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Vladimir Putin y Lyudmila Putina: intriga conyugal en el Kremlin

Vladimir Putin y Lyudmila Putina: intriga conyugal en el Kremlin

Revista Jet-Set

La esposa del todopoderoso presidente de Rusia se cansó de la farsa en que se había convertido su matrimonio y le pidió el divorcio. Se rumora que él la traicionó con una joven y bella diputada.
Putin y su esposa anunciaron su ruptura a la salida de una función de ballet en el Kremlin. La unión se enfrió hace años y tras la reelección de él en 2012, acordaron esperar un año para divorciarse. Foto: AFP
Por: Edición 262 27/6/2013 00:00:00
Apenas ellos mismos anunciaron su separación, se dio por descontado que fue el presidente quien quiso poner fin al matrimonio. A los pocos días, sin embargo, varios informantes le explicaron a la prensa que fue lo contrario. “Todos saben que ellos no han sido vistos juntos en años y Lyudmila se hartó de la farsa. Ella rara vez aparecía en actos públicos y cuando lo hacía todo el mundo escribía al respecto, sobre cómo lucía, diseccionando su lenguaje corporal y el de su marido. Se cansó de los rumores y quiso seguir con su vida”, le dijo a The Times, una fuente cercana al Kremlin.

Por su parte, Kseniya Sobchak, quien fue amiga de los Putin hasta que se pasó a la oposición, le declaró al mismo diario inglés: “estoy segura de que fue Lyudmila la que lo presionó. Ella quería el divorcio desde hacía tiempo. Se hartó de estar en esa extraña y ambigua posición. Ella es una de las pocas personas en este país que pueden decirle lo que piensan”.

La ruptura alivia a la primera dama, quien odiaba las formalidades que le exigía su estatus, y termina con años de chismes, incluida la historia de que Putin, al estilo del zar Iván el Terrible, quien apresó y mató a varias de sus esposas, la tenía encerrada en una casa de más de un millón de dólares en los terrenos del antiguo convento de Yelizarov, cerca de Pskov, frontera con Estonia.

Lo curioso fue la manera en que fue dada la noticia de la separación, en un hecho supuestamente casual, pero a todas luces orquestado por el régimen autocrático en que Putin ha convertido a Rusia. Esa noche, Lyudmila reapareció con el mandatario en una noche de ballet en el teatro del Kremlin, en Moscú, y a la salida fueron abordados por un periodista del canal Rossiya 24 que les preguntó por qué casi no se les veía en compañía. Ellos no mostraron ninguna sorpresa y se esforzaron en dar sucintas explicaciones, tras responder que habían resuelto divorciarse de común acuerdo, después de 30 años de casados.

“Vladimir Vladimirovich está completamente inmerso en su trabajo”, dijo la señora Putina, de ?55 años. Explicó además que sus hijas, Katya, de 27, y Masha, de 28, a quienes nunca se les ha visto la cara, crecieron, y que cada cual lleva vidas separadas. También señaló que casi no le gusta la publicidad y que tiene problemas para viajar en avión, detalle un tanto extraño si se recuerda que ella fue azafata de Aeroflot.

En Moscú volvió a tomar fuerza la versión según la cual lo que a ella le molestó fue el hambre de poder de Putin, que se evidenció en 2008, cuando se rebajó al cargo de primer ministro tras dos mandatos presidenciales, para agazapar su dictadura.

Aunque el portavoz de Putin dijo que él no tiene tiempo para asuntos familiares, muchos rusos creen que dentro de poco se casará con su supuesta amante, Alina Kabayeva, una campeona olímpica de gimnasia rítmica, miembro actual del parlamento por su mismo partido, Rusia Unida. La especulación salió a la luz en 2008, por los días en que empezó a eclipsarse la imagen de Lyudmila, en las páginas de Moskovsky Korrespondent. Sospechosamente, el periódico cerró poco después de la revelación y de la reprimenda del presidente: “siempre he despreciado a aquellos que andan por ahí con sus fantasías eróticas, metiendo sus narices llenas de mocos en la vida de otra persona”. En su informe, el diario señalaba que él ya se había divorciado de Lyudmila y que lo habían visto besando a Alina en un restaurante.

En Rusia, recordó el Daily Mail, se murmura además que el jefe de Estado tiene dos o tres hijos con Alina, a quien tiene instalada en un palacete en Sochi, a orillas del mar Negro, donde veraneaban los extintos zares. Lo cierto es que a ella se le ha visto a menudo con un niño, del cual afirma que es su sobrino, para sorna de los maliciosos.

Según The Times, él ya rompió con la diputada y tiene otra mujer, pero de darse la boda, Alina sería la primera dama más joven de Rusia desde la zarina Alexandra Feodorovna, la esposa de Nicolás II. Lo que no es claro es qué papel cumpliría, ya que allá las esposas de los dirigentes, salvo Raisa Gorbacheva, nunca han tenido la visibilidad de que gozan en Occidente. ¿Surgirá ahora una tan ávida de figuración como el presidente?

Los divorcios de líderes en el poder son una rareza en Rusia. El admirado Lenin permaneció con su esposa Nadezhda, aunque tenía una amante, Inessa. Pero Putin resolvió seguir mejor el ejemplo del zar Pedro el Grande, quien antes que él, figuraba como el último dirigente de la nación en divorciarse, hace 300 años.
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