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¿Por qué se suicidó Alexander McQueen?

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El mundo de la moda llora la muerte del genial inglés que revolcó las convenciones del estilo en una corta carrera. Su partida fue tan espeluznante como sus pasarelas, pues se ahorcó en su casa de Londres, días después del deceso de su madre, suceso que al parecer terminó por desquiciar su frágil temperamento.
Por: 30/3/2010 00:00:00
El pasado 11 de febrero, la Policía de Londres allanó el sexto piso de un elegante edificio de Green Street, donde una llamada reportó el hallazgo de un cadáver. Al entrar, los agentes se encontraron con la dantesca escena de un hombre colgado, ya sin vida, identificado como Lee Alexander McQueen, el diseñador que en vida fue tan amigo de erizar al público de sus pasarelas con animales disecados, modelos amputadas y todo tipo de manifestaciones chillonas y revoltosas.
Esta vez no era una broma y, habida cuenta de que las autoridades no dudan del suicidio, tal vez, este fue su máximo acto de ira y rebeldía. ¿Por qué se quitó la vida un hombre que a los 40 años ya estaba a la altura de los grandes renovadores de la moda y tenía una fortuna valorada en 20 millones de libras? Aparentemente, y en una trágica paradoja, semejante éxito fue hijo del mismo exceso de sensibilidad que lo llevó al autoexterminio. “En realidad él era muy frágil. Era muy dulce, pero tenía un sentido del humor malvado que hacía pensar que era agresivo”, dijo a The Times Alice Smith, consultora de moda que lo trató durante 15 años. Además, en los últimos tiempos, dijo el Daily Mail, había adoptado conductas delatoras del malestar de su conciencia. “Del cielo al infierno y de regreso otra vez. La vida es una cosa rara. La belleza puede hallarse en lugares extraños, incluso en los más repugnantes”, escribió en Twitter el primero de febrero. Al día siguiente moría su madre, Joyce, la persona más importante de su vida y de su carrera, pues en sus comienzos le daba plata para los materiales y lo ayudaba ensartando cuentas y tiñendo telas. En el 2004, ella le hizo una entrevista para un periódico en la que le preguntó: “¿Qué es lo que más te aterroriza?”. “Morir antes que tú”, contestó. Luego, ella lo interrogó acerca de lo que más lo enorgullecía y él dijo: “Tú”. “¿Por qué?, contrapreguntó ella. “No, siguiente pregunta”, fue su respuesta. A la postre sus deseos se cumplían, era él quien iba a enterrar a Joyce y según sus notas en Twitter, sobrellevaba la pena. “La vida debe seguir”, escribía. Pero terminó ahorcándose faltando pocas horas para el sepelio de su madre.
Los medios ingleses sugieren que la muerte de Joyce fue el remate de una serie de tragedias que McQueen no soportó. En el 2007, se había suicidado también su amiga Isabelle Blow, la editora de la revista Tatler que lo descubrió en 1994 y apuntaló su carrera. Ella lo persiguió por meses para que le vendiera la ropa de su tesis de grado en el Central San Martins Design College, donde él estudió luego de trabajar en Saville Row, el emporio de la moda de Londres (allí cosió para el príncipe Carlos y para Gorbachov), y en Italia y Japón. Blow nunca se separó del diseñador y lo acompañó en las rechiflas de sus desfiles no convencionales, la fundación de su marca, sus días de diseñador de la casa Givenchy y su gloria. McQueen como que no se resignó a su ausencia ni a la de otra mujer clave en su vida, su tía Dolly, muerta en el 2009. Otras sospechas recaen sobre su vida sentimental, en la que no tuvo suerte. Abiertamente homosexual –decía que salió del vientre de su madre al gay parade–, se casó en el 2000 con George Forsyth y últimamente le había roto el corazón un novio al que había reemplazado por un artista porno, Mr. Stag. Al cierre de esta edición, no se conocía de ningún testimonio que hubiera dejado para aclarar el misterio de su suicidio, pero ya había comenzado la leyenda: su ropa batía récords en ventas y todo el jet-set, desde Madonna y Elton John hasta Lady Gaga y Victoria Beckham, empapelaba al mundo con tributos que endiosaban su nombre.•
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