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Tot, el grafitero de los gatos

Tot, el grafitero de los gatos

Revista Jet-set

Giovanny Sánchez, más conocido como “Tot”, se ha hecho un nombre en el arte colombiano con sus gatos que estampa en lienzos, murales, paredes callejeras y hasta en pasarelas de moda. Entre los coleccionistas de su obra están César Gaviria, Horacio Serpa y Pirry.
Sus gatos Math y Luka, madre e hijo, son sus compañeros de taller, y los protagonistas de sus cuadros. Foto: Camila Reina/14.
Por: Edición 2868/7/2014 00:00:00
Tiene 35 años, es hijo de un arquitecto y una diseñadora, y su incursión en la plástica se dio de manera natural. Aunque sus primeros trabajos estaban asociados al arte urbano, hoy se da el lujo de exhibir su obra en museos internacionales y galerías en Estados Unidos, Francia y España. Entre su clientela, además de marcas como Nokia y Nike, que lo llaman para que les diseñe sus tiendas y eventos, hay coleccionistas de arte como el expresidente César Gaviria y el senador Horacio Serpa que lo tienen entre sus artistas nacionales favoritos.

Tot empezó pintando en cuadernos hasta que a los 10 años se tomó las paredes de su vecindario con sus grafitis. Cuando aún estaba en el colegio, María Cristina Pignalosa, la crítica de arte de El Tiempo, escribió un artículo en el que ponderaba sus cualidades a pesar de su corta edad, y eso marcó su incipiente carrera. “Ahí supe que esto era una vocación y que era bueno en lo que hacía”, recuerda Tot. Con los años, llegó al Museo de Arte Moderno de Bogotá, y a galerías privadas que lo llamaban interesados en su trabajo.

Debajo de una lluvia de colores vibrantes, en sus cuadros se enmascaran gatos de muchas formas y razas, a veces disfrazados de roqueros o extraterrestres, como si fueran personajes de un cómic bailando en un lienzo. La obsesión por estos animales no es casual. Desde que tiene memoria, ha convivido con un felino. Hoy tiene cuatro, entre su estudio y su casa. Sin embargo, decidió adoptar “Tot” como nombre artístico, por un perro muy querido que marcó su infancia.

Su género es el pop. “Me marcó mucho lo que hacían Warhol o Basquiat. El grafiti ha sido una influencia muy grande en mi obra pero no la única”. Mientras muchos de sus trabajos surgen de un caballete, también lo llaman para que pinte murales en apartamentos o bares. Para Tot, no todo lo que se pinta en las calles es artístico. Algunos no son más que dibujos burdos, sin ningún tipo de valor estético. Sánchez sabe de lo que habla, porque detrás de sus trazos infantiles y a veces naif, hay un pintor con formación académica y estudios en artes plásticas que le han dado cimientos y arraigo a su propuesta. Reflexiona y dice que a veces hay muchachos que creen que simplemente por hacer algo parecido a un grafiti van a terminar exponiendo en galerías y ganando montones de dinero y eso no es así.

El dilema profesional que enfrentan pintores como Tot tiene dos lados totalmente opuestos: “Hay un sector del público culto, ortodoxo y demasiado formal, que sigue sin entender que a estas expresiones se les pueda llamar justamente ‘arte’. Y en el otro extremo hay un combo de muchachos que creen que todo lo que se raye con aerosol en una pared merece ser desmontado y llevado a un museo de arte moderno o una galería”.

Quiere irse un tiempo del país para beber de otras fuentes estéticas. Aunque no tiene nada seguro, sabe que sus gatos se van con él. Al fin y al cabo, son lo más seguro de su obra.
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