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Un par de chiflamicas

Un par de chiflamicas

Revista Jet-Set

Antonio Sanint y Julián Arango regresan con una nueva temporada de Ríase el show, un stand up comedy que a pocos días de su estreno ya agotó la taquilla del Teatro La Castellana.
Antonio y Julián se burlan de la sociedad bogotana a través de sus personajes de El Pote y El Petaco, dos viejos cachacos a los que todo les parece lobísimo. Foto: ©Gerardo Gómez
Por: 7/2/2013 00:00:00
“Ríase el show es el resultado de muchos años de ‘mamar gallo’ juntos. Somos amigos desde los 14 años. En el colegio para matar la timidez y pasar el rato creábamos personajes”. Luego este par de bogotanos empezaron a presentarse en las fiestas de sus amigos y en diferentes bares de la ciudad, donde Fanny Mikey los descubrió y les propuso llevar el show al teatro. Doce años después regresan a las tablas con nuevos personajes como Iñaki de las Palmas, un director de cine porno; el hidalgo Don Quijote de la Mancha y su escudero Sancho Panza.

Pero definitivamente quienes se roban el espectáculo son El Pote y El Petaco, dos viejos cachacos de pura cepa a quienes todo les parece lobísimo. “Los cachacos son gente que de tanto y tanto decir que todo el mundo es un lobazo van cerrando el círculo y terminan muy solos y nosotros nos burlamos un poco de eso”. Para esta caracterización, Julián se inspiró en Alfredo Iriarte. “Él iba mucho a mi casa y era muy rolo, hablaba del lobazo, el vergajo, la guaricha. Otra gran influencia fue Daniel Samper Pizano”, dice.

Tiene un libreto que siguen con rigurosidad, pero las cosas no siempre les salen como las tienen planeadas. “Una vez estábamos en la mitad del show y Antonio empezó a hiperventilar. Sentía un cosquilleo y las manos se le empezaron a entumir. Nos tocó preguntarle al público si había un médico en la sala y ese fue el chiste de la noche. Nadie nos creía y Antonio se estaba muriendo. Después de insistir, un estudiante de primer semestre de medicina subió a verlo y le decía: “Oiga viejo, sea honesto conmigo, cuénteme qué metió”. Finalmente nos tocó llevar a Antonio a la clínica y el médico, que sí sabía, nos dijo que tenía el síndrome del feo y que en esos casos lo que había que hacer era coger una bolsa de papel y respirar en ella”.

En otra ocasión, cuando hacían una de sus presentaciones en Nueva York, a una de las espectadoras le dio un ataque de risa y tuvieron que subirla al escenario para que se calmara. Como si esto no fuera suficiente, en una de las funciones una mujer se quitó la camisa y les tiró el brasier. “Hay cosas que definitivamente se le salen a uno de las manos, pero de eso se trata, de olvidarnos de la cotidianidad”, bromea Julián.

Para estos cuarentones publicistas el humor se volvió su arma de conquista con las mujeres. “Hay hombres a los que la vida les concede ser altos y buenos mozos; otros tenemos que llamar la atención por algo distinto. Un tipo pinta no tiene buen sentido del humor porque no necesita desarrollarlo. Ponga a Danilo Santos o Michel Brown a contar un chiste y verá que no tienen ni idea. Hoy en día veo a los amigos de mi hija y todos son acuerpados; a la edad de ellos yo pesaba 50 kilos y la gran parte de mi cuerpo era la nariz, o sea que me tocó utilizar la labia o la lora, como se dice vulgarmente, para que me pararan bolas”, cuenta Sanint.

Julián mete la cucharada y dice que el humor es el afrodisiaco más efectivo que existe. “Si usted la tiene riéndose, hágale, desnuque, no la deje ir, no deje que le entre la depresión”. Por su parte, Sanint confiesa que no podría estar con una mujer que no lo hiciera reír: “La vida sería muy aburrida. El humor es un mecanismo de defensa del ser humano, nos alivia esa pensadera que le metemos a veces a las cosas de la vida”.

Mientras exorcizan sus demonios e inseguridades con humor, Julián y Antonio preparan Piedras en los bolsillos, una obra de teatro irlandesa que esperan estrenar muy pronto.
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