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Villa de Leyva está de moda

Villa de Leyva está de moda

REVISTA JET-SET

Este colonial pueblo boyacense, ubicado a tres horas y media de Bogotá, está de moda, tanto que ya muchos dicen que puede llegar a ser como Cartagena. Varios personajes del jet set colombiano compraron sus casas de recreo en este lugar atraídos por su buen clima, los bellos paisajes y la gran movida cultural que no compite con la tranquilidad.
LeyvaLa plaza mayor de Villa de Leyva, con una superficie de 14.000 metros cuadrados, es una de las más grandes de Suramérica. Es emblemática la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, una reliquia de los padres dominicos.
Por: 22/7/2016 00:00:00

Carlos Lleras de la Fuente y Clemencia Figueroa

La Cartuja

En el momento en el que el abogado Carlos Lleras de la Fuente y su esposa Clemencia vieron la casa, al lado del pionero hotel Molinos de Mesopotamia, supieron que esa era la suya. “Buscábamos un gran corredor con alcobas, y un sitio tan pequeño que nadie pudiera regalarnos ni una vaca”, bromea el hijo del expresidente Lleras Restrepo. Han pasado 32 años desde ese afortunado hallazgo. Al inicio, antes de que sus cuatros hijos pudieran disfrutarla, se dieron a la tarea de reformar los espacios. El dueño del hotel, el capitán César Augusto Landínez, se encargó de la obra: tumbaron algunos muros para hacer de dos habitaciones una sola, y con los años, llegaron los servicios públicos. No tenían ni agua, ni luz, ni mucho menos teléfono. Para comunicarse había que ir a la central de Telecom en el pueblo, y esperar a que la operadora gritara: “¡Lleras, su llamada en la cabina tres!”. Todo ha cambiado, menos el encanto de La Cartuja, que invita al descanso y el silencio. El jardín de estilo inglés, frente al que él se sienta “horas de horas, amén”, es también el lugar preferido de los colibríes.

Virginia Alarcón

Casa Alarcón

La casa azul de la decoradora Virginia Alarcón se ha vuelto toda una novedad en Villa de Leyva. En un pueblo colonial una construcción tan moderna llama poderosamente la atención. Está ubicada a pocos metros de la plaza de mercado y tiene dos niveles: en el primero está la cocina, un amplio salón social y un patio con espejo de agua; y en el segundo, las habitaciones, un estudio y una terraza con una espectacular vista al pueblo. La caleña, que diseñó la casa de Juanes en Miami, se tomó el tiempo para buscar cada uno de los muebles y lámparas, algunos los trajo de Estados Unidos y otros los hizo ella. Su fino gusto y estilo monocromático están estampados en cada espacio. Diego y Natalia, sus dos hijos, ayudaron en la decoración.

“Villa de Leyva va a llegar a ser como Cartagena. Tiene una magia muy especial, todo el que viene se enamora y quiere quedarse”, dice Virginia, quien pasó aquí su luna de miel. Su hermana Tina, vive en el pueblo hace 15 años y es dueña del restaurante Tierra Buena en Casa Quintero. Virginia viaja todos los viernes y regresa a Bogotá los lunes en la mañana, su ideal en un futuro cercano es quedarse a vivir en el pueblo que para ella tiene un clima delicioso porque no es ni frio ni caliente. En este lugar se desconecta del estrés de la ciudad y se siente en paz.

