo que anunciar públicamente que era el padre de Jazmin Grace Grimaldi, nacida en 1992 de su romance esporádico con la californiana Tamara Rotolo, quien duró 14 años luchando para que su hija fuese reconocida por su padre. Las cortes de California nunca resolvieron su caso, porque decían no tener jurisdicción sobre el Príncipe. Finalmente, una prueba de ADN confirmó la paternidad. Según los portavoces de Alberto, él invitó a su hija a estudiar en Mónaco. Pero Jazmin, al parecer, se siente mejor en Estados Unidos, donde se graduó con honores, tiene su propia fundación benéfica y acaba de entrar a la Universidad de Fordham.

Ni ella ni el pequeño Alexandre podrán aspirar jamás a cualquier derecho dinástico por no haber sido concebidos dentro del matrimonio. Lo curioso es que la abuela de Alberto, la princesa Charlotte, era hija ilegítima de Luis II.
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