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Vanity Fair 100 años de imaginación

Vanity Fair 100 años de imaginación

Revista Jet-set

La revista neoyorquina, famosa por su gran patrimonio fotográfico, celebra su primer siglo como el espejo fiel de una época lujuriosa y revolucionaria.
Vanity Fair no circulaba cuando Marilyn Monroe estaba en su apogeo, pero la revista se ha dedicado en los últimos 30 años a rescatar los misterios de su vida y a evocar momentos como su visita a las tropas americanas en Corea, en 1954. Foto: ABC Latin Stock Colombia.
Por: Edición 26910/10/2013 00:00:00
La imaginación es la facilidad para idear o proyectar cosas nuevas y esa es la principal virtud de la famosa revista que por estos días celebra su primer siglo de vida. En el editorial del número del aniversario, Graydon Carter cuenta que durante el año que investigó en los archivos de la casa, se topó con una serie de citas que, además de llamativas, tienen la particularidad de que no son fáciles de fechar. Una frase de 1925 parece de 2011, de 1932 o 1997. “Se advierte un tono, un estilo de escritura, una forma de humor y una mirada sobre la cultura que ha permanecido no solo constante sino fresca durante el curso de una larga y tumultuosa centuria”, escribe el editor en jefe de la publicación.

Bajo la teoría de que el siglo XX en realidad se inicia con la Primera Guerra Mundial, entonces Vanity Fair nació con él, en 1913, cuando la contienda estaba por estallar. Como lo recuerda Carter, “en ambos lados del Atlántico, algo nuevo estaba sucediendo, un tímido rompimiento con el polvoriento pasado que revolcó la política, la cultura, la sociedad y la manera en que tanto la gente destacada como la de a pie vivían sus vidas”. Aquel año y los posteriores en efecto presenciaron la apoteosis de los ballets rusos en París, el advenimiento de Sigmund Freud y la explosión de las vanguardias artísticas con genios como Kandinsky o Picasso. Surgían también la industria del cine, la contracepción, la complejidad narrativa en la literatura con James Joyce, al igual que la radio y la aviación comercial.

Al contrario de otras centurias, considera Carter, el siglo XX dio a entender lo que sería desde sus inicios: diez décadas revolucionarias en cuyos albores Vanity Fair vio la luz para registrar la vida, las artes, la economía, la política, los asuntos internacionales y el crimen. No fue raro que esta iniciativa agresiva tomara forma en Estados Unidos, la nación que empezaba a hacer suya la centuria, la de su poderío, así como el siglo XVIII fue de Francia y el XIX de Inglaterra.

Frank Crowninshield, conocido como “Crownie”, un yanqui de pura cepa, aunque nacido en París y educado en Roma, fue el hombre que le dio su identidad a la revista. Cosmopolita y refinado, se juntaba con los Vanderbilt y los Astor, las familias más poderosas de la Gran Manzana, ciudad que le debe el haber sentado las bases para la creación de su Museo de Arte Moderno. A pedido de Condé Montrose Nast, el editor de la revista y fundador del famoso emporio editorial que lleva su nombre, Crownie redactó el manifiesto de Vanity Fair, en palabras que al decir de Graydon Carter difícilmente se pueden mejorar: “Vanity Fair tiene solo dos premisas principales en su credo: primero, creer en el progreso y en la promesa de la vida americana, y segundo, escribir la crónica de ese progreso de manera entusiasta, honrada y entretenida”. Para cumplir con tal ideario, las páginas de los primeros años acogieron plumas de renombre como Gertrude Stein, D.H. Lawrence, Dorothy Parker y Aldous Huxley, entre otros. En la parte visual, a modo de fino complemento, reclutó a pintores como Matisse y Modigliani, así como a fotógrafos de la talla de Edward Steichen y Man Ray. En aquel tiempo, la caricatura y el dibujo cobraban auge, así que el lápiz de Miguel Covarrubias y Ralph Barton le imprimieron su sello a cada edición.

En 1936, la revista por excelencia del glamour, la actualidad y las ideas se fue a pique por causa de la Gran Depresión, pero su espíritu se mantuvo vivo al fundirse con Vogue, de la misma casa Condé Nast. De hecho, en el cabezote de Vogue rezaba la frase “Incorporating Vanity Fair” (Incluida Vanity Fair). El renacer tuvo lugar hace 30 años, en pleno derroche de los 80. En esta segunda etapa, el gran hito fue incorporar a la británica Tina Brown, quien con su olfato periodístico excepcional, le devolvió a la revista esa vocación genuina de rastrear el espíritu de la época. Desde ese momento, la publicación se afianzó como un referente del estilo, pero también de ese periodismo que escarba en lo privado detrás de lo público, a través de los reportajes y columnas de autores como el fallecido Christopher Hitchens, Maureen Orth, James Wolcott y una rutilante nómina de colaboradores. Cada número, además, sorprende con sus fotografías, campo en el que Vanity ha dejado su huella más latente, gracias a su afortunada alianza con maestros como Annie Leibovitz, Mario Testino, Bruce Weber, Helmut Newton y Herb Ritts.
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