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Jairo Clopatofsky La discapacidad está en la cabeza

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El Senador tiene dos hazañas en su vida. Cuando tenía 31 años se convirtió en el congresista más joven del país, y por su condición de minusválido legisló a favor de los discapacitados. Ahora que aspira a un cuarto periodo, habló con Jet-set sobre las intimidades de su vida.
Por: 30/3/2010 00:00:00
Por donde anda, es inevitable no mirar al senador Jairo Clopatofsky, del Partido de la U. Desde hace tres periodos electorales, rueda por el Congreso y por los medios con su silla de ruedas, prácticamente convertida en una extensión de su personalidad. La historia de su accidente automovilístico ha sido contada una y otra vez. Su lucha contra la discapacidad todos la conocen. Parece que lo hubiera dicho todo. Pero no. Esta cita, como él mismo dice, “es un verdadero destape”.

¿Qué ayuda buscó cuando se enteró de que no caminaría nunca más? -A mi vida llegaron todo tipo de religiones: desde los cristianos, católicos y hasta bioenergéticos. Leí la Biblia, y luego vino mi rechazo a Dios. Yo decía: ¿este Señor qué tiene contra mí, si yo no he matado ni he robado? ¿Por qué no me deja mover las piernas? No podía mover ni el dedo gordo.
¿Qué tan difícil fue aceptarlo? -Viví procesos como los meses en que perdí la sensibilidad. No sentía las ganas de ir al baño. Me orinaba muchas veces en el día, pero no quería tener pañales. A la universidad llevaba tres jeans y talcos como un bebé. Me cambiaba a cada rato.
¿Y todavía sigue así? -Como al año y pico empecé a recuperar la sensibilidad, gracias a las terapias. Todo era complicado. Estaba con una pelada que me gustaba, y de repente me orinaba. Tenía ganas de tocarla, obviamente lo hacía, pero, cuando llegaba el punto en que queríamos ir a la cama, yo me frenaba, porque no sentía la erección.
¿Cómo empezó a disfrutar nuevamente de su sexualidad? -Cuando se desinflamó la lesión de las vértebras, pero para llegar a eso pasó mucho tiempo. En materia sexual, a diferencia de la gente que camina, es que yo no puedo armar un juego de posiciones. No lo puedo hacer de pie, pero busco la manera de que la mujer disfrute. El hombre eyacula primero, y ella queda en la mitad del camino. En mi caso, yo me demoro igual que una mujer. Puedo complacerla más.
¿Le han dicho que qué dicha? -El accidente me ayudó a disfrutar más tiempo del sexo. La mujer juega con uno por mi posición de discapacidad. Conmigo, la mujer toma la iniciativa.
¿Cómo fue enfrentarse a las calles? -Complicado, por eso, he sacado las leyes para discapacitados. Algunas calles, puentes peatonales y el TransMilenio tienen rampas.
¿Qué más falta por hacer? -La ubicación laboral de las personas con discapacidad. Los más pobres de los pobres de Colombia son los discapacitados. En el centro comercial Gran Estación y Cotelco hemos ubicado a muchos.
Usted lleva dos matrimonios... -Me casé la primera vez con Tatiana Pretelt, ex señorita Bolívar. Fue una relación corta.
¿Qué tanta culpa tuvo su condición de minusválido en el divorcio? -Por parte de los padres de ella, sí. Ellos pensaban que cómo así que su única hija se iba a encarretar con una persona en silla de ruedas. A ella la mandaron a Estados Unidos con el pretexto de que iba a estudiar inglés un mes, y se quedó más tiempo.
¿No falta el que lo mira raro? -Nunca me he sentido menos por estar en una silla de ruedas. Pero, todo depende de la energía positiva en la vida. Si me preguntan si yo quiero caminar, pues claro, ni pendejo que fuera. Sin embargo, mi decisión no fue quedarme en una cama llorando.
Hasta se le midió a una operación para volver a caminar… -Me sacaron células madre de la mucosa olfatoria que va ligada con el gusto, y por eso lo perdí durante meses. Las colombinas me sabían igual que los espaguetis. Bueno, me sacaron las vértebras, me abrieron la médula, me limpiaron la callosidad que había y me implantaron las células madre.
¿Arriesgó su vida? -Mi esposa tenía seis meses de embarazo, mi padre se acababa de morir, y yo, de loco, me presté para ser el paciente 56 del mundo para este experimento. Podía pasar lo peor y me arriesgué.
¿En qué lo ayudó? -A recuperar un poquito más de sensibilidad en las piernas. Le demostramos al mundo que en Colombia podemos hacer las cosas. La operación no me funcionó más porque llevaba 20 años de accidentado.
¿Y baila? -Lo chévere es que la vieja que baila conmigo se tiene que meter al caminador. Entonces, queda cerquita de mí.
Hace deportes y conduce, entonces, ¿qué es la discapacidad? La discapacidad está en la cabeza. Cuando alguien no quiere hacer las cosas o está bloqueado mentalmente es más discapacitado que cualquiera. En el Congreso hay muchos.
¿Uribe es un discapacitado? -Con la cantidad de trabajo que tiene y la forma como trabaja, podría quedar discapacitado. •
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