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Trattoria de la Plaza, un lugar de alta cocina en el 7 de Agosto

Trattoria de la Plaza, un lugar de alta cocina en el 7 de Agosto

REVISTA JET-SET

André Tarditi es el nuevo anfitrión gourmet del jet set nacional. Su restaurante, Trattoria de la Plaza, ubicado en medio de los talleres de mecánica y la zona de tolerancia del popular barrio, abrió sus puertas hace seis meses y ya tiene a tope las reservas.
El bogotano, de ascendencia italiana y brasileña, André Tarditi, siempre está al frente de la atención de sus clientes, que cada día ocupan las 70 sillas de Trattoria de la Plaza.
Por: 10/9/2015 00:00:00
Llegar a Trattoria de la Plaza es toda una experiencia urbana. En la calle 66, marcada con el número 22-45, se ve su letrero pintado sobre la pared de ladrillo. Un desprevenido conductor que busca algún repuesto para su carro en los talleres de mecánica que abundan en el sector del barrio 7 de Agosto, o un ama de casa que va de mercado a la tradicional plaza, raramente podrían suponer que en el segundo piso de este edificio se sirve la mejor comida italiana de la ciudad. 
Personalidades de exquisito paladar como el expresidente Belisario Betancur y su esposa, Dalita Navarro, o el candidato a la Alcaldía de Bogotá, Enrique Peñalosa, fueron de los primeros en visitarlo. Ahora, tal es la medida de su éxito, que para tener una mesa o un lugar en la barra, se debe hacer reservación mínimo con una semana de anticipación, o estar dispuesto a esperar en una fila que la mayoría de las veces se extiende hasta las escaleras de entrada. En la lista de fieles comensales también están Rodrigo Pardo, Lina Moreno, José Gabriel Ortiz, Paulo Laserna y Yamid Amat. Los temas sobre los que se debate en el sitio son tan variados y jugosos como su carta. En una tarde de almuerzo y vinos de la exclusiva cava, pueden coincidir el ex comisionado de paz Camilo Gómez Alzáte, la politóloga Alexandra Kling Mazuera, o el periodista y crítico gastronómico Mauricio Silva Guzmán. 
El inusual restaurante, al que es mejor llegar en taxi o con chofer, responde cabalmente a su nombre. Las trattorias en Italia se caracterizan por su informalidad, tienen una clientela fija y estable, y además de la buena mesa, los precios son bajos. Su nombre, trattore, significa “preparar”, y de ese oficio sabe mucho André Tarditi, su dueño. El bogotano, hijo de italiano y brasileña, se educó en el Colegio Leonardo Da Vinci y creció a punta de festines gastronómicos. Sus vacaciones en Chiavari, Génova, en la casa de sus nonos Carlo, quien era un excepcional pastelero, y María, cuya especialidad era el funghi porcini con pasta, lo enamoraron de la cocina. 
André, administrador de empresas de la Universidad de los Andes, empezó su negocio hace tres años como un servicio de catering. Pero pronto dejaron de dar abasto las tres mesas que acondicionó para los clientes que llegaban atraídos por los deliciosos aromas de sus preparaciones. Se regó la noticia del irresistible sabor del osobuco de ternera sazonado con vino tinto y tomates. Y la colosal canilla de cerdo acompañada con una reducción de naranja, o salsa de mostaza Dijon y pera, se volvió famosa. En los últimos seis meses, los clientes aumentaron de la misma manera que el menú creció en la oferta de entradas, platos fuertes y postres. Al principio André trabajaba con una sola persona. Atendía el pedido de los clientes, les cocinaba y servía él mismo. “Esta experiencia, totalmente fuera de lo convencional, es el resultado del voz a voz”, dice.
A él le encanta recibir a los conocedores de la buena mesa. “Alfonso López Caballero se dejó tentar con el magret de pato y lo pidió en salsa de naranja. Le ofrecí el funghi porcini y le pareció espectacular. Me dijo: ‘Ni en París me he comido un pato así’”. También destaca que desde que Yamid Amat descubrió el lugar, ha ido tres fines de semana seguidos, “la primera vez comió una bistecca fiorentina. Y la primera dama, Tutina de Santos, quedó encantada con los canelones”, recuerda.
Trattoria de la Plaza es un lugar donde todos quieren estar porque se pasa muy bien, se come mejor y, además, el bolsillo no sufre. Esta semana André amplió su local con cinco mesas más. La decoración fue lograda con el trabajo de los carpinteros, ornamentadores y obreros de este barrio, hasta ahora famoso por sus boyantes prostíbulos, pero que antes fue terreno de grandes haciendas como la del botánico José Celestino Mutis y la del expresidente tolimense Miguel Abadía Méndez.

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