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El secreto mejor guardado de Viena Ruiz

El secreto mejor guardado de Viena Ruiz

Revista Jet-Set

En medio de las especulaciones sobre el nacimiento de su hijo Carlos Mario, la presentadora aclara que dio a luz por cesárea, después de un procedimiento in vitro y no usó un vientre de alquiler, como algunos han dicho. La llegada del nuevo bebé tiene muy ocupada a la mujer con las piernas más lindas de Colombia, quien por estos días lanza la segunda edición de su libro Los secretos de Viena Ruiz.
Viena quiere tener más hijos y no descarta la posibilidad de adoptar o de alquilar un vientre para poder agrandar su familia.
Por: Edición 27611/2/2014 00:00:00
La presentadora se enteró de que iba a ser mamá, después de 13 años, por los mismos días en que estalló el escándalo de Interbolsa-Premium, en el que su esposo, Juan Carlos Ortiz, se vio involucrado. Por esa razón, guardó un hermetismo total sobre su embarazo, pues quería proteger la tranquilidad de su bebé y la de su familia. “Fue una especie de tsunami, y no quería que nadie se enterara para que no se mezclara una cosa con otra”, le confesó a Jet-set, dando por cerrado el tema. Carlos Mario Ortiz Ruiz nació en Miami el 19 de mayo de 2013. El secreto sobre su nacimiento dio pie a todo tipo de rumores, incluso se llegó a decir que el bebé era adoptado o había sido concebido a través de un vientre de alquiler. Como única dueña de esa verdad, Viena le reveló a esta revista detalles del nacimiento de su cuarto hijo y las razones por las que ocultó su embarazo.

¿Cree que quedó embarazada en un mal momento? –Nunca. Carlos Mario es un niño muy especial que llegó a mi vida cuando debía llegar. Su nacimiento me ha servido para quitarle la máscara a muchas personas que se hacían llamar mis amigos. Es un regalo de Dios que me ha traído verdad, para bien y para mal. La gente que realmente me quiere nunca dudó de mi embarazo.

¿Cómo se ha fortalecido en estos momentos? –Para mí siempre ha sido importante crecer en la espiritualidad, porque la sociedad te aleja de tu verdadero ser. Uno empieza a conocer su alma y entiende que cada cosa que pasa en la vida llega para algo. He aprendido que debo ponerle límites a las personas y a no engancharme en discusiones y peleas que no valen la pena.

Pero el silencio permitió que se especulara acerca del origen de su hijo… –Mucha gente todavía asegura que alquilamos un vientre o que Carlos Mario es adoptado. Lo que es un absurdo, porque es igualito al papá. La verdad es más sencilla de lo que la gente quiere hacerla ver.

¿Nunca pensaron en la posibilidad de alquilar un vientre? –La verdad es que no creía que podía tener más hijos y esa fue una de las opciones que analizamos. No le veo nada de malo y, si en realidad lo hubiéramos hecho, no tendría ninguna razón para esconderlo.

¿Cómo hizo para que nadie notara que su estómago crecía? –Soy una tesa con la moda. Nunca usé ropa de maternidad y preferí comprar prendas talla 12, para que todo me quedara holgado. Además no engordé mucho, lo único que no pude disimular fue el tamaño del busto.

¿Cuál es la diferencia entre la concepción de Carlos Mario, y la de sus trillizos hace 13 años? – La medicina ha avanzado mucho. En este último embarazo mis óvulos ya estaban congelados y prepararon el útero con inyecciones para recibir al bebé. Con los espermatozoides que mi esposo Juan Carlos congeló hace diez años, solo tuvimos que hacer un in vitro. Para tener a los trillizos fueron tres años de búsqueda mes tras mes.

¿Cómo vivieron este embarazo los trillizos, Luciana, Nicolás y Camilo, que están pasando por la preadolescencia? –Luciana fue la primera en darse cuenta de todo. Me preguntaba por qué ya no podía recostar su cabeza en mi estómago y que si había dejado la dieta, porque me veía gordita. La idea no era ocultarles la noticia a ellos, entonces hicimos un pacto con Camilo y Nicolás de no contárselo a nadie.

¿Cuándo decidió irse a Miami? –Me fui en marzo. Allá me tranquilicé y pude mostrar la barriguita con confianza. Carlos Mario nació en mayo, a los ocho meses de gestación.

Hicieron prueba de paternidad para asegurarse de que no hubieran confundido ni los óvulos guardados, ni los espermatozoides… –Aunque mi esposo no veía la necesidad, lo hicimos. Además ahora es supersencillo, no hay necesidad de sacar sangre, solo pasan un algodón por la boca y con la saliva es suficiente. Los resultados mostraron que era 100 por ciento hijo mío, y 99,98 por ciento de Juan Carlos.

¿Es difícil criar cuatro hijos en esta época? –Es muy complicado, pero me encanta. Creo que nací en el momento que no era, porque hubiera sido feliz en esos años en que las familias eran numerosas. Si fuera por mí, tendría 12 hijos.

¿Eso quiere decir que pueden venir más hijos a su familia? –No lo sé, todavía tengo unos óvulos congelados y como pueden permanecer hasta 200 años, no le veo ningún problema. Ser madre es una experiencia alucinante, y tener un bebé después de 13 años es lo máximo.

¿Cómo vive la maternidad a su edad?
–Tuve a los trillizos a los 30, y hoy que tengo 43 me guío más por la intuición y el corazón que por la razón. Por ejemplo, los pediatras y psicólogos dicen que los niños no deben dormir en la habitación de los padres. Carlos Mario pasa toda la noche conmigo porque creo en la filosofía del Ayurveda (medicina tradicional de India) de que los hijos deben dormir con sus padres hasta los 7 años. Eso fortalece su seguridad.

¿Congelar óvulos y espermatozoides no va en contra de la religión?
–La ciencia no va en contra de la naturaleza, simplemente va al ritmo de lo que la vida nos va marcando. No estoy de acuerdo con la clonación, pero sí con la fertilización y la regeneración de tejidos. Además creo que, a pesar de todos los adelantos de la medicina, una mujer queda embarazada solo cuando Dios lo quiere.

¿Les aconsejaría a otras mujeres que hagan lo mismo? –Mi hija Luciana y yo tenemos planes para que ella congele sus óvulos cuando cumpla 20 años. La idea es que no tenga ningún impedimento si decide realizarse primero como profesional y ser mamá después de los 40.

Es complicado ser mamá y trabajar al mismo tiempo… –Para mí es fácil porque tengo muy organizado mi trabajo como directora de la revista Nueva. Voy a la oficina todas las mañanas y después puedo trabajar desde la casa. Mi revista es de solo 32 páginas y me permite adelantar temas y portadas. Ya tenemos material hasta mayo.

¿Qué espera de esta nueva edición de Los secretos de Viena Ruiz? –El libro es como un hijo más. Estuve pendiente de los temas, del diseño, de las fotos, de todo. Es muy satisfactorio ver que después de tres años sigue dando frutos.

¿Qué planes tiene?
–Voy a escribir un segundo libro, que estará enfocado en el cuidado de la piel y el pelo. Pero por ahora quiero centrarme en el cuidado de mi familia y disfrutar plenamente de Carlos Mario, mi nuevo bebé.
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