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Un reinado que revolcó a España

Un reinado que revolcó a España

Revista Jet-set

La gran obra de Juan Carlos I fue convencer a un país poco monárquico de las bondades de mezclar la Corona con la democracia.
La proclamación de Juan Carlos como rey el 22 de noviembre de 1975 ante las Cortes españolas y el Consejo del Reino, en Madrid, dos días después de la muerte de Franco. La ceremonia duró menos de una hora. En el escabel a la izquierda, se dispusieron los atributos de la realeza: el cetro y la corona, que datan de los siglos XVII y XVIII. Foto: Getty Images
Por: Edición 2849/6/2014 00:00:00
Aunque en España la monarquía data de la Edad Media, con la institución de la República y la posterior dictadura de Francisco Franco hubo una fractura que este trató de enmendar con el regreso de la Corona tras su muerte. Sin embargo, él nunca vio con buenos ojos al infante Juan, el heredero del destronado y fallecido rey Alfonso XIII, sino que más bien puso sus ojos en el hijo de aquel, el príncipe Juan Carlos, aunque también se llegó a pensar que nombraría como su sucesor al archiduque Otto de Austria o a Alfonso de Borbón, primo del príncipe y casado con su nieta Carmen Martínez-Bordiú Franco. Pero con su actitud humilde y sumisa, Juan Carlos se ganó el favor del dictador, quien finalmente lo designó como su heredero en 1969, bajo el título de Príncipe de España. Incluso, ya en los últimos días del mandatario, dada su deteriorada salud, el joven futuro rey ejercía como jefe de Estado.

En 1975 Franco murió y el príncipe subió al trono como Juan Carlos I. Según le relató la reina Sofía a Pilar Urbano, él se encontró con un gran vacío al no tener referentes cercanos. “Nadie sabía qué hacer ni qué iba a pasar a la media hora siguiente (...) Era inconcebible decir: ‘¡Franco ha muerto! ¡Que viva el rey!’”. Así, los nuevos reyes tuvieron que inventarse un protocolo que no existía e incluso lidiar con fuerzas que se les oponían. Si algo salvó la situación fue que, en un acto inesperado, Carmen Franco, la hija del generalísimo Franco, dio a conocer el testamento que su padre le había dictado antes de morir y en el cual invitaba a los españoles a “ponerse al lado del nuevo rey”. Aun así, el futuro era tan incierto, que Santiago Carrillo, secretario general del partido comunista dijo: “Juan Carlos es una marioneta… sin ninguna dignidad, un simplón, será rey como máximo unos meses, ¡Juanito el Breve!”.

Pero se equivocó. Antes de su ascenso y a espaldas de Franco, Juan Carlos había iniciado conversaciones con un grupo de políticos reformistas que querían la extinción de las prácticas autoritarias del generalísimo, de modo que ya en el poder le abrió paso a la exitosa forma de gobierno en la cual él solo se quedó con el papel de garante de la Constitución, firmada en 1978, basada en la Corona y la democracia.

“Él ve que la monarquía ha cuajado. España no era monárquica. Más bien lo contrario. Sucediendo a Franco, él tenía un papelón muy difícil, porque podía no gustar ni a los de derechas ni a los de izquierdas (...) El rey ha tenido que crear su papel, su rol, su función… Porque en eso de ‘no gobierna, pero reina’ o cabe mucho o no cabe nada. En lo de ‘arbitrar y moderar…’ sin que haya un reglamento, es él quien tiene que ingeniárselas. Ni entrometerse ni desentenderse”, le dijo con razón doña Sofía a la periodista Pilar Urbano en su libro La reina muy de cerca.

En efecto, en su reinado, el monarca combinó lo civil con lo militar (era Jefe Supremo de la Fuerzas Armadas) y trató con tacto a los partidos, sin alinearse con ninguno, para darle estabilidad y prestigio mundial a su país, aunque no faltaron los escándalos en su familia, los ataques de la prensa republicana y las polémicas por sus finanzas que hicieran tambalear de cuando en cuando, pero no caer, a este vigoroso reinado que apaciguó a la convulsionada historia de España.
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