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Abelardo de la Espriella: abogado de escándalos

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El penalista de 32 años, nacido en Montería, y conocido por haber sido el defensor de 13 parlamentarios relacionados con la parapolítica, se retiró del tema y ahora maneja otros casos mediáticos…
A medida que fue creciendo su éxito profesional, aumentó el tamaño de sus obras de arte. Aquí, Abelardo, con su esposa Ana Lucía Pineda, junto a la ‘Rita 10:30’, un bronce de Grau. Foto: Gerardo Gómez/10.
Por: 4/11/2010 00:00:00
Como el de Carolina Celis, la periodista a la que le cortaron la cara a la salida de Andrés Carne de Res y el del niño que perdió tres dedos de sus pies en las escaleras de Unicentro. En diciembre, Ángel Becassino lanzará un libro sobre su vida. Así es este excéntrico abogado penalista, sibarita, extremo, conversador y locuaz.

“El abogado de la parapolítica”, le dicen, porque hace cinco años se metió a defender a cerca de 13 ex parlamentarios que terminaron enredados en uno de los mayores escándalos de la historia de Colombia. Tenía 27 años cuando ese lío empezó; hoy, que se dice retirado del tema, aún no alcanza la edad de Cristo, y se precia de haber obtenido “muy buenos resultados”, puesto que todos sus representados cumplieron sentencia y están libres.

De la Espriella afirma que su padre supo lo que sucedería “desde que se puso de moda enredarse con las autodefensas” en el departamento de Córdoba, de donde son oriundos. “Toda esa gente que se va a meter con esos tipos va a terminar presa un día”, solía decirle a su hijo adolescente, sin sospechar que sería él, justamente, quien los defendería con mucho éxito económico y profesional –es verdad–, pero pagándolo con una larga lista de contradictores y enemigos que lo critican, lo reprueban y lo amenazan de muerte.

“¿Cómo te vas a meter en esto?”, le advertían antes de que todo empezara. Pero él, especialista en derecho penal, joven, enérgico, costeño de ancestros árabes, ambicioso y arriesgado, no lo dudó: “No podía estar por fuera del proceso judicial más importante de los últimos 50 años. La parapolítica marcó un hito en la historia del derecho y si uno quiere ser un abogado importante en Colombia, no puede estar por fuera del proceso”.

Su nombre, junto al de sus defendidos –entre los que se cuentan Eleonora Pineda, Rocío Arias, Dieb Maloof– empezó a figurar en los medios de comunicación y, en cuestión de seis años, su firma Lawers Enterprise abrió oficinas en Barranquilla y Miami, aparte de la de Bogotá, y comenzó a recibir casos como el de Natalia París contra el periodista Alfredo Serrano, quien en su libro Las prepago incluyó el nombre de la modelo en la larga lista de mujeres que según Madame Rochy pagaban con favores sexuales el dinero que le daban los narcotraficantes. En esa ocasión, por primera vez en la historia de Colombia, la edición fue mandada a recoger y prohibida su reimpresión.

De la Espriella es, sin duda, un hombre mediático. Sabe para qué sirven los medios de comunicación y los maneja a la perfección, él dice que porque cuando estaba en el colegio hacía un programa de radio con otros niños de su clase, que se llamaba Inquietudes juveniles, y que también tenía versión por televisión en Telecaribe.

A esa experiencia, que de niño le dio suficiente dinero para convertirse en el ‘chacho’ de la cuadra, le atribuye su gusto por la farándula, donde tiene clientes que también defiende con vehemencia: otro de sus casos famosos fue el de Sara Corrales, quien asesorada por él, logró que la actriz Marcela Gardeazábal le presentara disculpas públicamente en La W Radio por haber dicho en una entrevista en El lavadero que la belleza de su colega era de quinta y manejaba la estética de la mujeres del narcotráfico.

El matrimonio
Hace menos de dos años se casó por segunda vez, pero en esta ocasión con todas las de la ley y por la Iglesia, a pesar de que se confiesa ateo rotundo y racionalista ciento por ciento. A la novia, Ana Lucía Pineda, la conocía desde que eran apenas unos niños en Montería, pero en ese entonces ella tenía 7 años, y él 17. Sin embargo, su madre siempre le dijo: “Tú deberías casarte con una de las hijas de Reja”.

Un día la vio por la calle en Bogotá, la reconoció, la enamoró y le propuso matrimonio.
 
“Ana Lucía es tan de buenas, que la primera vez que me casé fue por lo civil, así que no tengo cola que me mortifique”. Recibieron la bendición en la Iglesia de San Pedro Claver en Cartagena y celebraron en el baluarte San Francisco Javier, con una fastuosa fiesta de 400 invitados, seis grupos musicales y Gilberto Santa Rosa.

