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Tony Blair y la ex de Rupert Murdoch, cuernos de alto turmequé

Tony Blair y la ex de Rupert Murdoch, cuernos de alto turmequé

REVISTA JET-SET

Un nuevo libro revela cómo el exprimer ministro británico se acostaba con Wendi Deng, la entonces esposa del magnate de los medios, mientras le pedía plata a este para su fundación.
El amorío de Tony Blair, de 62 años, y Wendi Deng, de 47, fue descubierto por unos mensajes electrónicos que ella se envió a sí misma y en los cuales alababa los ojos, las piernas, la ropa y hasta el trasero del exprimer ministro de Gran Bretaña.
Por: 10/3/2016 00:00:00

El 11 de junio de 2013 los Murdoch dieron una cena en su casa en Londres. Parecía una más de las tantas veladas que ofrecían para sus amigos del jetset y, como buena anfitriona, Wendi entretenía a los invitados con su charla y buen humor. Al verla así, pendiente de que todos estuviesen pasándolo bien en aquella mansión de la que había sido dueña y señora por cerca de quince años, ninguno de los asistentes se habría imaginado que esa sería su última recepción como la esposa de uno de los hombres más acaudalados y poderosos del planeta, dueño de una fortuna de 12.400 millones de dólares.

Al día siguiente de la fiesta, el dueño de diarios como The Times, de Londres, y The Wall Street Journal, entabló la demanda de divorcio contra su tercera esposa, quien fue la primera sorprendida pues solo se enteró en ese momento a través de los abogados de su marido.

“No fue una decisión precipitada. Murdoch se había cansado de la lengua virulenta de su esposa, sus frecuentes ausencias del hogar por acudir a fiestas y las visitas interminables de sus amigos chinos. Su costumbre de hablar en mandarín en su presencia también se había vuelto irritante. Su matrimonio estaba irremediablemente roto”. Así relata Tom Bower la intriga conyugal en su nuevo libro Broken Vows: Tony Blair-The Tragedy of Power.

Pero, prosigue el texto, aquella atractiva china con la que había hecho noticia por lo apasionado de su relación y su notable diferencia de edades (él le lleva casi 40 años), también se había vuelto una esposa molesta porque lo había engañado con su entrenador de tenis en California, con el exdirector ejecutivo de Google, Eric Schmidt y, sobre todo, con el exprimer ministro británico Tony Blair, del Partido Laborista, a quien Murdoch había apoyado en su política y obras benéficas pese a ser conservador. Tras dejar el poder en 2007, Blair mantuvo su relación con el millonario australiano dueño del conglomerado News Corp y de 21st Century Fox, al tiempo que se convertía en asesor de Gobiernos y fundaciones y dictaba carísimas conferencias, de hasta 450 mil dólares, alrededor del globo.

En medio de esa estrategia, que lo hizo millonario, Blair empezó en 2011 a viajar a China con la mujer de Murdoch. Ella dirigía en su país los negocios de su marido, de modo que podría servirle de enlace para lograr nuevos contratos. Esto no dio resultado, advierte Bower, pero Blair y Wendi se volvieron más cercanos de lo debido.

Al menos así lo insinuaban una serie de mensajes electrónicos de Wendi, descubiertos en medio de la investigación por el caso de escuchas ilegales a celebridades como el príncipe William de Inglaterra, por parte del periódico sensacionalista News of the World, propiedad de Murdoch. El escándalo fue tan grave que él tuvo que cerrar el rotativo y responder ante los tribunales.

En sus pesquisas, la Metropolitan Police de Londres examinó cuidadosamente millones de mensajes electrónicos de los computadores de la empresa de Murdoch y se decubrieron notas escritas por Wendi que sugerían sus infidelidades. El asunto llegó a oídos de uno de los hijos que el millonario tuvo con su segunda esposa, Anna Maria Torv, y este se los mostró a su padre.

Wendi se había enviado a sí misma memos en los que se decía: “¿Por qué estoy extrañando tanto a Tony? Porque es encantador, se viste muy bien. Tiene muy buen cuerpo, buenas piernas y ¡un culo! Sus ojos azules son penetrantes y los adoro”.

Murdoch empezó a atar cabos, cuenta Tom Bower en su reportaje. Sus empleados y otras fuentes le relataron que en 2012 Blair había visitado a Wendi dos veces en la casa de Londres y que fueron vistos en un club de Mayfair, también en la capital inglesa.

Más tarde los amantes se reencontraron en la finca de Murdoch en Carmel, California. “Ella le había avisado a su marido que estaría allí con una amiga. Pero la verdad es que cuando aquella se fue, el exprimer ministro llegó. Wendi les pidió a sus empleados domésticos que se esfumaran, mientras que la escolta de Blair fue alojada en un hotel cercano”.

El político pasó esa noche de abril con Wendi. “Durante las comidas, se alimentaban el uno al otro y Blair fue visto siguiéndola a su habitación y cerrar la puerta “, según le narraron a Murdoch sus trabajadores. La china no le mencionó a su esposo la visita del inglés, quien tampoco lo hizo al día siguiente cuando se vio con él en Los Ángeles para pedirle dinero para su Faith Foundation. Los mensajes de Wendi también insinúan que ella y Blair estuvieron juntos en Nueva York y Beijing.

“Horas después del anuncio del divorcio, Blair telefoneó a Murdoch para insistir en su inocencia. Pero, luego de una breve charla, el magnate se negó a seguir contestando sus llamadas”, precisa el libro. Acto seguido, Deng y el político negaron de modo vehemente que hubiesen tenido una relación, con la ayuda de Cherie Blair, la esposa del exprimer ministro.

Nadie pudo presentarle a Murdoch pruebas contundentes del adulterio de Wendi, pero aún así él solo mostró desdén y burlas para los intentos de ambos de limpiar su nombre, lo cual no ha sido posible. A Blair, el escándalo le costó la respetabilidad que le dio gobernar uno de los países más poderosos del globo y su prestigio de estadista trotamundos. Incluso, señala el reportaje, muchos de los benefactores de su fundación le retiraron su apoyo, como fue el caso del multimillonario Tim Collins, quien dejó la presidencia de la institución desalentado por el amorío: “El verdadero Blair fue revelado. Él es incapaz de autocrítica. Me sentí como un ingenuo”, concluyó.

Murdoch, por su parte, hoy ríe de último, pues ha conquistado a una de las mujeres más bellas del jetset, Jerry Hall, la modelo y segunda exesposa de Mick Jagger, vocalista de The Rolling Stones.

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