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Tinto Brass El heredero político de La Cicciolina

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El director de Calígula, uno de los hombres más respetados del cine erótico, aspira a una curul en el Parlamento italiano, con el mismo partido que lanzó a la política a la actriz porno Ilona Staller, más conocida como La Cicciolina. Este abanderado del sexo libre estuvo en el Carnaval de las Artes, en Barranquilla, en donde habló con Jet-set.
Por: 30/3/2010 00:00:00
Tinto Brass, uno de los directores más aclamados del cine erótico italiano al lado de Pier Paolo Passolini, tiene la virtud de reírse de sí mismo: “Soy consciente de que no tengo los pechos de La Cicciolina. No me atrevería a hacer el ridículo al cambiar mi enorme y humeante tabaco habanero por el osito de peluche que cargaba la ex diputada y ex actriz porno en las sesiones legislativas del Parlamento de Italia”.
Pero, aun así, empezó a llevar con entusiasmo las banderas del Partido Radical de su país, que en los años 80 arropó a la pornstar como una necesidad imperante de provocar a la moral de la Iglesia y de la clase política de la ultraderecha europea.
“Estoy feliz de ser candidato del Parlamento de Italia, pero más feliz aun por pertenecer al mismo partido de esta gran dama, que nació con la misión de mostrar el sexo como expresión de libertad”, ha dicho el septuagenario director de Calígula, una película infravalorada durante su estreno en 1979. Sólo el paso de los años le permitió adquirir la categoría de cine de culto, y le quitó el rótulo de película pornográfica.
Las cintas de Tinto Brass tienen el erotismo como hilo conductor. En algunas producciones, el director acude a una cámara pudorosa y sólo exhibe los torsos de las mujeres de sus obsesiones, y en otras, desborda un festín de escenas de sexo, orgía y sadomasoquismo, como evidentemente ocurrió con su historia prohibida y censurada de Calígula, el emperador que implantó una era de abusos y tiranía en el Imperio Romano. Sólo hasta el 2008, por citar un ejemplo, se permitió la exhibición de la cinta en el Reino Unido.
De ahí, es perfectamente predecible que la plataforma de gobierno del creador y candidato generará urticaria no sólo en El Vaticano, sino en los ministerios de Educación y de la Familia, en Italia. El sólo estribillo de su jingle político, inspirado en la obra cinematográfica Las tentaciones del doctor Antonio, con la inmortal Anita Ekberg, invitará a tener sexo por montones porque, según él: “Las relaciones sexuales convienen”.
No obstante, la polémica de su candidatura por el Partido Radical todavía no ha llegado al punto más alto. El afiche de su proselitismo, que no ha salido a las calles de Roma, tendrá algunos detalles explosivos en el diseño: “En lugar de mi rostro aparecerá un culo dentro de un mapamundi con la sugerencia de que el erotismo nos ayuda a vencer el miedo. No voy a poner mi culo, porque ahí sí creo que perdería las elecciones”.
Sus seguidores en el cine, quienes podrían convertirse en su potencial electoral, también esperan que Tinto Brass acuda a un discurso severo y directo contra el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi. “Él es el reflejo de la relación estrecha entre el sexo y el poder. Jamás atacaré sus orgías en su casa en el sur de Italia, pero haré énfasis en su hipocresía y en su doble moral política, que finalmente es lo que me ruboriza. Mientras ataca a los gay y lucha contra el aborto, el mandatario se acuesta con jovencitas que quieren escalar posiciones en la sociedad”.
Aunque el cineasta afirma que en la campaña no sólo apuntará sus críticas contra Berlusconi, indudablemente, el máximo gobernante de la Bota Itálica se llevará la peor tajada. “Lo que realmente me asquea de él es cuando visita al papa Benedicto XVI y le besa los pies, y luego se echa la ceniza del Miércoles de Cuaresma. Este montaje de mostrarse como un hombre religiosamente aplicado es repulsivo. La Cicciolina tiene la moral más alta”. Italia sigue hablando de ella. Todavía recuerdan sus propuestas pacificadoras que la llevaron a confesar que se acostaría con Saddam Husseim y con Osama Bin Laden a cambio de dejar la guerra. “No sé con quién me acostaría yo. Sólo puedo decir que no me cansaré de mirarle el culo a la mujer. Es un símbolo de la anarquía humana”. •
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