Hoy, Ana Lucía trabaja en Lawers Enterprise como administradora de la firma. “Yo me desmovilicé –afirma el abogado–. Me entregué a mi mujer por completo, abandoné las armas, abandoné el monte. Para volver, tendría que encontrar una mujer más bonita que la mía y no existe una más bacana, o no la conozco”. De la Espriella viaja siempre con Ana Lucía, porque dice que el hombre que anda solo la embarra.

La estética
La estética es otra palabra que le mueve la fibra a este penalista, patológicamente ordenado, y obsesivo con las formas: se viste con trajes de Hermenegildo Zegna, Hugo Boss, Salvatore Ferragamo; colecciona gafas de sol y relojes, detesta las sudaderas, y su clóset, en donde todo está ordenado por colores y perfectamente doblado, parece la vitrina de un almacén de ropa de marca.

En su oficina de la Zona T de Bogotá, a pesar de que se mueven cientos de procesos al día, no se ven papeles desordenados sobre los escritorios y no puede haber una obra de arte más, porque sencillamente se le acabaron las paredes. En otro piso del mismo edificio ubicó la galería de arte, para exhibir las demás pinturas que tiene de artistas de la talla de Botero, Grau, Obregón, Villegas y otros grandes de la historia del arte en Colombia.

“Hay que tener criterio jurídico –dice– y visión empresarial, pero a mí me gusta que todo se vea perfecto, que haya un ambiente del carajo, que todo esté reluciente. ¿De qué te sirve hacer un excelente memorial, si va chorreado de café, como he visto en mucho casos? Aquí las oficinas de los abogados son en el Centro, viejas, tienen los muebles rotos y todo se está cayendo. Para mí la estética es fundamental en todo y si veo un cuadro medio torcido, me paro y lo enderezo. Mi esposa a veces me dice que me relaje, pero yo le contesto que ser sicorrígido es menos malo que ser mujeriego”.

Las armas
De la Espriella se mueve por Bogotá en una camioneta hiperblindada, tan grande que sus amigos dicen que parece un TransMilenio; no abre la correspondencia en su oficina porque por eso ya se salvó de que le estallara un paquete bomba en sus manos; y se cuida porque su nombre aparece en la página de Ancol como objetivo militar y lo han amenazado más de veinte veces. “Tengo PhD en cuidarme”, dice. Con el pretexto de los ladrones, este joven abogado duerme con un arma bajo la almohada, por si acaso tuviera que defender a su esposa de algún intruso que se aparezca en la noche a robarlos.

Confiesa que es paranoico y que le encantan las armas. De hecho, aprendió a disparar con una carabina que le trajo su papá de España cuando tenía 5 años. Desde entonces, caza animales comestibles como siervos, jabalíes y aves de toda clase, a pesar de que no están en su menú, porque de tanto verlas recién muertas, les tiene un poco de aversión. Lo de cazar jirafas o jaguares le parece una gran aberración.

Tiene fotos en plan de cacería, pero piensa que si llegara a publicarlas la gente diría que es un paraco. “Es algo que siempre me ha perseguido: como soy monteriano, dicen que soy paraco. Pero resulta que cuando el paraquismo se inventó, yo no estaba en Montería. Yo salí de allá cuando tenía 15 años y medio. Es decir, hace 16 años. Mancuso todavía era un señor que vivía en su casa. Ahora, ¿tú que haces si tienes de vecino a Mancuso? Nosotros éramos peladitos y él era el campeón nacional de motocross, el héroe de la cuadra. Pero, ¿eso me hace paraco?”.

El bien y el mal
El publicista Ángel Becassino, que está escribiendo un libro sobre la vida del penalista, que será publicado en diciembre, le preguntó que si defendería a Dios. Y él contestó que sí, que lo defendería y que le pediría que se acogiera a sentencia anticipada por todo lo malo que ha hecho. En cambio, afirmó que le resultaría mucho más fácil justificar la terrible conducta del diablo porque es un desterrado y un desposeído.

¿Y la ética? De la Espriella habla de la ética con pasión. “La ética está en defender cualquier causa. Igual que el médico que después de hacer el juramento hipocrático no reciba a un enfermo porque es de una filiación política diferente a la suya, está violando el juramento. El compromiso mío no es con la sociedad, es con la persona que tiene el problema, con su familia. ¿O es que acaso un buen periodista al que invitan a entrevistar a Osama Bin Laden, decide no hacerlo porque es un terrorista? Lo hace, y se gana el Pulitzer con eso”.
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