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Virginia Mayer “Me da lo mismo follar con un hombre o con una mujer”

Virginia Mayer “Me da lo mismo follar con un hombre o con una mujer”

Revista Jet-set

La columnista más caliente de Colombia se confiesa bisexual, habla de su vida íntima tan descarnadamente como de la política nacional y hasta su madre la considera un auténtico personaje. En entrevista con Jet-set habló de lo divino y lo humano.
Después de vivir durante nueve años en Nueva York, Virginia regresó a Colombia para publicar su primera novela Polaroids y a trabajar como redactora sénior en Kienyke. Foto: Imagen Reina/13.
Por: Edición 26514/8/2013 00:00:00
Al leer las columnas de Virginia Mayer en el portal Kienyke, la mayoría sobre sexo, el lector se imagina a su autora como una modelo de curvas delicadas y medidas casi perfectas. Pero finalmente uno se encuentra con una mujer rellenita, a punto de cumplir 35 años y soltera que, lejos de ser desinhibida, necesita tomarse cuatro copas de vino antes de pararse frente a una cámara. Sin embargo, su poder de seducción está en la palabra. Ha dicho que es bisexual, que le gusta fumar porro con sus amigos y que cuando era niña tuvo un accidente que la hizo creer, sin tenerlo tan claro, que no podía ser penetrada. Y eso marcó su vida.

Cuando empezó a escribir la columna, hace año y medio, vivía en Nueva York y no le importaba mucho lo que pensaran de ella. “Hay gente que dice que escribo para llamar la atención, pero no es así. Todo lo que cuento es verdad, no invento ni exagero, quienes me conocen saben que lo que muestro en los medios es lo que soy. A mí realmente me importa un culo el qué dirán, pues nadie me va a pagar la deuda que tengo con el banco de 130 mil dólares por mis estudios. Mi terapeuta dice que soy temeraria, es decir, un poco estúpida pero valiente. Hablo sin pelos en la lengua, no tengo temores, digo lo que siento y de eso no hay mucho en Colombia y menos en la voz de una mujer”, comenta Virginia.

La única opinión que le importa, asegura, es la de sus papás a quienes les advierte que no pueden leerla. “Mis columnas son como el desarrollo de una personalidad, desde chiquita he sido rebelde. Los he ido entrenando con el paso del tiempo sin tener ni idea para dónde iba. En general he vivido una relación muy complicada con mis viejos. Cuando yo tenía 10 años, mi mamá conoció a unos misioneros americanos y se volvió evangélica y ellos son muy obsesivos con su fe. Para mis papás asumir mi salida del clóset fue muy difícil”.

¿Cómo fue esa salida del clóset? –“Tenaz porque fue por teléfono. Yo vivía en Nueva York, estaba hablando con mi mamá y ella me preguntó por qué sonaba tan contenta. Le dije: ‘porque me ennovié’. Ella me preguntó: ‘¿con quién ’. Y le dije: ‘con Lindsay’. Ella me dijo: ‘pero Lindsay es nombre de mujer’, y le contesté: ‘sí, yo sé’. Me preguntó: ‘¿es que tú eres lesbiana ’. Y le dije: ‘no sé’. Se quedó callada un rato y me dijo: ‘me dio taquicardia, voy a colgar’ y colgó. Después mi viejo me mandó un email con una lista de cosas que no podía hacer. Dejamos de hablarnos por tres años hasta que ellos se dieron cuenta de que tenían que aceptarme como era o me perderían para siempre. Mi mamá es muy chistosa porque ahora cuando le preguntan por Virginia Mayer, contesta: “ese personaje es mi hija”.

En su más reciente columna que tituló “Crónicas de viaje por el mundo desde la cama”, Virginia cuenta que perdió la virginidad a los 21 años con un bogotano, hijo de un coronel: “la única razón por la que lo recuerdo es porque fue el primero. Y aunque tibio, sin sazón e indoloro, el primero no se olvida. Me dejó desilusionada. El sexo no había resultado como lo que había visto en las películas. Pasarían casi diez años antes de que comenzara a conocerme a mí misma y a entender qué me gusta y qué no… Mi conclusión es que el sexo no tiene reglas, ni tiene nacionalidad. No tiene color, ni idiosincrasia. En él no manda el tamaño, ni lo que haya entre las piernas. Es un viaje de autoconocimiento que no se disfruta si se permite que amarren los tabúes. El sexo es ser libre. Es lo más parecido a volar”. Le aseguró a Jet-set que le da lo mismo follar con un hombre o con una mujer. “La única diferencia es que con los hombres el sexo me parece más primitivo, ellos vienen simplemente a tapar el hueco; mientras que con las mujeres es más pasional. Me gustan las que son masculinas, seguras de sí mismas y poderosas”.

Muchas de sus extravagantes aventuras íntimas las cuenta en su primera novela, Polaroids, en la que retrata el despertar sexual de una joven. “Son historias que me han pasado a mí pero maquilladas con la ficción”. Sin embargo, Virginia no quiere que la reconozcan solamente como una escritora de sexo, “esa es solo una de las tajadas que forman el ponqué”.

Tras su paso por Javeriana Estéreo y La W, donde hizo las veces de productora, ha logrado posicionarse como una de las redactoras más leídas de Kienyke. Tuvo la chiva del escándalo de Leszli Kalli, exasesora de comunicaciones de la Alcaldía de Bogotá, quien denunció una amenaza de violación de un funcionario de esta entidad y el acoso laboral por causa de supuestos celos de Verónica Alcocer, esposa de Gustavo Petro. “A mi mamá la acababan de operar de un cáncer en el endometrio y la segunda noche de las tres que estuvo en la clínica, me quedé con ella. Casualmente me puse a mirar mi BlackBerry y me encontré con un tuit de María Fernanda Carrascal en el que amenazaba a Leszli con revelar el motivo por el cual había salido de la Alcaldía. Eso me pareció gravísimo y sentí que tenía que denunciarlo”. Según Virginia, esa historia no ha terminado y el tiempo se lo va a demostrar a Bogotá. “Petro mandó otro tuit ridículo diciéndole a Leszli que nadie tenía por qué insultar, que su aporte para la protección de los animales era fundamental. Pero lo que estoy esperando es que él diga: ‘sí, mi mujer me manipula, ella me pegó y por eso di la orden de que Leszli no volviera a la alcaldía’. Eso sería lo justo”.

Según la escritora, la gente piensa que Virginia Mayer es un seudónimo pero no, “ese es mi nombre y mi apellido. Quienes me conocen saben que soy una mujer sencilla, libertina, que se enferma del estómago si come muchos chocolates, guarra en sus columnas pero dulce a la vez, que tiene pocas pesadillas y muy endeudada. Esa soy yo”.
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