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La trágica historia de la familia colombiana Manrique Lutz en Sídney

La trágica historia de la familia colombiana Manrique Lutz en Sídney

REVISTA JET-SET

La noticia de la muerte de la familia Manrique Lutz conmocionó al país y a Australia. Un mes después de que los cuerpos de Fernando, María Claudia y sus hijos Elisa y Martín fueron hallados en su casa en Sídney, sus familiares viajaron desde Colombia y Estados Unidos en medio de un silencio comprensible.
A pesar de las dificultades, la familia permanecía unida mientras que el padre, Fernando Manrique, trabajaba como director ejecutivo de la empresa tecnológica Asia de Drake Business Services.
Por: Revista Jet-set.9/11/2016 00:00:00

“Hoy no es un día para el juicio ni para el análisis. Hoy es un día para llorar la pérdida de cuatro personas que hemos amado y que nos han amado”, dijo el sacerdote David Ranson en la misa de exequias de la familia colombiana que fue hallada sin vida en su casa de Sídney. El 31 de octubre, frente al altar de la iglesia católica de Wahroonga estaban los féretros: sobre los de Fernando Manrique Escallón y María Claudia Lutz Peña, pusieron flores blancas de Australia y Colombia; en los de Elisa y Martín, estaban sus juguetes favoritos.

Desde que la Policía los encontró el 17 de octubre en su casa del barrio Davidson, en el norte de la ciudad, y que su muerte por inhalación de gas fue considerado como un homicidio-suicidio, sus familiares han evitado dar declaraciones. “Debemos encontrar la paz y la aceptación en nuestros corazones. No es fácil y la exposición solo ha exacerbado nuestro dolor”, le dijeron a la agencia australiana AAP News.

Fernando y María Claudia habían emigrado a Australia en 2005, año en el que él, que había estudiado Ingeniería Industrial en los Andes, iniciaba un MBA en la Universidad de Macquarie. Al poco tiempo de su llegada, María Claudia, una destacada egresada de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, dio a luz a su primera hija Elisa, y un año después, nació Martín. Todo parecía andar bien para la nueva familia hasta que los niños fueron diagnosticados con un autismo severo que además les impedía oír y hablar.

Según sus allegados, la crianza se convirtió en un reto que María Claudia asumió con amor, mientras que Fernando trabajaba desde 2012 en la empresa tecnológica Asia de Drake Business Services, como director ejecutivo, cargo que le demandaba viajar mucho. “Conocí a sus hijos recién nacidos y fui testigo del cuidado, la dedicación y la felicidad que les llovieron”, le dijo su amiga Lina Gómez al Daily Mail Telegraph.

Su vida transcurría entre las terapias para Elisa y Martín, y sus clases en el St. Lucy’s Catholic School, en donde la consagrada madre servía de voluntaria. Fueron precisamente los profesores de la primaria quienes se dieron cuenta de que algo raro pasaba. Se extrañaron de que ese lunes ni María Claudia, ni los niños hubieran llegado y dieron aviso a las autoridades. En la casa número 68 de la calle Sir Thomas Mitchell, todas las ventanas y puertas estaban cerradas. Después de varios llamados sin respuesta, los dos policías tuvieron que entrar a la fuerza: la madre, de 43 años de edad, estaba con su ‘princesa’ de 11 en su habitación; Martín de 10, y su padre de 44, yacían solos en cuartos diferentes. Los cuatro parecían dormidos, sin ningún signo de violencia.

La primera hipótesis de la causa de sus muertes fue intoxicación por gas, pero no era claro si se trataba de un accidente casero hasta que Ofik Thomassian, una vecina del frente, recordó haber visto a Fernando haciendo unos trabajos en el techo y el patio delantero el sábado 15 de octubre, según publicó el Sydney Morning Herald. Esta declaración, sumada al hallazgo de dos cilindros de gas conectados a una red de tubos alrededor de la casa, que subía al techo y entraba a las habitaciones, fue más contundente.

Lejos de buscar los motivos que condujeron al lamentable deceso de esta pareja que se conoció cuando eran colegiales del Gimnasio Femenino y del Campestre de Bogotá, y de sus hijos, todos apreciados por la comunidad de Davidson, en Sídney, lo que queda es hacerle honor a su memoria. El director de St. Lucy’s Catholic School, Warren Hopley, le contó a Jet-set que María Claudia era una persona maravillosa y una gran voluntaria de su primaria. “Hacía muchas cosas por los niños, como enseñarles a nadar y a leer. Su ayuda era muy importante para los maestros de la escuela”, dijo.

Acerca de Fernando sabía muy poco, “realmente no lo veíamos mucho”. Ella había terminado recientemente estudios de enseñanza para avanzar mejor con la enfermedad de sus pequeños, y según le dijo al Sydney Morning Herald una amiga australiana, estaba muy entusiasmada porque había logrado un aumento en el seguro de discapacidad que tenían Elisa y Martín con el National Disability Insurance Scheme (Plan Nacional de Seguro de Incapacidad de Australia). “Cada vez que yo pasaba dificultades en la tarea de la maternidad, siempre recordaba a María Claudia porque era un ejemplo de cómo ser paciente y demostrar amor y respeto en cualquier situación”, recordó Lina Gómez en el Daily Mail Telegraph.

Ahora que no está ninguno de los dos, hay espacio para muchas conjeturas. Que ella quería volver a Colombia, que él no estaba mucho tiempo en la casa y pasaba por una crisis económica. Antes de regresar a Colombia con las cenizas de sus seres queridos, los familiares solo quisieron que las personas hagan conciencia sobre la presión social y financiera que tienen los padres con niños discapacitados.

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