Álvaro García y María Alejandra Neira

Casa Sai

El director de Red+Noticias y su esposa acostumbraban ir de paseo a Villa de Leyva. Un día les dio por entrar a una oficina de finca raíz y el dueño les mostró Casa Sai de la que se enamoraron por su patio central y amplios espacios. La compraron en 2007, le hicieron algunas remodelaciones y cuando se la entregaron a Álvaro lo nombraron embajador de Colombia en Argentina y se fueron a vivir a Buenos Aires, por lo que tuvieron que esperar un tiempo para disfrutarla. Ahora van cada puente o en vacaciones para relajarse y pasar unos días alejados de la caótica Bogotá. “De las noticias uno no se puede desconectar nunca pero por lo menos aquí le pongo un paréntesis a la rutina. Hago deporte, monto en bicicleta, leo y retomé la pintura”. Algunas de sus obras hacen parte de la decoración de la casa junto a otros cuadros de Luis Luna y unas fotos de Jaime Andrés Orozco intervenidas por Carlos Jacanamijoy. Lo que más le gusta a Álvaro de Villa de Leyva es que es un pueblo con gran actividad cultural, hacen festivales de cine, música clásica, jazz, etcétera. “Aquí hay una banda que se llama Los Villanos de Leyva y yo soy groupi de ellos y cada vez que tocan voy a oírlos”, dice.

Luis Luna

Naxos

Sobre el portón de su estudio, hecho con retazos de bronce en forma de estrellas musulmanas, el pintor Luis Luna escribió “Siempre creí en la benevolencia de extraños”, la frase final de una de sus películas preferidas: Un tranvía llamado deseo. Naxos, su casa que lleva el mismo nombre de la isla griega, es para él como el Mediterráneo reflejado en las montañas de Villa de Leyva. “Aunque vengo aquí hace más de 20 años, siempre me siento como recién llegado”, dice convencido de que el clima y la luz de ese paraíso colombiano tienen un magnetismo tan especial que ni siquiera se pierde con el turismo. Igual que en sus obras de arte, en cada espacio se respira espiritualidad. El piso del patio central forma una mandala templaria que vio en Laon, Francia; entre la cocina y el comedor está colgada la imagen de la Virgen de Guadalupe; y el corredor de las habitaciones está custodiado por una esfinge de Buda. Si algo hace aún más especial a su casa, es que fue diseñada por cuatro arquitectos: “Quería que la construcción reflejara un diálogo entre personas”, concluye.

Cecilia Zambrano

La Ceiba

La casa de la segunda esposa del maestro Fernando Botero es fácil de reconocer porque es la única en Villa de Leyva que tiene una ceiba, un árbol que no se da en este clima. La primera vez que visitó el pueblo fue con su amigo el arquitecto Rogelio Salmona, y quedó enamorada porque se parece mucho a Popayán, donde ella nació. Por eso, compró un lote hace cinco años a pocas cuadras de la plaza principal y mandó a construir su casa con base en un diseño que vio en una revista de decoración de dos módulos unidos por un patio. Pasa largas temporadas en este lugar en compañía de sus tres gatos, Charlie, Ámbar y Berlín, y su perra, Julieta. Vive sola, se ha casado tres veces, la segunda con un playboy argentino y después con el artista antioqueño, de quien se separó cuando murió su hijo Pedrito. Ahora, a sus 85 años, disfruta de su libertad. Su espacio favorito es el taller de cerámica, ubicado en el patio trasero, donde se deses-

tresa moldeando platos, cuencos y materas. También le gusta cocinar y su amiga, Chila Pérez, dice que lo hace muy bien.

Mauricio Reina

La casa azul

La confluencia de vientos le iban a dar el nombre a la casa. Pero la elección del color de la pintura hizo que Mauricio Reina, el exviceministro de Comercio Exterior y crítico de cine, la bautizara La casa azul. “No podía llamarse de otra manera. Esa ha sido siempre la señal para encontrarla”. Son contados los amigos que llegan a su refugio, que dista de las casitas estilo español que abundan en sus alrededores. Esta iluminada y amplia obra de 150 metros cuadrados ideada por Mauricio, diseñada por un arquitecto libanés, y construida por un maestro de obra paisa, está hecha para alejarse de la intensidad y el atafago de Bogotá. Él disfruta de cada espacio: del generoso salón-comedor de techo alto sostenido por robustas vigas; de la cocina y su mesón de madera que es una antigüedad; del estudio al que trepa por unas escaleras diseñadas por él; y de la terraza que no necesita más decoración que un par de sillas y una hamaca, ya que la vista la hace única. No le sobra ni le falta nada, más que salir a caminar un par de horas rumbo al Pozo de la vieja en el río Cane, con Junior y Tito, sus perros.

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